HISTÓRICAS     

                 

 

             Sentando las bases (posaderas)

Las maneras de ubicarse dentistas y pacientes variaron mucho desde las primeras actividades desarrolladas en la cavidad bucal. Hasta a caballo hemos atendido y algunos pacientes creyeron que el dentista era un caballo. Hasta el siglo XVIII, los pacientes no conocieron más que una silla más o menos lujosa o aun se sentaron en el suelo, con su cabeza entre las piernas del “operador de los dientes” que así lo sujetaba mejor, para que no se le escapara.  

                   

Los peluqueros se preocuparon un poco más por la comodidad de sus clientes (“marketing”, que le dicen) y los dentistas aprovecharon sus dispositivos depositadores de humanidades. Se trataba de sillas de madera, sin apoyacabezas pero sí con apoyabrazos, para que los pacientes se asieran mejor cuando el dolor arreciaba.

El primer paso de progreso fue el agregar un apoyo para la cabeza a un sillón corriente, al que Josiah Flagg, en 1790, lo acolchó, como puede verse en algunos museos. [¿Conocen el excelente museo dental de Buenos Aires, a cargo del Prof. Dr.  Orestes Walter Siutti? Está en la FOUBA, primer piso. ¡Vale la pena!]

                                 

En 1832, James Snell inventó el primer sillón que se  reclinaba. En 1848, Waldo Hanchett patentó otro sillón dental, como si fuera el primero. Lo que progresaba era la elegancia de los materiales y las formas, más apropiadas para pacientes pudientes. Hacia 1855, los sillones dentales se acomplejaron (sin Freud) y en 1870 el hierro reemplazó a la madera y ahí llegó el sillón Wilkerson, el primero hidráulico (1877), creado por Basil Manly Wilkerson (1842-1910), quien para nuestro asombro inventó la primera turbina movida por aire. Se vendía a u$s 175. 

                                      

En 1886, fue modificado y se llamó "Latest Improved Wilkerson" (ver fig). Tenía tres alturas y cuatro patas, hasta el modelo siguiente que ya tuvo amplia base redonda. Además, el cilindro central, pistón que permitía los movimientos verticales, y requería ser depositado en una depresión en el piso.

                             Horacio Martínez

 

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