marzo 2005

¡Socorro, hospital!

 

Sophie Roell contó la historia que sigue (algo resumida) para comparar la atención de la salud en EE.UU. con la del R.U. Compárela el lector con lo que sucede en su país y saque sus conclusiones. Referencia útil podría ser el libro del ex interventor del Posadas, Ignacio Katz, “Argentina hospital, el rostro oscuro de la salud”, donde describe fallas éticas y funcionales, diagnósticos errados y hasta contrabando de sangre. Si tiene comentarios, puede enviarlos a Universo Odontológico.

Todo comenzó con un roce casual una noche, con lo que mi hermana Ailsa sintió como un grano de arroz en el pecho izquierdo.Se le habían estado haciendo mamografías, la última justo seis meses antes. La situación se veía considerablemente peor. No había un bulto, sino dos, y ya tenían casi 2,5 cm de diámetro.

Si el cáncer no se había extendido, las probabilidades se veían buenas. Mi hermana no es uno de los 43 millones de infortunados norteamericanos que no tienen seguro de salud: con un trabajo bien pago, con seguro de salud provisto por la Universidad de Princeton, Nueva Jersey, una ciudad universitaria rica, al parecer era una afortunada. Podría aprovechar toda la pericia que la rodeaba y obtener el mejor cuidado disponible.

Un especialista en cáncer de mama de Nueva York, le dio la peor noticia imaginable. El cáncer ya se había extendido “Me dijo que era inoperable—y que era incurable,” recordaba ella. Con cáncer ya en el hígado, tenía una expectativa de vida de unos 18 meses. El diagnóstico tuvo un resultado práctico: ya no tenía objeto remover el pecho culpable mediante una mastectomía. Ailsa fue directamente a quimioterapia: un tratamiento cada tres semanas, cada uno a u$s 10.000 por vuelta. Confirmando los médicos que se habían achicado los bultos cancerosos, pero no lo suficiente, lo consideraron indicio de que ella no se iba a curar.

Como parte de los preparativos para un experimento clínico al que quiso someterse mi hermana, los médicos tenían que verificar que los bultos del hígado en verdad eran cáncer. Después de dos biopsias, no, no lo eran. Ella tenía solamente el cáncer de mama.

Sólo para fines de noviembre se pudo hacer la mastectomía, que debió incluir una metástasis en la axila. Un procedimiento que normalmente se debe llevar a cabo inmediatamente al descubrir el cáncer había tomado más de un año.

¿Se hubiera extendido el cáncer al ganglio linfático si la operación se hubiera realizado inmediatamente? Ésta no es una historia de horror: dos años después, mi hermana sigue libre de cáncer, toco madera. Esto es lo importante. Pero su experiencia socavó mis convicciones sobre el sistema de salud norteamericano. Había entendido siempre que era lo máximo: lastimoso, sí, para los pobres -- en especial, las 18.000 personas que mueren cada año por carecer de seguro de salud—pero una experiencia sin tropiezos para quienes tienen dinero.

Los norteamericanos gastan, promedio, u$s 4631 por persona por año en cuidado de la salud (en Gran Bretaña la cifra equivalente es 1763), lo que suma 1,4 billones en el año. En Nueva York los médicos suelen ser bruscos al punto de que uno no se sienta bienvenido, y guay si uno les llega a sugerir que cometieron algún error, como hice con mi médico la semana pasada. Se expone a que le griten.

Los hospitales son depresivos: mi hermana cuenta cómo en los comienzos de su enfermedad acudió para un PET (topografía por emisión de positrones) a un hospital de Manhattan que erróneamente confirmó que tenía un cáncer en su hígado: “Era un lugar enorme y espantoso, con cajas llenas de basura en el ascensor.”

El escaneo tomó una hora y el personal no tuvo en cuenta avisarle a mi hermana cuándo escaneaban y cuándo no. “Tuve que yacer totalmente rígida una hora, porque no sabía cuándo podía moverme,” dice. “El cuarto estaba helado y yo estaba temblando. Y no me proveyeron correas y por mí misma debí asegurarme de mis brazos no se deslizaran todo el tiempo.”

Una vez que visité a mi hermana en el hospital cuando se estaba despertando de un anestésico general, me dijo que se sentía con náuseas. Tocamos el timbre, para que nos trajeran un recipiente. Y llamamos. Y nadie acudió. Por fin, me lancé al corredor a buscar una enfermera, pero no había ninguna por ahí.

A pesar del dinero que se gasta en el sistema norteamericano, los médicos no tienen tiempo para brindar la atención debida porque tienen exceso de trabajo, las enfermeras tienen un millón de cosas que hacer al mismo tiempo, los hospitales luchan por lograr que todo anude al final. Las compañías de seguros son los amos del gallinero… y niegan a los pacientes el acceso a mejores cuidados porque ahorran así dinero.

Con la mamografía que ya había dado anormal seis meses antes de descubrir el pequeño bulto, la médica recomendada por la aseguradora, y la clínica respaldada por la aseguradora, le dijeron que estaba todo bien. De esa primera médica dijo mi hermana: “Se la veía como atendiendo un paciente distinto cada diez minutos. No sabía quién era yo y sólo conocía algo por sus notas, que no tenía tiempo de mirar. Debía haber sabido que había antecedentes de cáncer en mi familia y entonces se debiera haber preocupado más por mí.”

Este año, Rand Health publicó uno de los estudios más amplios y más integrales sobre la calidad de la atención de la salud en los EE.UU. Casi la mitad de las veces, los norteamericanos adultos no reciben el cuidado recomendable. “Hay déficits sustanciales,” dice Beth McGlynn, que dirigió el estudio, “pero el público americano cree que tiene el mejor sistema de salud del mundo, de modo que es muy duro motivarlos para que apoyen la realización de cambios.”

A los norteamericanos se les suma el estrés de tener que lidiar con una aseguradora, proceso tan irritante que se han escrito libros sobre ello. Mi hermana estaba bastante contenta de haber soltado los u$s 50.000 que debió pagar, de su propio bolsillo, para obtener la mejor atención disponible. De lo que no estuvo tan feliz fue de que el seguro escatimara en sumas que habían dicho que pagarían.

Por ejemplo, la aseguradora había dicho que cubriría tanto la mastectomía como la reconstrucción mamaria. Pero estaban dispuestos a pagar por la mastectomía solamente si la realizaba un cirujano “asistente”. “Una manera de ahorrar costos: haciendo que un practicante aprendiera con una,” asevera mi hermana. Del mismo modo, se encargan de la reconstrucción, pero de un pecho solo. “¿Quién querría tener un solo pecho reconstruido?” se pregunta.

Sobre todo, las aseguradoras ahorran dinero valuando el arancel de ciertos procedimientos a valores irrisoriamente bajos, con la diferencia a cargo de los pacientes mismos. Mi hermana estima que perdió otros 2000 por errores administrativos que, curiosamente, se produjeron siempre a favor de la compañía.

El vasto ejército de administradores en los EE.UU. superan en número a los médicos y crecen exponencialmente (un estudio publicado en agosto 2003 halló que los EE.UU. gastan alrededor de un tercio de cada dólar para la salud en costos administrativos).

Cuando a mi cuñado le descubrieron cáncer en Inglaterra, lo operaron inmediatamente. Aunque también se había extendido, no hubo historias y, según me cuenta, en los años de enfermedad y quimioterapia y los chequeos siguientes de que no hubiera repeticiones, la única cuestión administrativa con que debió tratar fue llenar un solo formulario para el Servicio Nacional de Salud que lo atendió.

 

 

Batido de ideas

“La gente no puede descubrir nuevas tierras hasta que tenga el valor de perder de vista la orilla.”André Gide

En vez de batirse por las ideas, quizá sea más productivo batir las ideas y ver si sale algo constructivo de ese batido. Quizá no aferrarse a las propias orillas y ver qué frutos crecen en las orillas de allende los pensamientos. Se me ocurría esto con la frase de Gide a la vista y con los mensajes de dos inteligentes colegas, que quizá coinciden más de lo que ellos mismos suponen... Seguramente en las buenas intenciones. Sin nombrarlos, a continuación va un resumen de dos recientes mensajes y dejo en manos de los lectores ver qué batido sabroso se puede lograr de tantas ideas bien intencionadas.

 

El colegio debe asumir la responsabilidad de denunciar a los mercaderes como ladrones de la salud, y la sociedad se les echará encima. Su primer objetivo es prevenir a la sociedad de las acciones iatrogénicas que estos mercaderes obligan a realizar a los jóvenes dentistas, defraudando a la sociedad y explotándolos económicamente.

 El segundo, recobrar la dignidad de los odontólogos, que actuarían en la sociedad para la salud bucal, para lo que fueron preparados .

Hasta los 80, los colegios ejercían sus funcionen estatutarias y los gremios defendían el trabajo manual e intelectual .

Llegaron los 90 y la plata dulce y nadie se quejaba, se cobraba por fuera de los convenios y todos a Miami por un deme dos.

En esa época se obligó a las instituciones a sacar la denominación GREMIAL a la que la tuviera, y no podían tener un departamento de insumos y vender a sus asociados a mejores precios contra los pulpos del comercio.

Y lo peor de todo, quebró, como a los gremios de trabajadores, su única fuente de lucha, sus asociaciones gremiales, produciendo el liberalismo menemista  el ejercicio profesional más feroz que se pueda recordar.

La Cora tendría que ser el paradigma, ninguna más representativa Sólo una organización  de tipo gremial, representativa puede amparar y proteger los intereses de cada  colega y de cada integrante de la población.

Por eso, echaríamos manos a una segunda marca, la gremial,  pero respaldada por la primera, donde la unidad seria el eje de la lucha contra los mercaderes de la salud bucal. La defensa de los derechos e intereses del odontólogo no tiene por qué ser contraria a los derechos e intereses de la población.

La función de los Colegios, para la cual fueron creados, es la de dar un encuadre legal al ejercicio profesional. No sólo han de velar por los intereses, ya que algún interés puede no ser del todo ético, sino que deben ser garantes de la correcta atención a la población. El Colegio no sólo debe dar respaldo legal a los odontólogos, sino que también debe controlarlos: sus títulos universitarios, sus  matrículas, la habilitación de los consultorios, las condiciones de trabajo -contratos, aranceles mínimos, etc.-, sus especialidades.

La supervisión la realiza el sector político del poder público, con mayores crisis aún. Si bien es una realidad que no siempre los Colegios cumplen debidamente con sus funciones primordiales, es cuestión de corregirlas y no desviar sus principales objetivos.

Por supuesto que pueden convivir Colegios, Asociaciones, Entidades Científicas, Gremios. Cada una tiene un rol fundamental y sería bueno que no compitan inútilmente tratando de superponer funciones. Si cada una respetara a la otra, sería el punto de partida para la unidad de la profesión.

Pruebe el lector este batido y diga si está bien o puede hacer una mezcla mejor, pero abandone la orilla del mentido confort para alcanzar las tierras de la verdadera felicidad, la de todos.

              Universo Odontológico

 

                      Tengamos presente hoy más que nunca, las palabras de ¨Martín Fierro¨Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera.. porque si así no lo hicieran los devoran los de ajuera

                                                              A índice gremiales

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