HISTÓRICAS     

                                                                                                 

                                             EL DIENTE AUGUSTO

En la rica literatura francesa hay material suficiente como para tener una visión histórica de la odontología. Por ejemplo, en el campo de las prótesis  podemos remontarnos a comienzos del siglo XVII, cuando Artus D’Embry escribió un curioso libro (Description de l’Isle des Hermaphrodites) donde describió satíricamente el arreglo matutino de uno de los afeminados cortesanos de Henri III. Dice que uno de sus valets, como parte del tocado, puesto de rodillas le tomaba el mentón delicadamente, le frotaba las encías con un polvo blanco y, tomando unos dientes artificiales de la cajita donde se guardaban, se los unía a los remanentes mediante un hilo de oro, allí donde hubiera un espacio.

Gustave Flaubert  (Dictionnaire des idées recues) definió las dentaduras postizas (râteliers) como “tercera dentición: póngase cuidado de no tragárselas al dormir”.  Guillaume Apollinaire afirmó (Paris Journal, 4-7-1914) que la odontología era el arte más reciente y quizás el más útil de todos.

Trasladándonos a los tiempos de los implantes, podemos remitirnos a la versión corrosiva del negro humor de Joris-Karl Huysmans  (À rebours) cuando describe una clase muy particular de implantes: “la mujer bulldog estaba ante él, lamentable y grotesca, llorando lágrimas calientes, y diciendo que había perdido los dientes en una fuga; sacó del bolsillo de su delantal unas pipas de barro blanco, las partió y se incrustó los trozos de pasta blanca en los huecos de las encías.”

 

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