HISTÓRICAS     

 El bichito del buen señor

 

La historia nos puede dar sorpresas, como revelarnos que ya los antiguos romanos suponían que animalitos minúsculos podían ser los responsables de las enfermedades y de esparcirlas. Ignorar la historia al emprender una investigación es cometer un tremendo error y la posibilidad de pasar por alto aspectos esenciales de la biología ya pensados. En las controversias del pasado puede hoy tener razón quien fue derrotado ayer.

En 1842, el curujano escocés John Goodsir (Buenseñor) fue el primero en reconocer y curar una infección bacteriana, casi 20 años antes que Louis Pasteur. Pero perdió la batalla con sus contemporáneos porque no tuvo la capacidad de mercadeo y mediatización que caracterizaron al francés.

Esto es lo que afirma Milton Wainwright, según John Whitfield (Nature, 2003), como pasó con Benjamin Jesty, granjero inglés, quien precedió a Edward Jenner por más de 20 años, cuando usó pus de las llagas de las ubres vacunas con su forma de viruela para vacunar a su familia contra la viruela humana en 1774.

Es que por el s. XVIII ya la teoría de los gérmenes había entrado en la cultura, Pierre Fauchard conocía las observaciones de Leeuwenhoek y lavarse las manos pasaría a ser una norma. En Inglaterra, una pieza teatral de 1798 hacía burla de esas ideas y de los cirujanos que creían que “entes pisciformes navegaban la sangre para causar enfermedades”. Y lo mismo, a favor y en contra, sucedía en toda Europa.

Dice Wainwright que el “buenseñor”, cirujano de la universidad de Edimburgo, fue el primero que intentó matar las bacterias. El escocés administró antisépticos (hiposulfito de sodio y ácido carbólico diluido) a un niño enfermo cuando en el microscopio vio en el vómito  unos pequeños organismos a los que denominó Sarcina Goodsir y hoy son conocidos como S. ventriculi. La infección desapareció.

Goodsir publicó sus resultados en el Edinburgh Medical and Surgical Journal, y lo mismo hicieron otros patólogos británicos que reconocieron el papel de los microbios en las enfermedades. Sólo el hábil Pasteur logró popularizar el nexo entre los gérmenes y las enfermedades. En realidad, además de la divulgación, lo que hizo Pasteur fue proporcionar la primera demostración científica de que las bacterias eran el origen de la infección e imaginó maneras de prevenir esas enfermedades.

Por su parte, el “buen señor” fue responsable de la popularidad del ácido carbólico, de amplio uso en el siglo XIX para tratar enfermedades -cólera incluido- y se lo asoció a la limpieza. Hasta es probable que hubiera otros médicos que trataron la infección microbiana como tal, aun cuando sus nombres no hayan quedado registrados

 

 

                                             Horacio Martínez

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