noviembre 2013

 

China pone cerco a la corrupción de multinacionales farmacéuticas

Publicado en el diario español EL PAÍS, el 5 de agosto, 2013.

Aquí los mercaderes de la salud, como éstos, siguen impávidos haciendo exactísimamente lo mismo que los chinos no vacilan en combatir con la mayor fuerza posible.

La R. Argentina multó a Glaxo por falsear los permisos para ensayos con niños.  [Ver segunda nota gremial]

Las ondas de choque de la campaña contra la corrupción puesta en marcha por el nuevo Gobierno chino, llegado al poder en marzo, han alcanzado de lleno a la industria farmacéutica y, en particular, a GlaxoSmithKline (GSK). Las autoridades del país asiático tienen en marcha una investigación sobre la compañía británica, que ha provocado la detención de cuatro altos ejecutivos de su filial china —entre ellos, un vicepresidente— y la prohibición a un quinto —el director financiero, Steve Nechelput— de salir del país. Otras 18 personas —empleados de la empresa y algún personal médico— han sido interrogadas. La policía los acusa de haber sobornado a funcionarios del Gobierno, grupos industriales farmacéuticos, hospitales y doctores para impulsar las ventas. También afirma que aceptaron sobornos de agencias de viajes a cambio de organizar conferencias, algunas de las cuales nunca tuvieron lugar.

La agencia oficial Xinhua asegura que algunos son “sospechosos de haber ofrecido sobornos a médicos, al tiempo que les pedían que prescribieran más fármacos con objeto de incrementar el volumen de ventas; y al mismo tiempo empujaban los precios de los medicamentos al alza”.

Varias empresas internacionales del sector han sido investigadas y sancionadas, en los últimos tiempos, por las autoridades chinas. La última es la estadounidenses Johnson &Johnson, que ha sido acusada de malas prácticas y a la que un tribunal de Shangai ha obligado a pagar 64.000 euros a un distribuidor local por violar la legislación antimonopolio.

GSK tiene cinco fábricas, un centro científico y 7.000 empleados en China y es una de las mayores compañías del sector en el mundo. Ante la investigación de las autoridades, la multinacional británica ha desplegado una operación de control de daños. En primer lugar, ha admitido que algunos directivos de su subsidiaria china parecen haber violado la ley, aunque ha dicho que la sede central no tenía conocimiento de ello. El director general de la compañía, Andrew Witty, ha calificado el supuesto comportamiento de “vergonzoso” y “muy decepcionante”. En segundo lugar, GSK se ha comprometido a investigar el incidente. “Estamos totalmente comprometidos a erradicar la corrupción y llegar al fondo de lo que ha ocurrido”, dijo Witty a la agencia France Presse. “Cooperamos plenamente con las autoridades y, obviamente, estamos mirando nosotros mismos lo que pasó”.

En tercer lugar, la farmacéutica ha prometido bajar los precios de sus medicamentos. “Los ahorros logrados gracias a los cambios propuestos en nuestro modelo de operaciones serán trasladados en forma de reducción de precios. Eso garantizará que nuestras medicinas sean más asequibles a los pacientes chinos”, ha declarado Abbas Hussain, presidente de la compañía para la región Asia-Pacífico y mercados emergentes.

La policía asegura que personal de la división china de GSK canalizó 3.000 millones de yuanes (368 millones de euros) a través de agencias de viajes y consultores desde 2007. Al parecer, los empleados utilizaron este sistema para evadir los controles anticorrupción internos de la multinacional, según apunta Xinhua. Los investigadores no han aclarado cuánto dinero fue destinado a sobornos.

La agencia oficial china ha dado amplia cobertura al caso. Ha relatado numerosos detalles de cómo se producía la corrupción, gracias a una entrevista con un director regional de ventas de GSK llamado Li —uno de los apellidos más comunes de China—, responsable de la comercialización de fármacos para enfermedades respiratorias en 10 hospitales de Zhengzhou (capital de la provincia de Henan). “Invitaban a los médicos a asistir a conferencias académicas de alto nivel para ayudarles a ganar influencia en sus campos. También establecían buenas relaciones personales con los sanitarios dando servicio a sus placeres y ofreciéndoles dinero para que prescribieran más fármacos, explica Xinhua. “Una representante comercial llamada Wang (otro apellido muy común en el país), que trabajaba con Li, contó que entraba en los despachos de los médicos para actuar como su asistente y satisfacía todas sus necesidades; incluso sus deseos sexuales”, añade. “Wang dijo que los ejecutivos de GSK China sabían esto, y algunos dieron instrucciones claras a los departamentos de ventas de que ofrecieran a los doctores dinero u oportunidades para asistir a conferencias académicas, como soborno”.

Muchos médicos recibieron dinero incluso cuando no se dieron las charlas, según Xinhua. Y continúa: “Según Li y Wang, la compañía farmacéutica fijó como objetivo elevar la venta de fármacos un 30% anual los dos últimos años. Y eso, si no hay un incremento del número de pacientes, solo se puede lograr presionando a los médicos para que receten más”.

Desde que estalló el escándalo en julio, GSK ha nombrado a un nuevo responsable de la filial china, el francés Hervé Gisserot, que ha sustituido a Mark Reilly. El cambio se ha producido después de que el grupo haya admitido que su cuenta de resultados en el país asiático se verá afectada por la investigación. China representa algo más del 3,5% de la facturación farmacéutica global de GSK. El Ministerio de Seguridad Pública dice que Reilly ha accedido a regresar a China desde el Reino Unido —un viaje ya previsto, según GSK, pero que coincidió con la detención de dos de sus colaboradores— para ayudar en las pesquisas policiales.

El escrutinio a la industria no se ha limitado a GlaxoSmithKline. La farmacéutica sueco-británica AstraZeneca afirma que uno de sus representantes comerciales está detenido en Shanghái, pero cree que se trata de un caso individual. La francesa Sanofi y la estadounidense Eli Lilly aseguraron el jueves que han recibido visitas de las autoridades comerciales sin dar más detalles. Eli Lilly acordó pagar 22 millones de euros, en diciembre pasado, en EE UU para zanjar las alegaciones de que sus empleados daban dinero y regalos a funcionarios en China, Brasil, Rusia y Polonia para lograr negocio. Pfizer, la mayor empresa del sector del mundo, también estadounidense, aceptó pagar, hace un año, 45,3 millones de euros por motivos similares.

El escándalo en GSK se produce en medio de la fuerte campaña contra la corrupción iniciada por Xi Jinping desde que asumió el poder. El Gobierno ha prometido mejorar el sistema sanitario y poner freno al alto coste de los tratamientos médicos y los fármacos, uno de los principales motivos de frustración de los chinos. Según la Asociación de Compañías Farmacéuticas de China, los sobornos suponen el 20% del precio de un medicamento típico chino. Algunos expertos creen que Pekín está utilizando el caso GSK como advertencia para el resto.

A la vez, la agencia de planificación económica está investigando los costes de producción y los sistemas de fijación de precios de 60 fabricantes nacionales y extranjeros. La firma de análisis de inversión Edison Investment Research prevé que China sea el mayor mercado farmacéutico del mundo en 2020.

La campaña para limpiar la industria ha alcanzado también a los hospitales. Un total de 1.088 profesionales del sector médico de 73 hospitales en la provincia de Fujian han sido acusados de corrupción tras una investigación de seis meses. La Administración de Alimentos y Fármacos asegura que va a “tomar medidas enérgicas” contra los sobornos y la falsificación de medicamentos y documentación, un problema que viene de lejos. Zheng Xiaoyu, director del organismo, fue condenado a muerte y ejecutado en 2007 por aceptar dinero a cambio de aprobar productos falsos.

 

 

 

 

 

 

 

martes, 3 de enero de 2012   

Argentina multa a Glaxo por falsear los permisos para ensayos con niños

La muerte de 14 bebés destapó un fraude en la obtención del consentimiento Por Alejandro Rebossio Buenos Aires 3 en 2012 

Entre los años 2007 y 2008, 14 bebés de familias pobres murieron en Argentina después de participar en los ensayos de una vacuna del laboratorio británico GlaxoSmithKline contra la neumonía y la otitis aguda. No se han encontrado pruebas de que los decesos tuvieran que ver con la aplicación de las inyecciones, pero tras la publicidad de los casos se descubrió que la empresa farmacéutica y los profesionales que administraban los estudios clínicos habían cometido irregularidades a la hora de conseguir el consentimiento de los padres para que sus hijos recibieran la vacuna en experimentación.

El juez argentino Marcelo Aguinsky falló a finales del año pasado en contra de GlaxoSmithKline y dos médicos responsables del ensayo y ratificó las multas que les había impuesto en abril pasado el Ministerio de Salud por 179.000 euros, según informó el periódico Página 12.

"Una médica me pidió que firmara y no me dejó leerlo", afirma una madre

El juez confirmó que algunos consentimientos fueron dados por padres menores de edad, abuelos que no estaban autorizados a hacerlo, parientes analfabetos o, en un caso, por una madre psicótica a la que no se había evaluado la capacidad de discernimiento. También se detectó que se proporcionó la vacuna sin que se conocieran los necesarios antecedentes clínicos de los niños. Los inspectores del Ministerio de Salud también advirtieron la "falta de seguimiento y registro adecuado" de las reacciones adversas a la vacuna.

Esta inyección estaba siendo probada en Colombia, Panamá y Argentina cuando ocurrieron las 14 muertes. Siete bebés fallecieron en la provincia de Santiago del Estero, dos en la de San Juan y cinco en la de Mendoza.

GlaxoSmithKline, la tercera mayor farmacéutica del mundo por facturación (33.998 millones de euros en 2010), deberá pagar una sanción de 71.600 euros al Ministerio de Salud, mientras que el resto tendrá que desembolsarlo a partes iguales el investigador principal del ensayo en Mendoza, Héctor Abate, y el coordinador de los estudios en Argentina, Miguel Tregnaghi. El Gobierno había multado al laboratorio "por incumplir sus deberes de monitoreo, ya que dicha obligación consiste en verificar que los derechos y el bienestar de los seres humanos estén protegidos; que los datos reportados del estudio estén completos, sean precisos y se puedan verificar; que la conducción del estudio esté en conformidad con el protocolo aprobado y el requerimiento regulatorio aplicable".

Hace cuatro años, cuando se conocieron los decesos de los bebés, Lorena Sequeira, madre de una niña fallecida, explicó a EL PAÍS: "Un día fuimos a ver al agente sanitario de Campo Contreras (su barrio) y al siguiente vino a mi casa diciendo que le tocaba vacunar a Yamila (su hija) contra la neumonía y la otitis, y nos llevó en coche".

"Una médica me dijo -continuó- que yo tenía que firmar un papel y me dio 13 hojas explicativas, pero en ese momento no me las dejó leer porque había muchas madres esperando también para la vacuna. No me explicó que era una prueba, que la vacuna no estaba aprobada o si tenía riesgos". Unos 400 médicos y otros profesionales cobraban 380 euros por cada niño vacunado. En toda Argentina 14.000 bebés recibieron la prueba.

 

 

 

 

 

 

Por mi culpa, por mi culpa… [¿realmente?]

Por la Dra. Zulma Ortiz

 

Por mi culpa, por mi culpa…

 

Una actitud y una práctica que no ayudan a la seguridad del paciente.

La aparición de la culpa es una de las barreras, tal vez más importante, para lograr la seguridad del paciente. El error en medicina sirvió tradicionalmente para aprender lo que no había que hacer hasta que se sumó la reacción de castigar al responsable del error, suponiendo que el error era producto de la incapacidad o irresponsabilidad individual, y era necesaria la culpa.

 

El error pasó así a constituir una problemática ética y legal de responsabilidad y castigo que, cuando era considerado como producto de mala práctica, determinó que se ocultara, disimulara con falsedades, o transfiriera la propia responsabilidad a otro. En última instancia todo esto determinó que se dejara de aprender del error, olvidamos que los seres humanos somos seres falibles, más aún cuando actuamos en un sistema complejo y dimos lugar a que en nuestra cultura, prevalezca la culpabilización de la/s persona/s que se ven involucradas en una situación que ocurre por error y que podría haberse evitado.

 

La culpabilización ha promovido y promueve mayor temor en los profesionales del equipo de salud y genera una creciente tendencia a ocultar los errores. No permite que el error sea entendido con una visión integral como “fallas en el sistema y no en las personas”. En la búsqueda del culpable hemos dejado de lado la discusión sobre lo que se sabe y lo que se hace, entre lo que académicamente podría hacerse y lo que prácticamente puede hacerse, y entre lo que se hace y lo que debe hacerse.

 

Una manera propositiva para abordar el error podría ser hablar de seguridad del paciente. Transformar la gran culpa por el error en un “conjunto de actitudes, valores, normativas y prácticas de las organizaciones sanitarias, que en los procesos de atención en salud asumen la probabilidad de equivocarse; notifican y analizan los procesos que pudieran explicar y prevenir los errores, favoreciendo una cultura no punitiva sobre el error que los considera como parte del aprendizaje y busca evitarlos”.

 

En nuestro medio, si bien se desconoce en general la magnitud, gravedad y vulnerabilidad de los eventos adversos, errores o posibles errores, hay evidencias que señalan que la situación no es diferente a la del resto del mundo. La mayoría de los problemas ocurren en los hospitales, porque los riesgos asociados con la atención hospitalaria son altos.

 

Cada etapa del proceso de atención médica tiene cierto grado de inseguridad intrínseca, por ejemplo los efectos secundarios de los medicamentos o de las combinaciones de medicamentos, el riesgo asociado a un determinado instrumento médico, la presencia en el servicio de salud de productos no acordes a las normas o defectuosos, los fallos humanos o las deficiencias (latentes) del sistema.

 

En consecuencia, los eventos adversos (que son aquellos daños relacionados con los procesos de atención médica y/o sanitaria) pueden pensarse como deficiencias del diseño de la organización y del funcionamiento del sistema, en vez de prácticas aisladas de los proveedores de servicios.

 

En ese sistema de atención, también uno como usuario de servicios de salud (a veces paciente) debe verse y entenderse en la cadena de responsabilidades o factores que pueden contribuir a que aparezca o se prevenga un evento adverso. Si uno asiste a una consulta da por entendido que se cumplirán todas las normas de procedimiento que garanticen mi cuidado y que no debo que pre-ocuparme de chequear su cumplimiento.

 

Por ejemplo, ¿a quién se le ocurre asegurarse que el equipo de salud que me asiste se higienizó las manos antes de revisarme? A muy pocos, porque la mayoría suponemos que la formación, compromiso y hábito del profesional, sumado a un sistema preparado con todos elementos necesarios determinan que cada vez que se asiste a un paciente por una condición refleja el individuo entrenado procede a lavarse las manos para evitar, entre otros problemas, las infecciones intrahospitalarias. Sin embargo, la evidencia indica que esto no es así.

 

Según una publicación de la Iniciativa Mundial en pro de la Seguridad del Paciente, entre el 5% y el 10% de los pacientes que son ingresados en hospitales en los países desarrollados contraen estas infecciones. En algunos países en desarrollo, el porcentaje de pacientes afectados puede superar el 25%.

 

Lavarse las manos, una acción muy sencilla, sigue siendo la medida principal para reducir las infecciones asociadas a la atención sanitaria y la propagación de la resistencia a los antimicrobianos, y aumentar así la seguridad de la atención en todos los centros, desde los complejos hospitales modernos hasta los puestos de salud más sencillos. Todos somos responsables si el problema persiste.

 

Pensar en términos de sistema es el mejor modo de adoptar soluciones definitivas para reducir riesgos, que hagan hincapié correctamente en cada componente de la seguridaddel paciente, por oposición a las soluciones elaboradas a partir de aspectos más limitados y más específicos del problema, que tienden a subestimar la importancia de las demás perspectivas.

 

Para aumentar la seguridad del paciente hay que emprender tres acciones complementarias:

 

• Prevenir los eventos adversos

• Darlos a conocer

• Mitigar sus efectos cuando se producen.

Ello requiere volver a aprender de los errores, mejorar los sistemas de notificación de los mismos y tener más capacidad para anticipar los errores y rastrear las debilidades del sistema que pueden dar lugar a un evento adverso. Es necesario destacar la seguridad de los pacientes como una cuestión primordial en el funcionamiento del desempeño de los sistemas de salud y de la gestión de la calidad.

 

Uno debería comenzar por aceptar que la medicina es proclive al error y es comprensible la inevitabilidad del error por la incertidumbre inherente a toda actividad humana, la predictibilidad incompleta y sólo probabilística que ofrecen los conocimientos médicos, y los inevitables límites impuestos por el tiempo.

Es muy difícil para la sociedad aceptar esto y mucho más para un individuo enfermo cuando el error afecta a su persona; sin embargo no es imposible que lo entienda y ya existen voces de pacientes que aceptan esta condición si y sólo si, se les dice la verdad.

 

La racionalidad indica que si se conocen las causas de los errores se podrán tomar las medidas correctivas. Para conocer las causas deberán comunicarse los errores y sus consecuencias, así como las situaciones o circunstancias que se cree determinaron su aparición. Esta transparencia sólo será posible si se sustituye una concepción moral punitiva por una concepción de perfeccionamiento humano en el que el error no es equivocarse sino no aprender a no cometer el mismo error uno mismo y a enseñar para que no lo cometa toda la corporación médica.

 

La gente no actúa sola, su conducta está modelada por las circunstancias y la cultura organizacional. El ´rpfesiomal que se ha sentido seducido por el reconocimiento, el afecto, el respeto y la retribución, sufre hoy el acoso de las exigencias de sus pacientes, las organizaciones donde trabaja, y las instancias legales que se movilizan por los reclamos por sus actos. Esto último ha generado una “litigiosidad indebida”, y una medicina defensiva que trata de no exponerse retaceando asistencia en situaciones en las que se prevén conflictos, prefiriendo la inacción a actitudes eventualmente salvadoras.

 

Toda esta situación es indeseable y, si bien no es fácil revertirla, combatir la desinformación a través de los comités de seguridad podría ser un camino. Las actividades de los comités deberían ser preventiva y anticipativa, la existencia de un comité de seguridad supone la colaboración con el equipo de salud en el desarrollo de programas de prevención de riesgos, eventos adversos, errores, todo lo necesario para garantizar la seguridad del paciente.

 

Desde la Academia Nacional de Medicina, el Instituto de Investigaciones Epidemiológicas ha elaborado un programa para el mejoramiento de la seguridad de los pacientes. Este programa disponible para todas las instituciones que quieran implementarlo, ha logrado resultados que hacen pensar que se pueden evitar errores y mejorar la seguridad.

Si usted tiene interés en compartir con nuestro equipo alguna experiencia puede visitar nuestra página www.errorenmedicina.anm.edu.ar y escribirnos.


 

                      Tengamos presente hoy más que nunca, las palabras de ¨Martín Fierro¨ Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera.. porque si así no lo hicieran los devoran los de ajuera

                                                  

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