HISTÓRICAS     

        La halitosis de Hitler

(¿quién le pone rima o poesía a ese apellido?)

            o

El dentista del Diablo

Adolf Hitler tenía miedo al dentista y padecía halitosis, pero no tenía la sífilis - imperioromano.comAdolf Hitler padecía halitosis, parodontosis, tenía miedo al dentista y se alimentaba mal. Esas son algunas de las conclusiones a las que ha llegado la odontóloga Menevse Deprem-Hennen en su trabajo de doctorado titulado El dentista del diablo tras analizar unas actas del especialista personal de Hitler, el general de las SS Johannes Blaschke. Estando prisionero en un  campamento, los  norteamericanos le presentaron unas fichas dentales para que confirmara que pertenecían al Führer, a quien había tratado por 20 años; así como a otros conocidos jerarcas del régimen, como Goering.

 

Johannes Blaschke

Los soviéticos no habían llegado a verlas, sólo hallaron a su asistente Kaethe Heusermann. Ocurre que Fedor Bruck, un dentista judío sobreviviente, se hizo cargo de su consultorio al término de la guerra y descubrió las fichas que llevaría a USA cuando emigró, en 1947. Pasaron a su hijo Wolfgang, quien habría de actuar como abogado en Düsseldorf.

Deprem-Hennen, habiéndose hecho amiga de éste cuando se estaba preparando para el trabajo de doctorado, encontró una oportunidad en unas palabras del abogado: “Creo que tengo unos documentos que le pueden resultar interesantes.”

Y lo fueron: “Los usé de base para mi proyecto, aunque el profesor de historia de la medicina se resistía a reconocer su valor, probablemente pensando en un reciente escándalo sobre unos Diarios falsificados de Hitler. Al final, los aceptó como genuinos.”

Trabajó con esas historias clínicas durante seis años.  “Estaba claro que Blaschke se sentía sumamente orgulloso de su papel de dentista de Hitler, pero que su paciente no estaba tan entusiasmado. Blaschke, que murió en 1957, era un nazi inconmovible y sabía, aunque no declaró nada, “adonde había ido a parar todo el oro de las víctimas de los campos de concentración, que había sido usado para obturaciones en los hombres de las SS,”

Al Führer lo ‘asustaba’ el sillón del dentista. El hecho de que hicieran falta ocho sesiones para poder terminarle un tratamiento endodóncico resalta su fobia.” En su círculo próximo era conocido su resquemor hacia la odontología.

En la ficha, Blaschke anotó la presencia de un puente del lado derecho, del que se quejaba que se había “movido y que habría que habría que devolverlo a su lugar condenadamente rápido.”

Blaschke consignó asimismo que tenía una fuerte halitosis, abscesos y encías enfermas, además de haberle puesto 10 obturaciones en un solo año, 1944. 

Hermann Goering, jefe de las Fuerzas Aéreas, era tan cobarde que Blaschke anotó: “Comenzaba a llorar ya antes de sentarse en el sillón.” “Las prótesis que hubo que hacerle tenían que estar listas el mismo día, pues “el jefe de la Lutwaffe no podía andar por ahí sin dientes.”

                    

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