HISTÓRICAS     

    

La historia, ¿sirve para algo?

             y

La utilidad de lo inútil

     El estudio de la historia es el mejor remedio para la  mente enferma; pues en la historia hay un registro de la infinita variedad de la experiencia humana  puesta con claridad ante la vista de todos; yen ese  registro uno puede encontrar para íí mismo y para su país ejemplos y a la vez advertencias;hechos dignos como modelos, hechos ruines aevitar."Tito Livio (59 a. C. – ibídem, 17 d. C.), famoso historiador romano).

Si dejamos que nos roben el legado de nuestros antepasados y que se mutile el conocimiento, avisaOrdine, no es que dejemos de ser personas cultivadas: es que las generaciones futuras dejarán de ser personas en sentido estricto. (La utilidad de lo inútil)

 

 

¿Para qué me sirve, junto al sillón, la sección HISTÓRICAS de U. O.?

Es más, podemos volver a una pregunta más simple, nada pueril, que el niño le hizo a su padre historiador, “¿Qué uso tiene la historia?” A contestarle a esa personita están dedicadas las líneas que siguen, escritas por alguien que solía odiar Historia en el colegio.

O pensar en el libro de un filósofo italiano: La utilidad de lo inútil.

 

Una autora escribió que es frecuente que a los historiadores se les pregunte para qué sirve conocer la Historia. ¿A quién le importa lo que pasó hace largo tiempo? (Penelope J. Corfield)

Su respuesta es que somos historia. Nacemos como variante personal de una matriz genética heredada, llamada “genoma,” que es producto de la evolución todo a lo largo de la vida entera de la especie humana. Usamos tecnología que no inventamos.

  

[A Herodoto, conocido como Padre de la Historia, también le han dicho Padre de las Mentiras, http://www.bibledudes.com/images/other/herodotus_1_right.gifporque registraba todo cuanto oía sin criterio selectivo]

 

La Historia de la Odontología se inicia en  tiempos muy anteriores al primer torno, la primera obturación, o cualquier otra técnica o dispositivo registrados en papeles con letras. La arqueología odontológica está desenterrando la información no escrita ¿Acaso alguien consignó el instante en que, con una espina, una púa o algún otro recurso, un remoto antecesor nuestro  se quitó el contenido de una cavidad de caries? ¿O un trozo de carne cruda de entre los dientes?

 

¿Hasta dónde se puede retroceder en la Historia?

¿Y para qué perseguir la elusiva Historia?

Alguien dijo alguna vez que los seres humanos no aprenden del pasado. ¡Curioso! Por cierto, nadie aprende del futuro. Y el presente es tan fugaz que todo cuanto se aprende en él, ya es pasado, donde se consolidará. Tan somos historia que James Joyce escribió: La historia es una pesadilla de la que estoy procurando despertarme.

"Sólo un “bueno para nada” no está interesado en el pasado." Sigmund Freud

Los científicos – y los buenos historiadores – buscan el conocimiento por la fruición, el placer de descubrir, de entender, de comprender (Ricardo de Costa). El  científico de raza no se pregunta para qué sirve ese punto de ciencias básicas de apariencia inútil, con aspecto de mero juego, pero lo hace, disfruta, se divierte, y se gana un Premio Nobel.

“Mi objetivo es la Historia como un placer, como un medio agradable y útil de usar el tiempo libre… uno de los fundamentos de la actividad intelectual consiste en el placer derivado del conocimiento (Pedro Paulo A. Funari, 2003: 13) (Para ese tiempo libre escribimos esta sección, esperando divertir, no aburrir.)

 

¿Cuál es el significado y para qué sirve la Historia? Sirve para confirmar – por si hiciera falta – que las verdades médicas de hoy serán la charlatanería de mañana. El Historiador es responsable de generar un placer, de no servir a ideologías, de no pronosticar futuros, de no quedarse en las pequeñeces, rencores y otras miserias de la vida humana. (Jacques Maritain: Filosofìa de la historia)

 

Todo tiene un precedente histórico, aun el Big Bang.

 

Nada surge de la nada. Si se rasca la capa superficial de los hechos develados,  se encuentran mantos inferiores, y se puede seguir profundizando hasta llegar al convencimiento ineluctable de que se está ahondando en un aljibe sin fondo. Porque la Historia, si tiene un comienzo, está mucho más allá no sólo de los documentos escritos, sino más allá de la Prehistoria.

La historia nos descubre la escondida senda por donde se han ido los muchos acontecimientos que en el mundo han sido, para tenerlos siempre ante los ojos como espejo de su propio rostro, para pasear el saber hallado como espejo en que mirarse, y, no menos, para disfrutar y para que otros disfruten el placer que acompaña y corona la búsqueda y los hallazgos.

En una sociedad de gente que se hunde en lo fácil, la lectura trivial, la televisión, los pasatiempos atragantes y degradantes de la computación y anexos, el papel del historiador ha de ser atraerlos contándoles la Historia como relatos de piratas, ladrones, criminales, amenos galos o lo que sea necesario para que el estudiante se divierta y se interese en el conocimiento de la verdad del pasado.

La historia no es vieja basura.No, señor. La formula de “utilidad inmediata” es absolutamente errada. Los seres humanos no son meros depósitos de información para una tarea inmediata. La gente aprende astronomía, biología marina, genética o economía no porque viaje al espacio exterior o al mar profundo ni porque esté por clonas un ser o entrar en un banco.

Más serio es cuando acusan a la Historia de básica y aburrida, y yo agregaría llena de cifras y datos que no interesan a quien no es historiador. Quizá quienes eso dicen tuvieron la mala surte de un profesor pesado o de un libro más pesado aún.

Confiamos en que tengan más suerte con nosotros, acá.

 

 

 

 

La utilidad de lo inútil

Juan Peces 8 ENE 2014  Para EL PAÍS (resumen)

 

El profesor italiano Nuccio Ordine  avisa: si dejamos que nos roben el legado de nuestros antepasados y que se mutile el conocimiento,  no es que dejemos de ser personas cultivadas: es que las generaciones futuras dejarán de ser personas en sentido estricto.

“La barbarie de lo útil ha corrompido nuestras relaciones y afectos íntimos,” dice Ordine, director de varias colecciones de clásicos en la editorial Les BellesLettresde París ‘Decidí estudiar Filosofía y Paleografía contra la voluntad de mi padre, que me preguntaba para qué servía eso”, recuerda.

 

“El hecho de ser inmunes [la literatura, la filosofía y otros saberes humanísticos y científicos] a toda aspiración al beneficio” constituye, según Ordine, “una forma de resistencia a los egoísmos del presente, un antídoto contra la barbarie de lo útil, que ha llegado incluso a corromper, con sus ideas materialistas imbuidas por el sistema capitalista, nuestras relaciones sociales y nuestros afectos más íntimos”.

“Llevo 24 años como profesor intentando convencer a mis alumnos de que no se viene a la universidad a obtener un diploma, sino a intentar ser mejores, esto es, a aprender a razonar de forma autónoma,” agrega Ordine.

 “El utilitarismo ha invadido espacios en los que no debería haber penetrado nunca, como las instituciones educativas”, denuncia el profesor calabrés. Y advierte: “Cuando se recorta el presupuesto para las universidades, las escuelas, los teatros, las investigaciones arqueológicas, las bibliotecas [como está ocurriendo en España]… se está cercenando la excelencia de un país y eliminando cualquier posibilidad de formar a toda una generación”.

En La utilidad de lo inútil, su último ensayo, el autor se apoya en un discurso ¡de 1848! de Víctor Hugo ante la Asamblea constituyente de Francia, con estas palabras: “Las reducciones propuestas en el presupuesto especial de las ciencias, las letras y las artes son doblemente perversas. Son insignificantes desde el punto de vista financiero y nocivas desde todos los demás puntos de vista”.

Incluye un escrito premonitorio de Abraham Flexner, 1939, sobre la importancia de la ciencia. “Quería que quedara claro que la defensa de lo inútil [lo no ligado al afán de lucro] no atañe solo a escritores y humanistas, sino que es una lucha que concierne también a los científicos.

La utilidad de lo inútil no es sólo un argumento contra la deriva del utilitarismo o el “satánico comercio” (Baudelaire): es también un manual para superar lo que el autor del libro llama “el invierno de la conciencia” y para recordar, con Montaigne, que

“es el gozar, no el poseer, lo que nos hace felices”.

 

 

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