HISTÓRICAS     

   Don Florestán: el Vizconde de la Odontología

 

Biblioteca despacho de D Florestán, en el Palacio de Langoria, sede de la La Compañía Dental Española, el más importante depósito dental de la época, que fundó él.

 

Florestán Aguilar y Rodríguez, Vizconde de la Casa Aguilar, nació en la Habana, Cuba, en 1872. Tras finalizar sus primeros estudios, se trasladó a Filadelfia, donde, en el Dental College, obtuvo en 1889 su título de Doctor in Dental Surgery. En 1893, obtuvo el título vigente para ejercer la dentistería en España, el de Cirujano-dentista. Completó su formación académica en Santiago de Compostela, donde, en su Facultad de Medicina obtendría los títulos académicos de Licenciado y Doctor, en 1911 y 1914 respectivamente.

Tras este periodo en el extranjero, se mudó a Cádiz. En 1892 fundó la que fuera durante muchos años, la revista de referencia de la profesión dental española: La Odontología (1892-1936), que competía con Odontología Clínica.

Su actividad se dirigió fundamentalmente a dignificar al profesional de la Odontología desde el punto de vista académico e investigador. Reunió un excelente fondo bibliográfico sobre odontología, que la Biblioteca de Odontología alberga; e incluye entre sus fondos parte de su biblioteca personal y de su propio despacho.

Uno de los aspectos más interesantes de la biografía de Aguilar, es sin lugar a dudas, su estrecha relación con la Casa Real. Una vez terminados sus estudios, Florestán se estableció en Madrid, como ayudante del odontólogo norteamericano Dr. Highlands, que prestaba sus servicios en la Casa Real. Al estallar la guerra, éste se ausentó de España y le sustituyó el joven Aguilar, quien pronto fue muy apreciado en  Palacio por su competencia y características personales. No solamente atendió a la Casa Real española como Odontólogo, sino que también cuidó a la familia real de Austria y de Baviera y a la más rancia y representativa nobleza y aristocracia del país.

Gracias a esta estrecha relación que mantuvo con los monarcas, y más concretamente, gracias su buena relación con la reina María Cristina, se logró acelerar la llegada de la profesión dental a la universidad. En 1901, se creó el título de Odontólogo a sus instancias..

En 1927, el Rey Alfonso XIII lo nombró Secretario de la Junta Constructora de la Ciudad Universitaria. en la Moncloa. Esta iniciativa, movió a Aguilar a visitar instituciones similares en Europa y Norteamérica; logró  apoyos internacionales para llevar a cabo et proyecto.

Presidente de la Federación Dental Internacional desde 1926 a 1931, recibió además numerosas condecoraciones de distinta índole. Por todo ello, Aguilar fue merecedor del prestigioso Premio Miller, en 1931.

Publicó un sinfín de folletos y artículos en las principales revistas médicas españolas, francesas, inglesas, alemanas y americanas. Era un políglota y traductor concienzudo.

Florestán Aguilar ingresó en la Real Academia Nacional de Medicina. el 7 de junio de 1933. Ocupaba la vacante del Dr. Juan Cisneros y Sevillano y quedó adscrito a la sección de Cirugía y especialidades quirúrgicas.

Falleció en Madrid, el 28 de noviembre de 1941

 

Ingreso de Florestán Aguilar en la Real Academia Nacional de Medicina. (7-6-1933)

 

El discurso con el que Florestán comenzaba su breve andadura en la Academia fue Origen castellano del prognatismo en las dinastías que reinaron en Europa.

Dos años antes, en 1931, José Mayoral (cuya vida tan rica para la profesión transcurrió mayormente en Buenos Aires) en su ejercicio de reválida de odontólogo, había presentado un trabajo de contenido muy similar al de Aguilar Bajo el título  El prognatismo inferior en los reyes españoles de la Casa de Austria, Mayoral hizo aportes que precedieron a los empleados por Florestán Aguilar, quien no desconocía  este trabajo, ya que él mismo había formado parte del Tribunal que calificó a Mayoral.

Su entrada en la Academia, estuvo marcada por  un delicado estado de salud. En 1932 había sido operado de catarata en el ojo derecho por el doctor Poyales en París, y en 1933 fue intervenido en el ojo izquierdo por Ignacio Barraquer.

 

Análisis comparativo.

 

Dividir el texto de Aguilar en cuatro apartados, permitirá comparar, punto por punto, las partes más significativas de ambos discursos

 

1.    Anomalías. Dentomaxilares

 

Comienza Aguiar explicando las anomalías dentomaxilare; como José Mayoral4, cuyo trabajo tenía una introducción muy similar, pero quizá con un poco más de orden.

 

2. Prognatismo.

 

Da Aguilar algunas causas de prognatismo: accidental, asociado a alteraciones endocrinas o hereditario. En lo hereditario encontramos una coincidencia.

Don Florestán refuta la teoría de Galippe, según la cual, el prognatismo se asociaba indefectiblemente a una degeneración moral. Al Vizconde, dentista y miembro de la nobleza, no le causa ninguna gracia tal idea y la niega insistentemente y expone su experiencia personal para invalidarla:

Durante mi práctica de cuarenta años he visto muchos y he corregido, o modificado al menos, numerosos casos de prognatismo, y no recuerdo uno solo en que éste coincidiese con signos de neuropatías ni indicios de degeneración. Siempre se trató de individuos normales.

Obviamente, no le faltaba razón en su observación, pero, Mayoral ya la había mencionafo y, en una de sus conclusiones, fue rotundo:

El prognatismo inferior es una anomalía que nada influye en las cualidades intelectuales y morales de los individuos que la presentan. Los lamentables defectos sobre los que tanto insistió el Dr. Galippe en su libro, no están ligados al prognatismo; dependen del ejercicio de un poder ilimitado e irresponsable, en una familia que creyó que lo poseía como graciosa donación de la Divina Providencia

 

3. Consaguinidad.

 

Ambos autores trataron la influencia de la consaguinidad en la herencia del prognatismo. Aunque Aguilar lo expone  como una idea propia y novedosa:

En la genealogía egregia de España que venimos analizando, fueron varios los matrimonios consanguíneos; en mi concepto, sirvieron, sólo para dar fijación más indeleble a caracteres morfológicos ya existentes, pero no puede decirse que la consaguinidad fuese la causa determinante de la anomalía, que ya existía en los cónyuges antes de su enlace

Mayoral, por su parte, en 1931 había manifestado:

De 40 individuos de la familia, de los que tenemos datos suficientes, 33 tenían prognatismo (…) este deplorable resultado, se debe a los matrimonios entre consaguíneos de una familia en la que el prognatismo inferior y el linfatismo fueron factores hereditarios dominantes (…) la profilaxis del prognatismo de los Austrias españoles habría que establecerla de la siguiente forma:

Evitar los matrimonios entre prognáticos

Es decir, evitando las uniones entre prognáticos, que no entre consaguíneos.

 

4. Origen del prognatismo.

 

En el origen del prognatismo encontramos el aporte  original de Aguilar. Buscando al primer prognático responsable de la herencia centenaria, difiere de los  resultados de Mayoral.

Para Aguilar, el primer prognático del que se tiene constancia es el rey don Alfonso VIII, el Noble, el Bueno o el de Las Navas: El retrato de don Alfonso, muestra ale soberano con una exagerada prominencia mandibular, grueso labio inferior y largos incisivos inferiores que cubren los dientes superiores; no hay iconografía de sus inmediatos descendientes.

Don Alfonso VIII "el de Las Navas" de Castila

 

Para josé Mayoral la primera prognática habría sido Juana “la Loca”:

El prognatismo que se perpetúa en casi todas las dinastías europeas a partir del siglo XVI, es herencia de Dª Juana de Aragón y de Castilla, la Loca

 

IV.- La reacción de “Odontología Clínica.”

 

Como era de esperar, la revista antagónica a la de Aguilar, Odontología Clínica, criticó muy duramente el trabajo de Aguilar y se indignó ante la actitud del Vizconde, por no mencionar sobre el trabajo de Mayoral: Nos vemos obligados a reconocer que el D. Florestán. Aguilar no lo cita ni en el texto, ni en la bibliografía.

Por otro lado, también le restan valor al dato novedoso aportado por Aguilar, el del hallazgo del primer prognático:

Basta haber visitado una o dos veces el Museo del Prado, para saber que en los siglos XII y XIII no se pintaron retratos, o por lo menos no quedan huellas en los mejores museos, y que el retrato de Don Alfonso VIII que presenta el Sr. Aguilar, está hecho en el mejor de los casos, cuatro siglos después de morir el caudillo en Las Navas, quizá por un contemporáneo de Velázquez, adulador de Felipe IV, y sin valor iconográfico

 

Conclusiones.

1.- La entrada de F. Aguilar en la RANM no coincidió con su mejor momento intelectual debido a su débil estado de salud.

2.- Si bien no es una copia literal, es evidente la “fuente de inspiración” de su discurso: José Mayoral, con su trabajo para el grado de Odontólogo, “El prognatismo inferior en los reyes españoles de la Casa de Austria” publicado en la revista Odontología Clínica en 1931.

3.- El texto era bien conocido por Aguilar, ya que formó parte de su Tribunal.

4.- Consideramos que era éticamente imprescindible que Aguilar mencionara el trabajo de Mayoral.

Comentario de U. O.

Éste es el trabajo [algo resumido y aderezado] de las Dras. Andrea Santamaría Laorden (Licenciada en Odontología, U.C.M., Colaboradora honorífica, Departamento de Medicina Preventiva, Salud Pública e Historia de la Ciencia, U.C.M.) y María José Solera Piña (Licenciada en Odontología, U.C.M., Colaboradora honorífica, Departamento de Medicina Preventiva, Salud Pública e Historia de la Ciencia, U.C.M)

 

Nota: José Mayoral Herrero (1907-1999). Madrileño, médico, odontólogo en 1931. Formó parte de la Sanidad Republicana. En 1955 marchó a Argentina. Publicó, junto con su hermano Guillermo, un importante texto sobre Ortodoncia (1969).

                                                                                                                

Me parece que nos da buen pie para el  próximo artículo: No me vengan con historias.

 

No me vengan con historias

 

Lo que llamamos historia viene a ser sólo un fragmento deshilvanado y exangüe, pobre y descolorido de aquello que por un instante fue de alguna manera realidad. Hector Tizón (1929-2012): Sota de bastos, caballo de espadas, Centro Editor. Col. Capítulo

 

 

La narración del pasado, o historia, tiene  tanta o más filosofía que las cantadas caderas de Sofía y la “sofía” que es la Historia tiene a veces más de un púnto de vista.

Y también puede haber convergencias de pensamiento. En fin, que pudo haber coincidencias casuales, no malas intenciones en la historia de Don Florestán (tan poco “fidelio” él) y quizá debió dejar constancia de su cnocimiento del amigo de los odontólogos argentinos que fue el Dr. José Mayoral, también gran coleccionista de soldaditos de plomo.

[Véase el artículo sobre el Vizconde de la Odontología]

Además de las incertidumbres que va sembrando el tiempo y la falta o el exceso de documentos, por ahí andan los pensadores preguntándose

¿Cuál es el sujeto propio del estudio del pasado humano?

¿Es el individuo?

¿Son las organizaciones sociales, la cultura, o acaso la especie humana por entero, con todo cuanto esté vinculado a ella?

El lector de Universo Odontológico podrá preguntarse si existe un propósito en este artículo; como los filósofos de la historia especulan si  existe un  propósito, un principio director o una finalidad en la historia.

Sí, contesto que más de uno, además de ññamar la atención sobre el discutido diuscurso de Don Florestán, Pero confío plenamente en los lectores de U.O. para descifrarlos además de ilustrarse, que nunca está de más en un universitario. Comencemos deconstruyendo con Tizón.

 

Lo que llamamos historia viene a ser sólo un fragmento deshulvanado y exangüe, pobre y descolorido de aquello que por un instante fue de alguna manera realidad. Los poetas definen más a mi gusto, el factor que más ha convulsionado esta filosofía, que es el de los pensamientos, acciones, relaciones y motivaciones de aquel individuo que escribe la historia, esto es, del historiador.

«Solía decirse que los hechos hablan por sí solos. Es falso, por supuesto. Los hechos sólo hablan cuando el historiador apela a ellos: él decide a qué hechos se da paso, y en qué orden y contexto hacerlo». Edward Hallett Carr ¿Qué es la historia? - Editorial Seix Barral, S.A., Barcelona 1965 - 3ª ed., Pág. 15

Etimología.-

Si comenzamos por el principio, iστορ (histor) es quien atestigua o sabe algo, de modo que puede juzgar y aclarar lo ocurrido. Provenría de una raíz indoeuropea común que dio saber, ver y también nuestro sufijo –oide. Ιστορεω es el verbo que ha pasado a la mayoría de las lenguas occidentales a partir del latín historiae.

Filosofía de la historia.-

Nació en el s. XVIII, tradicionalmente, conVoltaire. quien entendía por ella una disciplina que trata de explicar los acontecimientos pasados según principios racionales, de modo que "la luz" de la razón elimine todo lod fanatismo y las supersticiones irracionales.

El historiador, tendrá, quiera o no quiera, una determinada perspectiva filosófica que siempre está actuando. Habrá, así, historiadores idealistas y materialistas, hegelianos y marxistas, positivistas y hermenéuticos, etc.

Todo comenzó cuando los filósofos sintieron la necesidad de reflexionar sobre la historia:

sobre su naturaleza:

si podemos llamarla ciencia, es decir, si es susceptible de plantear problemas capaces de ser resueltos.

sobre su objeto:

si son las acciones pasadas de los hombres o, con Hegel, entendida como una historia global o universal.

sobre su método:

es la interpretación de los testimonios, es el conocimiento que se transmite mediante investigación, el interrogatorio de un testigo ocular y otros recursos.

sobre cuál sería su valor y sentido:

si el saber histórico, el estudio de nuestras obras, nos permite conocer mejor al ser humano, o no.

Historia científica.-

 La historia puede ser definida como la ciencia del cambio en el tiempo. La científica nació en el Renacimiento: cuando la historia abarca todos los cambios del pasado, se convierte en ciencia, en el conocimiento o estudio de lo acontecido. Es historiografía, con sus problemas de tipo epistemológico, como sería aclarar si la historia es un conocimiento inmediato o no.

En la modernidad, filósofos como Edward Hallett Carr (citado más arriba) defienden la rigurosidad del método científico al servicio de la historia, de la mano de las llamadas ciencias auxiliares de la historia (como la arqueología, la epigrafía, la cronología, etc.). Pero reconocen también que la historia debe ser analizada dentro de una compleja totalidad, que no es, desde luego, una porción congelada del tiempo en el pasado, sino un movimiento continuo que se extiende hasta el presente, englobando al propio historiador y obligándolo a observarse a sí mismo y asumir que necesariamente influirá, más allá de su deseo, en la reproducción de la historia.

 

El principio de razón suficiente.-

 

Con diversas variantes, este concepto aparece en el pensamiento de los que piensan y en el de los que no piensan. Para mí, es paradigmático de los niveles que puede alcanzar la estupidez humana (sin creerme excluido).

Leibniz acuñó el principio de razón suficiente, que proclama que todo lo que ocurre lo hace por una razón específica. Por tanto, lo que el hombre ve como mal (guerra, enfermedad, desastres naturales) es sólo un efecto de su percepción. Si se adopta el punto de vista de Dios, esos malos acontecimientos forman parte de un plan divino más amplio.

El principio de razón suficiente de Leibniz quizá no sea el gesto de fatalismo que parece ser y que era como lo vivía el Cándido de Voltaire, pero le anda cerca. Como el senador republicano que en octubre pasado declaró que la violación y el embarazo siguiente están dentro del plan de Dios. Y es mucho lo que se me ocurre para decirle, pero lo dejo ahí, sobre todo para nuestras lectores.

Lejos de tal plan está el pensamiento de Kant, quien cree en la la liberación del hombre en el transcurso de la historia y la concibe como alcanzable sólo con un gesto (Sapere Aude!, “Atrévete a saber”), que la autonomía reside en el valor y la determinación individual para pensar sin ser dirigido por otro, ni terrenal ni divino.

 

El culto del héroe.-

 

La Escuela de Lucien Febvre y Marc Bloch, fue uno de los pasos fundamentales en el abandono de la historia centrada en los sujetos individuales (Napoleón, Alejandro, Julio César, etc) para concentrarse en la geografía, economía, demografía y otras fuerzas sociales. Responden a este criterio, p ej, una obra de Fernand Braudel sobre el Mediterráneo entendido como el verdadero héroe de la historia, o la historia del clima de Le Roy Ladurie, etc.

 

El vencedor escribe la historia ¿Siempre?

 

Quiizá. Se suele argumentar que los vencedores de una lucha social (el conflicto puede basarse en cualquier elemento social: lucha racial, nacional o de clases) usa su predominio para suprimir la versión de los hechos históricos de sus derrotados adversarios a favor de su propia propaganda, lo que puede llevar al revisionismo histórico.

Un ejemplo clásico de la historia escrita por los vencedores es la información que tenemos según la versión europea de la conquista de América, pero no la de los nativos.

En nuestropequeño mundo odontológico, ¿cree el lector acasoque alguien escribirá la verdadera historia de la evolución de las instituciones, de antagonismos entre CAO y AOA, entre peronistas y copnservadores, entre científicosa y prácticos?

Acá no corresponde  ir más lejos o más adentro. Me basta con reconocer dos puntos y que a partir de ellos – con la ayuda de la síntesis previa – elabore cada uno lo que mejor le parezca, a lo Tizón. Son:

El hombre es un ser histórico no estático.

Se está haciendo constantemente a sí mismo

                                                                  H.M.

                    

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