HISTÓRICAS     

                 

 

 

                          Historia del dentífrico

Cuando el muchacho de las cavernas sentía que un trozo de carne de gliptodonte le había quedado atrapado en el espacio interdental, después de succionar un rato inútilmente, acudía a una espina de ictiosauro,  no uno de los grandes, de 16 m, sino alguno de apenas 1 m, de los que paseaban los mares entre 240 y 90 millones de años atrás. Tenían dientes largos y afilados: comían toda clase de pescados, crustáceos y moluscos, pero sus “espinitas” eran un poco incómodas de manejar (sobre todo porque eran reptiles nadadores).

Ictiosauro

De modo que alguna ramita masticada habrá sido mejor sustituto,. mientras esperaban que hacia unos 4000 años antes de Cristo a los egipcios se les ocurriera una pasta que, si bien no tenía uñas de murciélago [no había brujas todavía], podía tener revueltas cenizas de pezuñas de bueyes, mirra, cáscaras de huevos quemadas y pulverizadas, y, por si no bastaba para gastar bien los dientes, le agregaban un poco de polvo de pómez. Se frotaban con los dedos – que les deben haber quedado mochos con tal mixtura.

 

También los egipcios habrían usado los dedos. La ramita limpiadora [ver U. O., Históricas] favorecida en Oriente no tuvo igual éxito por estos lados del poniente. Las pastas dentífricas nos pertenecen, sin olvidar que los romanos consideraban preventivo el uso de orina para limpiarse los dientes. De las variadas mezclas que utilizaron sólo se puede decir que dejaron volar la imaginación y que hasta el fin de nuestro primer milenio no hubo grandes novedades. Los persas, hacia el 100º dC, aconsejaban cuidarse de las combinaciones demasiados abrasivas, aunque no sé si una fórmula que usaban respondería a ese deseo: cuernos quemados de ciervos, conchas quemadas de caracoles y ostras y yeso quemado. O las que incluían espinas secas pulverizadas, hierbas, miel y minerales, o la costra verde de algunos metales, incienso, pómez y miel.

Las fórmulas variaron con los siglos, pero salvo el desgaste de los dientes que ocasionaban las más abrasivas, lo mejor fue cepillarse bien y sin agregados. Hoy se pueden obtener algunos beneficios con los agregados que fueron haciendo los distintos fabricantes, algunos basados sobre los progresos científicos, como los beneficios del flúor o del xilitol. NMD Tooth JukeboxMuseo Nacional de Odontología Dr. Samuel D. Harris, USA

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