octubre 2008

La mala leche de los viejos

 

Ando de mala leche desde hace un par de días en que concurrí invitado a un acontecimiento (no evento, por favor, que me hierve la leche) gremial, el 25° congreso de una especialidad, la ADN. Es que habían invitado a todos los pasados presidentes de esos 25 congresos (los sobrevivientes, claro). Estos supérstites fueron ubicados en una fila de las anteriores y allí permanecieron sentaditos hasta el final del “ato solene,” escrito así  para que haya alguna coherencia con la cantidad de veces en que se escuchó decir “veinticinco” congreso “ en vez del correcto “vigésimo quinto.”

Nadie se molestó siquiera en nombrar, en decir claramente el nombre de esos presidentes, ni de los muertos* ni de los vivos. Algunos no tan vivos, como yo mismo, que debí arrastrar mis pies para llegar a un salón repleto de carcamales, como yo mismo, con un pie de este lado y el otro pisando el paraíso, pero con fuerzas para preguntarme el porqué de ese retraso cronológico, el porqué de la persistencia de tanta persona decrépita y achacosa todavía presidiendo entidades y publicaciones. Sobre todo, siendo los mismos vetustos que cuando jóvenes se opusieron a todas las innovaciones de los más jóvenes, como yo mismo, por lo menos de alma, ideas e intenciones.

La mala leche me invade cuando veo tanto miembro de la “old mutual  backslapping society” incapaz de decir unas palabras con algún significado, de promover alguna novedad (por útil, no por nueva) o, siquiera, de hablar con propiedad para dar algún ejemplo a los jóvenes a los que no dejan llegar a las nevadas cumbres de los cargos directivos (lo de cumbres va por nevadas, peladas y teñidas). Así, debí soportar estoicamente que repitieran una y otra vez que se traba del congreso bodas de plata, en total y absoluta ignorancia del significado de esa frase o, simplemente, de bodas. Dice el Diccionario de la Real Academia Española: Aniversario vigésimo quinto. Y para los cultos de Wikipedia, vale recordarles lo que ésta dice: Un aniversario es la fecha en que se cumple un número de años exacto desde un suceso importante. Como casarse, con alguien del otro género (como viejo, no me vale lo del mismo género), con una profesión, con una casa de estudios, etc. Pero, primero, ¿con quién se casó un congreso? Segundo, ¿de qué aniversario me hablan cuando esos 25 congresos se hicieron – habitualmente – con dos años de intervalo?

Varios de los pasados presidentes aportaron algo a la sociedad organizadora. ¿Fue eso mencionado? No. ¿Recordó alguien que uno de esos presidentes debió soportar una dura y enconada batalla porque había tenido la loca idea de organizar su encuentro de la especialidad fuera de la institución madre? Y ya nunca más se hicieron en la madre que los parió.  Al mencionar los minicursos, ¿recordó alguien que fue ese mismo presidente el que organizó las conferencias seriadas para que constituyeran cursos mini?

Y no sigo, porque dirán que esto mío es por culpa de la mala leche de los viejos. Que sí lo es, sí, señor, y a mucha honra. Pero para disimularla un poco va como segundo addendum, un viejo chiste español.**

*Los primeros presidentes, fallecidos, incluyeron a un “gordo” querido, que murió muy joven; a un maestro realmente culto y polifacético, que tuvo la suerte de no tener que escucharlos arruinar la oratoria y la gramática; y un gran señor, aunque no fuera exactamente un odontopediatra, que no fue defecto entonces. Y hubo nombres ausentes, ya no por viejos, ni por malos, sino por no ser integrantes de la trenza carcamal vigente, por ser innovadores, creadores, progresistas y hasta revolucionarios en su vestir y sus modos.

**Atiende el mozo a los parroquianos de una confitería española, quienes le piden, uno, una leche merengada; otro, una leche chocolatada; otro una leche fría, y todavía otro una leche frita.  Diz que el mozo miró al quinto y le preguntó:

- Y usted, ¿qué leche quiere?

Nota a la nota: Para disfrutar este cuentito se requiere algo de lo que obviamente carecen los organizadores del ¡“veinticinco”! congreso supradicho.

                                         

Un viejo de mala leche (H.M.)

                                                                   

A todos cuantos pueden interesar estos versos de Ogden Nash no les es preciso que los demos traducidos
 

Old Men

by Ogden Nash 

  

People expect old men to die,

They do not really mourn old men.

Old men are different. People look

At them with eyes that wonder

when...

People watch with unshocked eyes;

But the old men know when an old

man dies.

 

                      Tengamos presente hoy más que nunca, las palabras de ¨Martín Fierro¨ Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera.. porque si así no lo hicieran los devoran los de ajuera

                                                  

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