HISTÓRICAS     

  Alimento de gusanos

No es que nos alimentemos de gusanos (escargots), sino 

que ellos se alimentan de nosotros... tarde o temprano. 

Más que un pensamiento de sabor shakesperiano,* éste es el   

concepto que rigió la odontología de hace ya un tiempo, 

concretamente, desde 

un babilonio (que no frecuentó la corte del faraón**).

Escribió éste que el Gusano se presentó en queja ante el 

dios del sol y, llorando, le reclamó que le diera un alimento 

como a los demás seres. Y cuenta que, habiéndole ofrecido 

deliciosos frutos, el Gusano prefirió habitar en dientes y encías 

y alimentarse de ellos. Lo cual le fue concedido. Como todos 

sabemos.

Esta particular apetencia alimentaria fue confirmada en los 

siglos IX a XI por afamados médicos árabes, como Razes 

(Mohammed ibn Zakanja al Razi), quien propuso 

fumigaciones que desalentaran y desalojaran los gusanos,  

y como Avicena (Abu Ali Hossein ibn Sina), quien fue un 

poco más drástico y sugirió que se aplicara un hierro al rojo 

a la cavidad del diente dolorido. No se sabe si alguna vez 

tuvieron que aplicarle a él este remedio. Pero así respaldado, 

el Gusano entró en la sabiduría (?) popular. ¿Por qué no, si 

Aristóteles y Descartes, nada menos, aceptaban que podían 

formarse espontáneamente seres vivos en nosotros mismos? 

Es más fácil visualizar esto que los “gusanitos” que habría 

de revelar Leeuwenhoek. Y es más fácil entenderlo habida 

cuenta de los Gusanos totales que andan sueltos, como diría 

mi tía Benita, la deslenguada, a quien por cierto le sobraba 

lengua.

Así nació un remedio muy eficaz, que fue llevar consigo 

como en un relicario una oración de este tenor: “San Pedro 

se sentó sobre un bloque de mármol; sufría de un gran dolor 

de dientes; el Señor le dijo estas palabras: ‘gusanito, no 

hagas sufrir más así, que quienes reciten estas palabras no 

sufrirán más de los dientes, ni de los molares.’ Amén.”

Después del descubridor del microscopio tampoco 

desaparecieron los gusanos, sólo se les redujo el tamaño, 

de ser gordezuelos y lindos a simple vista pasaron a ser 

unos míseros microscópicos gusanillos. Y seguían vivitos 

y coleando en el s. XVIII, cuando prácticamente el único 

que puso en duda su origen e influencia fue mi buen amigo 

Pierre Fauchard, quien no creía en su acción carcomedora. 

A lo sumo se agregaban a una situación que reconocía otras 

causas.

No es de extrañarse de tal creencia, pues hasta el autor inglés en quien se inspiró la Ilustración francesa, Robert James, en su “Diccionario de Medicina” (1743) afirmó que en las cavidades dentarias la “putrefacción engendra habitualmente gusanos” y años más tarde, en 1778, Jourdain (Anselme Louis Bernard Bréchillet, el del primer texto de cirugía bucal). contaba, muy serio, la siguiente anécdota: “Una viejecita, empujada por la violencia del dolor, se atrevió a meterse miel en la boca y con la lengua la insinuó dentro de las cavidades de sus dientes ruinosos. Una hora después, el dolor calmó y ella sintió en la lengua una corrosión insoportable. Creyendo que tenía algún humor dañoso, se llevó la mano para ra aliviarlo y se encontró cinco gusanos bien móviles.”

*Soneto 71: Avisad al mundo que he huido de esta vil morada para 

cohabitar con los más viles gusanos…

Soneto 06: …...eres demasiado hermosa para ser conquistada por la 

muerte y que los gusanos te hereden…

Hamlet: Acto V, escena I

Hamlet: Y ahora la cabeza de esa pobre persona se ha convertido en nada 

más que obstáculo en el paso de la pala del enterrador, comida por los 

gusanos 1er enterrador: [canta.] Ooh, los gusanos se arrastran adentro, 

los gusanos se arrastran afuera, los gusanos juegan a los naipes en el hocico 

Hamlet: Acto IV, escena III

Rey: Bien, Hamlet, ¿dónde está Polonio?
Hamlet:. En la cena
Rey:¿Cena? ¿Dónde?
Hamlet: Bueno, no es él quien come. Está siendo comido. Por los gusanos, ve usted. Cómico: nadie come gusanos, pero cuando morimos, los gusanos nos comen. ¿No es irónico? A los gusanos no les importa si uno es rey o mendigo. Se lo comen del mismo modo.

** Son las mujeres de Babilonia / Las más ardientes que el amor crea.... /  Cuando suspiran voluptuosas / El babilonio muere de amor, / Y cuando cantan ponen sus besos / En cada nota de su canción:/ ¡Ay, Ba! ... ¡Ay, Ba! ... / Ay, babilonio que marea ... / ¡Ay, Ba! ... ¡Ay, Ba! ... / Ay, vámonos pronto a Judea! / ¡Ay, Ba! ... ¡Ay, Ba! .. ¡Ay, vámonos allá!

                              Horacio Martínez

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