HISTÓRICAS     

  Dentistas actores III: Gilles Barry y los Toscanos

 

Decíamos en enero que el sacamuelas Contugi había perseguido a su colega Gilles Barry, personaje sumamente pintoresco, por vender el orvietan sin su permiso. No sé qué tiempo le quedaba al pobre Barry para hacerlo, entre el ejercicio de su actividad, el teatro y la infinidad de hijas que concibió.

Esto consta en la Histoire du fameux Barry (1704), atribuida a una de sus retoños, que lo retrató así: hombre grande, de muy buena estampa, larga barba negra, túnica de satín negro y portador de una medalla de oro, obsequio del Papa.

Erigió su teatro en Dijon, en 1642, con un permiso no habitual de las autoridades en mérito a las cartas de recomendación y al gran elenco que llevaba, en el cual había varias notorias bellezas italianas e inglesas.

Cuando una de sus amantes, celosa, quiso envenenarlo, lo salvó de la muerte su asistente marroquí que le alcanzó el antídoto (¿orvietan?) a tiempo. Formaba parte de la troupe artística y dental un Gilles que estaba a cargo de formularle preguntas inocentes preparadas.

Toscanos hubo muchos, los que contaron con la autorización obtenida por Joseph (Chapeau d’or. † 1716) para vender el bendito inútil orvietan (Lettre Patente, o documento oficial de Luis XIV: 21 diciembre 1685). Aunque itinerantes, montaban su espectáculo en el Pont-Neuf o en plazas públicas. Allí conseguían atraer y entretener honestamente a su público y seducirlo para ser aceptados como operadores de los dientes.

Un hijo de Joseph bailó en la Comédie Française y dejó París en 1697, cuando cerraron el teatro en su primitiva ubicación, antes de reinstalarlo junto a donde ejercería Pierre Fauchard, rue des Fossées (hoy, de la Ancienne Comédie). Cuando volvió, a falta de éxito en la danza, se dedicó a la profesión de operador. Lo sucedieron sus hijos Paul y Grégoire, quien obtuvo el permiso para montar un teatro y, como otro Toscano, Algaron, fue a la vez actor y operador ambulante. Y hubo más Toscanos. De los que dispensamos a Vuesas Señorías, queridos lectores.

 

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