HISTÓRICAS     

  Antes del CD

El CD (Cirujano Dentista) nació, como ya vimos, con el edicto real francés de 1699 y se consolidó como tal con el libro de Pierre Fauchard. Nuestro “Padre” escribió que en tiempos pasados distintos artesanos, sobre todo rurales, se habían dedicado a extraer dientes con instrumentos de su invención con los experimentaban sobre los desdichados que acudían a ellos. Antes, médicos y cirujanos consideraban que la exodoncia pertenecía a un campo ajeno. Los instrumentos existentes ni siquiera fueron descritos en los libros anteriores a los siglos XVII y XVIII.

No es que en la remota antigüedad se desconociera todo eso, sino que faltaba mucho para los primeros asomos de espíritu un poco más científico En el siglo XIV, en Francia, el renombrado cirujano Guy de Chauliac (1300-1368), escribió extensamente sobre los problemas dentarios en su obra Chirurgia magna, publicada 110 años después de su muerte y quizá inspiró a Fauchard al decir que la práctica de la cirugía dental constituye una especialidad, que los médicos abandonaron a los barberos. El famosísimo médico Ambroise Paré (1510-1590) se inició en una barbería e hizo méritos como para ser llamado padre adoptivo de nuestra profesión. Suavizó las agresivas prácticas médicas en el tratamiento de las heridas y aplicó el mismo criterio a la cirugía dental: “La extracción de un diente no debe ser realizada con demasiada violencia,” aconsejó, “pues se arriesga producir la luxación de la mandíbula [...], sin olvidar las consecuencias posibles de fiebre, apostemas, hemorragias abundantes y aun la muerte.”

En el siglo XV, Giovanni D’Arcoli, médico y cirujano italiano, menciona como dato público el relleno de las cavidades dentarias con fino oro en hoja; también recomendaba no tener sexo ni bañarse inmediatamente después de comer, para evitar las caries. Debe de ser por desobedecer uno de los dos consejos que había tantas extracciones. Un colega y connacional y tocayo y contemporáneo detalló más cómo debían limpiarse las cavidades y para el caso de llegar al “nervio” sugirió el uso de arsénico, para que no doliera.

Fallopio, discípulo del gran Vesalio (1514-1564), investigó la cavidad bucal y describió el desarrollo de los dientes por primera vez. También fue el primero en describir otra cavidad, femenina, detallar las trompas que recibirían su nombre y crear las inexistentes palabras vagina y clítoris. Otro “denominador” muy recordado fue Teofrasto Bombasto von Hohenheim, mencionado hoy como Paracelso, quien puso nombre al Zahnstein o cálculo dentario, conocido por el público como sarro y que él llamo tártaro, simplemente porque así denominaban a las concreciones de minerales acumulados en los barriles de vino. Lo cual nos recuerda que los autores más antiguos recomendaban vino, solo o con agregados, para los padecimientos dentarios.

                                           Horacio Martínez

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