HISTÓRICAS     

                 

 

             El caduceo y la serpiente...

Allá por el siglo XIX, un editor de libros médicos incluyó notoriamente en sus textos la imagen del caduceo y sería desde entonces que se asoció al caduceo con la medicina, en sus dos variantes de una o dos serpientes. Lo había comenzado a utilizar en su escudo nobiliario un médico de Enrique VIII (pintado por Hans Holbein – ver Fig), llamado William Butts, y siglos más adelante lo adoptó la Editorial Médica J. S. M. Churchill. Pronto lo adoptó la Marina de los EE.UU, para su cuerpo médico, y en 1902 lo mismo hizo el Ejército. Actualmente sirve de emblema del cuerpo médico del ejército en Gran Bretaña, Alemania, Suecia, Francia, México y Filipinas. En 1912, la American Medical Association lo adoptó como emblema oficial. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo usa desde su fundación, en 1947.

El caduceo era un símbolo de Hermes, o Mercurio, el dios mensajero  de los dioses, el que guía a los muertos hacia el submundo y está vinculado a la riqueza, el comercio y, evidentemente, a los ladrones. La palabra caduceo deriva del griego kadux que significa heraldo o mensajero. La vara ha sido considerada mágica, báculo, cayado y aun símbolo fálico. Derivaría del árbol de la vida.

Cuando la serpiente es una sola y la vara es una rama de ciprés, también de olivo, recibe el nombre de vara de Esculapio y la prefieren algunos como símbolo por no estar asociada con dios tan pícaro y representar al padre mitológico de la medicina. Apareció en tiempos de Homero. Esculapio (Asklepios, para los griegos, y para los romanos Aesculapius) era hijo de Apolo y de la hija de Flegias, rey de Tesalia, llamada Coronis, quien lo engañó con un mortal, hijo de Eratos. Por ello, Apolo, envió a Hermes a rescatar a su hijo del cuerpo de ella cuando yacía en la pira funeraria y lo dejó abandonado en el Monte Titón, donde fue amamantado por una cabra. Un pastor lo encontró y lo entregó al sabio centauro Girón, quien lo cuidó y le enseñó medicina. Dicen que Esculapio existió realmente en Tesalia, y era un médico de gran fama. Después de su muerte fue deificado y entonces empezaron las leyendas.

Las serpientes corresponden al género Coluber longissimus, de color amarillo y negro y de uno a dos metros de largo. En un tiempo estaban representadas por hebras de lana, cintas de tela y, finalmente, por estos ofidios que figuran entre los símbolos destacados elegidos por casi todas las religiones existentes y desaparecidas. Con mayor o menor riqueza, el bastón adquirió puño y dos alas (sugerentes de Mercurio, el alado mensajero que las luce en sus talones). (Ver figs.)

  

Caduceus Caduceus  Claudia von Aponte : Rod of Asclepius (gemstones)

Hay varias explicaciones de por qué la serpiente figura enroscada a la vara de Esculapio y casi todas se remontan a los tiempos más antiguos, anteriores a los griegos. Quizá influyó su aparente capacidad de regeneración e inmortalidad en el instante en que deja su piel vieja y asoma con la nueva. Cuando forma un ocho acostado, con la boca en la cola, representa el infinito, y con un simple círculo representa la totalidad de la existencia. Se la asocia así al renacimiento, en tanto la vara de ciprés vale como fuerza y poderío. Su asociación es positiva, señal de sabiduría, sanación y trascendencia. Como tal, fue adoptado como emblema por el gnosticismo.

Si se quiere mirar la serpiente desde la biología, se diría que en su rumbo ascendente se transforma filogenéticamente en pájaro, que habría de terminar en mamífero, con el hombre al tope y, según la religión, termina como un ser espiritual. Desde el mismo punto de vista, otros han dicho que las dos serpientes representan la glándula pineal y la hipófisis (que desenroscadas semejaría un ofidio); la vara es la columna vertebral; el puño es el cráneo y las alas los dos hemisferios del cerebro.

Imagine el lector lo que guste o vuelva los ojos al Antiguo Testamento, donde hallará la transformación de una vara en serpiente:

Y el Señor le dijo: ¿Qué tienes en la mano? Y Él dijo, Arrójala al piso. Y él la arrojó al piso y se convirtió en una serpiente, y Moisés huyó de ella. Y el Señor dijo a Moisés, Extiende la mano y tómala por la cola. Y él extendió la mano y la tomó y se convirtió en vara en su mano. (Exodus 4:2-4)

Y el Señor dijo a Moisés, Hazte una fiera serpiente y ponla en una vara: y sucederá que cada uno que sea mordido [por una], cuando mire eso, vivirá. (Números 21:8)

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