junio 2011

 

Consulta gratis

 

Des-preciar es reconocer que lo des-preciado no tiene precio, no vale nada. Cuando no se cobra la consulta profesional, que es un pedido de opinión especializada, se está des-preciando la propia opinión. La opinión del odontólogo consultado no vale nada, vale cero.

La opinión de los charlatanes de feria de otrora no valía nada, no tenían estudios salvo los otorgados por Mercurio, dios de los comerciantes. La opinión de los egresados de las prestigiosas Facultades de Odontología que existen en el país viene con largos años de estudios y de quemarse las pestañas metidos en los libros, ¿y esto no vale nada?

No vale, pero rinde.- No es la nuestra la única profesión que en el país no cobra por poner en  juego conocimientos y prestigio. Hasta las obras sociales le reconocen algún valor a la consulta y no hay dentista norteamericano o europeo a quien se le pase por la cabeza que la consulta no sea recompensada como se merece (cuando se lo merece).

No cabe imaginar que la gratuidad de una opinión avalada por la evidencia científica sea el primer paso de captación de un paciente o un cliente, tal como lo hacían los charlatanes de a caballo o de a pie en los viejos tiempos. O quizá no tan viejos. La condición de universitarios debe estar por encima de los criterios mercuriales y lejos de la actitud empresarial de los mercaderes de la salud.

La profesión organizada no puede convalidar ni ignorar comportamientos ajenos al buen ejercicio profesional, aun cuando no entren en la categoría de mala praxis. Quizá no sea mala práctica, pero es deleznable. Y tan errada como el comportamiento de los pacientes que van de consulta gratis en consulta gratis pidiendo presupuestos como si anduvieran de almacén en almacén preguntando el precio de las arvejas en lata.

Si no hubiera universitarios que menosprecian su saber, no habría personas que nos tratan como meros productos finales de una cadena industrial, indignos de la Universidad del Salvador, la de Buenos Aires o cualquier otra de las que prestigian a nuestros científicos en todo el mundo.

 

                                                                        H. M. y E. B

 

 

Que Dios nos libre de los comerciantes / sólo buscan el lucro personal (Nicanor Parra)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Decir la verdad

 

En un libro reciente de Michel Winock (El siglo de los intelectuales), se muestra el papel que cumplieron los intelectuales durante casi todo el Siglo XX (con Maurice Barrès, André Gide y Jean Paul Sartre como mojones de tres etapas). M. W. cita en un apéndice un documento publicado en el diario Le Monde el 4 de julio de 1973, titulado "Los intelectuales y los poderes."  Los cerca de cuatrocientos intelectuales firmantes, de distintas naciones, revisan la actualidad política de la época: "El Tercer Mundo está colonizado por los imperialismos y sometido al pillaje [...] Entretanto, en los países desarrollados una parte de la juventud se alza contra una sociedad que las nuevas formas del capitalismo abocan al consumo incontrolado, a la injusticia social, a la destrucción de hombres y medios tradicionales o naturales." Allí hacen cinco propuestas:

1. Los medios forman parte integrante del fin. De ello resulta que todo medio que no se oriente en función del fin buscado debe ser recusado en nombre de la moral política más elemental. [No dice la verdad.]

2. Todo grupo político que cree poseer la llave de una transformación inmediata y automática de la sociedad es candidato al ejercicio de la dictadura de campos de concentración y torturadores. [No dice la verdad.]

3. No existen libertades formales que puedan suprimirse. [...] Hay que extender esas libertades hasta que ya no sean el privilegio de algunos.

4. La violencia forma parte de nuestro mundo y no nos forjamos la ilusión de que pueda desaparecer con rapidez. (...) Las armas de la crítica, cuando se pueden usar, son superiores a la crítica de las armas. [Si dice la verdad.]

5. Sea cual sea la parte del mundo donde se encuentre, el campo en que uno esté comprometido, decir la verdad, es la tarea principal del intelectual. (...) No hay César individual o colectivo que merezca la adhesión de todos.          (ADN Cultura, 18-3-2010)

[Mediten, amigos, sobre estas palabras y aplíquenlas al hoy. Decir la verdad es más que encerrarse en dos opciones: blanca o negra. U. O. ]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Contrato social o con la obra social?

Thomas Hobbes desarrolló su idea del contrato o pacto social, como adoptado por los hombres en garantía de la seguridad individual y de poner fin a los conflictos que, por naturaleza, generan los intereses individuales. Las pasiones naturales del hombre se oponen las leyes morales.

Parafraseando a Hobbes cuando se refiere al Estado, diríamos que la asociación profesional o la obra social de un gremio es concebida como una res publica, es decir, un poder organizado de forma común cuya función es “regentear” los intereses de sus asociados o agremiados y que se funda a partir de la suma de voluntades individuales libres que deciden actuar para adquirir ventajas comunes.

La libertad de uno se ve reducida a los espacios donde los estatutos no se pronuncian. Sin embargo, esa cesión voluntaria de poder, contempla el  caso en que los individuos podrían rebelarse contra el organismo: cuando éste cause perjuicios a su integridad corporal, a su bienestar económico o a su libertad física, o sea, si la organización no cumpliera su parte del contrato social el pacto quedaría roto inmediatamente. Tal como lo sostiene la Constitución Argentina.

El pacto, que consiste en una cesión de libertades para dar a la institución el derecho a actuar por los agremiados; no da a ella el derecho a cambiar el pacto. Así como la minoría ha de regirse por el voto de la mayoría

Cuando Hobbes en algún pasaje nombra el reino de la oscuridad, no se refiere al Infierno (no cree ni en el Infierno ni en el Purgatorio), sino a la oscuridad de la ignorancia como opuesta a la luz del verdadero saber.

El reino de la oscuridad está formado por una confederación de farsantes que, para dominar a los socios o agremiados, por medio de doctrinas falsas, se dedican a eliminar la luz de la vida de los hombres que les cedieron el poder.

                                                                    H. M.

 

 

 

Que Dios nos libre de los comerciantes / sólo buscan el lucro personal (Nicanor Parra)

                      Tengamos presente hoy más que nunca, las palabras de ¨Martín Fierro¨ Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera.. porque si así no lo hicieran los devoran los de ajuera

                                                  

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