HISTÓRICAS     

                 Medievales I

 

Es un sentir generalizado que la Edad Media fue una época de oscuridad e ignorancia. No fue así. En odontología tampoco. De algún modo, se estaban dando los pasos necesarios para los tiempos modernos inaugurados por Pierre Fauchard.

A mediados del s XIV, Guy de Chauliac (1300-1368)  escribió su enorme texto de cirugía " Chirurgia magna." Incluyó en él capítulos sobre las enfermedades dentarias que no parecen ser el fruto de la experiencia, sino más bien de las lecturas de los clásicos y contiene ideas prácticas valiosas hasta adentrado el siglo.

Para la preservación, ya sugería no ingerir comidas muy calientes o muy frías; sobre todo, no alternarlas inmediatamente, no morder objetos duros, no comer dulces, en especial los pegajosos. Los dientes debían ser limpiados con frecuencia, sin violencia. Con esto,  Guy de Chauiiac se basaba en la tradición de la cirugía.

Chauliac reconoció a los dentistas como especialistas, más que meros sacamuelas, capaces de emplear en su tarea instrumentos, mucho más complejos que cuanto se supone para ese período. De hecho, Guy de Chauliac confesó que tocaba este tema para dejar completo el contenido de la cirugía y no porque tuviera nada personal que agregar.

Anotó que las operaciones en los dientes son especiales y que corresponden a los dentatores, o dentistas. Pero la cirugía bucal debe ser realizada bajo la dirección de un médico, quien juzgará la prudencia o necesidad [los médicos no hacían cirugía ninguna –tarea menor]. Y enuncia en breves capítulos los principios generales que regirán esto.

Los médicos deberán conocer los varios métodos de tratamiento de la boca, incluidos buches, gárgaras, masticatorios, ungüentos, fumigaciones, cauterizaciones, empastes y maniobras, con limado de espacios interdentarios cuando las caries propicien la retención de alimentos en ellos. El dentator debe estar provisto de los instrumentos apropiados, raspadores, espátulas diversas, elevadores, y varios más, contando esealpelos, trépanos y limas.

Su tratamiento favorito para las heridas era el vino y reconocía el éxito cuando cicatrizaba por primera intención. Por lo tanto, no es de sorprenderse porque recomendara enjuagarse la boca con vino: consideraba muy beneficiosa una cocción de menta salvaje y pimienta en vino, aunque también aconsejaba dentífricos, en polvo (que consideraba más eficaces) o líquidos.

Su receta preferida para esos polvos: partes iguales de hueso de jibia, conchillas blancas de mar,  pómez, cuerno quemado de ciervo, nitre, alumbre, sal de roca, raíces quemadas de lirio, aristoloquia y algas.

Su dentífrico líquido contenía: media libra de sal amoniacal y de sal de roca y un cuarto de libra de alumbre; pulverizado y disuelto. Se frotan los dientes con una tela escarlata (?)embebida en esto.

Cuando esto no lograba impedir la formación de tártaro, recomendaba el uso de raspadores y otros instrumentos.

Chauliac no confiaba en los antiguos consejos para evitar extracciones de los dientes por medios que provocaran su desprendimiento, pues les vio servir para nada. Si bien se deben evitar las extracciones en todo lo posible, llegado el caso se debe acudir al instrumental quirúrgico apropiado (el de la época, que ya vimos.

Para dientes flojos, recomendó ligarlos a los vecinos con hilos de oro. Para los perdidos, sugería dientes pótesis con dientes naturales o bovinos, ligados a los remanentes. No se extiende demasiado en el tema protético.

 

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