junio 2013

 

¿Sabe usted qué nos deseó Oliver Wendell Holmes en 1872?

El altamente calificado médico, escritor y educador O. W. Holmes, al término de una conferencia dirigida a nuestros colegas, formuló estas palabras.

¡Que el público esté pronto a apreciar y recompensar vuestras habilidades, y que os desempeñéis de modo que el oído que os oye os bendiga, y el ojo que os ve de testimonio a vuestro favor, y que las sonrisas de innumerables amigos ponga de manifiesto vuestras destrezas manuales, y que el aprecio a vosotros esté en las bocas de una comunidad agradecida!

 

Oliver Wendell Holmes (p)

 

Vean en las siguientes cuatro notas gremiales en qué quedaron – muchas veces – sus buenos deseos.

 

 

¿Sabe usted qué les desearon Gilbert y Sullivan a los charlatanes?

Sin alusiones personales – digamos – los versos que W. S. Gilbert compuso para su opereta El Mikado [Sir Arthur Sullivan les puso música muy pegadiza] y que figuran en la canción Que el castigo corresponda al crimen se podrían aplicar a los charlatanes de publicidades locales y a sus encubridores:

The advertising quack who wearies

With tales of countless cures,

His teeth, I’ve enacted,

Shall all be extracted

By terrific amateurs.

[Literalmente: Al charlatán de la publicidad que nos harta con cuentos de incontables curas, he dispuesto que sus dientes deberán ser extraídos por terríficos aficionados.]

 

¿Sabe usted por qué me duele la patria?

 

Duele el cinismo de quienes tienen la sartén por el mango, y el mango también (M.E.W.), como para nombrar en la Comisión de Ética de su ONG a un expresidente cuya ética fue, por lo menos, cuestionada, aunque lo hayan sacado de la vergüenza con sofismas lamentables.

Empresario de la enfermedad, como los de hoy

De los pies a la cabeza

De la gota a la caries

Todo es negocio para los mercaderes

 

Este episodio trajo a la memoria unas líneas escritas en ocasión de la única vez en muchos años en que la Sacra Instución salvadora aceptó a regañadientes que hubiera elección de autoridades con una lista ¡opositora! ¡Oh sacrilegio!

 

Algunas palabras al caso, de allá por el 2000 – tras haber perdido las elecciones en la Asociación Odontológica Argentina – siguen siendo tanto o más válidas que ayer. ¡Mi reino por un caballo! Dijo aquel rey shakesperiano. Hoy está como para gritar ¡Mi reino por una odontología con cojones!]

 Soy socio vitalicio de la Asociación Odontológica Argentina, mi patria chica, reflejo de la patria grande, me duelen ambas. Las cifras de las elecciones del 2000 en la AOIA son desoladoras desde muchos puntos de vista, en meditaciones señalables y destinadas más a un posible futuro que a llorar sobre la leche derramada.

Sólo 2 líneas para subrayar MI gran derrota (la culpa es del capitán y no de la tripulación). La AOA tiene 6800 socios (año 2000). Votaron 680. 10%. 560 votaron por la lista oficialista. 120 votaron por la oposición. Los ganadores se jactaron de su gran triunfo, con 200 votos del interior, siendo que los apoyó apenas el 8% de los socios. En verdad fue la gran derrota: ¡no votó NADIE que no estuviera comprometido de algún modo con la vida institucional! Al oficialismo lo votaron los 360 de Capital que firmaron la adhesión, ni uno más. A la oposición la votaron 120 personas con testículos y ovarios bien puestos, comprometidas con ideas e ineteresadas por la institución. ¿qué pasó con los 6000 restantes?

De este breve análisis surge por qué "me duele la patria". O quizá deba alegrarme, digo, porque quizás esos 6000 están bien situados en la profesión, no dependen de clínicas, ni OS, ni prepagas, y nadan en la opulencia. No necesitan que alguien los defienda gremialmente de los abusos que los empresarios de la enfermedad cometen contra ellos. No necesitan que alguien los defienda contra las miserias que ganan, las limosnas que perciben de parte de esos mismos empresarios, a veces colegas, a veces dirigentes de instituciones odontológicas.

Enunciada la pavada, analicemos qué pasa con los 6000 de la patria chica (los millones de la patria grande los dejo para otros más sabios que yo).

Primero, la apatía, es decir, la falta de pasión. Cuando pienso que la mayoría de los 6000 apáticos son jóvenes, me sobreviene una inflamación aguda de mi crónico dolor por la patria. Algo huele mal si la pasión la tenemos los mayores y los jóvenes o más o menos no tienen pasión ni para sacar sus posaderas de la banqueta e ir a poner un voto. Decía un colistero que la gente de capital debiera votar por correo, como los del interior.

Quizá tenga razón. Pero piensen que del interior votaron sólo 200 y los socios del interior representan la mitad aproximada del padrón. Redondeando, 200 sobre 3400; en capital 460 sobre 3400. Es decir, 3000 no tuvieron ni la pasión necesaria para poner una boleta en un sobre o para gastar 75 centavos de estampillado.

La apatía podría deberse a una maldita frase: "no vale la pena molestarse, total son siempre los mismos y no va a cambiar nada con otras listas de la misma cosa". Así se generan los círculos viciosos. (¿Qué pasaría si el voto nacional fuera voluntario? En los EE.UU., con gran pasión cívica, vota el 50%. ¿Qué pasaría en la patria grande nuestra?) Si cada odontólogo pusiera los ovarios y los huevos y dignidad que pide Marcelo Carta, no habría siempre "más de lo mismo". Vivir no es sobrevivir. Vivir no es vegetar.

Vivir es poner pasión, proponerse objetivos, pelear por el futuro. Profesionalmente, es convencerse de la gran verdad que voy a recordar a los gritos internéticos:

Los empresarios de la enfermedad no existirían si no tuvieran la carne de cañón odontológica que les da de comer.

 

El empresario de la enfermedad no es menos mentiroso que este charlatán

 

 

 

Si tuviéramos la hombría y la dignidad reclamadas, nos levantaríamos contra ellos y con huelgas en serio los obligaríamos a reconocer nuestra existencia como seres humanos y como universitarios con salarios inferiores a los de una doméstica y con una relación laboral muy inferior, mucho más todavía. En la única revolución que creo es en la democrática, la del voto, pero si no hay hombría y "mujería" para esto, me pregunto si en nuestra patria grande y en la chica podría haber las rebeliones sociales que conocieron otros países. Sin ir a extremos, encontremos la manera de sacar de la apatía a los socios de la patria chica. Y me refiero a todas las instituciones, no sólo la AOA, aunque sí hay una donde proporcionalmente más gente tiene lo que se debe tener. Por favor, contéstenme quienes tengan conocimientos de psicología social, sociología, o lo que sea, o amigos que los tengan, para dar explicaciones y soluciones, que las quejas de dolor no sirven para nada si no se busca la medicación etiológica.

Segundo, la resignación, es decir, la renuncia del compromiso que firmamos con la vida, la renuncia a vivir por nosotros mismos, la entrega de nuestro destino no a Dios sino a los que tienen el poder terrenal. Cuando un hombre se resigna, cuando entrega su vida al poder, mañana podría estar entregando a su esposa para el derecho de pernada, si el empresario de la enfermedad se lo pidiera. Los señores feudales tenían este derecho de prioridad reconocido de poseer a la recién casada con un vasallo. Los vasallos se resignaban, porque el poder -creían- era de los otros. Hasta que llegó la Revolución Francesa y fundó los derechos de Libertad, Igualdad y Fraternidad (L, I, F).

Hasta que llegó la globalización y el FMI y otros espantapájaros que agitan los empresarios ante nuestros ojos para hacernos resignar a nuestros derechos de LIF.

Me duele la resignación. Yo no me resigno. Por esto me llaman conflictivo los dirigentes. Están acostumbrados a los resignados y a la hipocresía y molestan los conflictivos que dicen las verdades en la cara. Si hasta tuve compañeros de lista que se asustaron cuando fui "lejos" con las verdades.

Con la verdad, no ofendo ni temo. Dicen, pero hoy son muchos los que se ofenden ante las verdades o son pudorosos.

Me duele la resignación de mis colegas, porque así es como nos tienen dominados. Escuché a la brillante profesora Beatriz Maresca decir, con razón, que es absurdo que los auditores sean empleados de los empresarios y que debieran ser como los árbitros de la AFA. Cierto, pero nadie hace nada por corregirlo. Si alguien acota que serían sobornables, le recuerdo que los referís de fútbol también lo son. Y cada uno de nosotros. Para eso está la moral de cada uno y están las leyes. Éste hubiera sido un punto prioritario de haber triunfado mi lista y lo será en el futuro. Pero el 90% de los socios de la AOA y de la profesión están resignados a que se viva esta barbaridad y muchas más, que ya expondré. Si los progresistas, como los que votaron por R y T, nos uniéramos y diéramos la cara y pusiéramos las 70 firmas impuestas, quizá comenzara a esfumarse la resignación. Mientras tanto, reitero el pedido anterior: por favor, ayúdenme a desentrañar con auténticos conocimientos sociales y psicológicos este misterio de la resignación de jóvenes que salen de la Facultad "esperanzados" con ganar 1000 o 1500 pesos mensuales. Los empresarios de la enfermedad debieran pagarles la carrera, porque esos chicos se están rompiendo el alma para después caer en sus garras, resignadamente.

Tercero, falta de solidaridad, es decir, resignación del derecho y deber de la Fraternidad [que con la igualdad y la libertad preconizó Diderot]. Cada cual para sí, a salvarse como sea. Los empresarios nos refriegan las narices con esta verdad de la ausencia de solidaridad, cuando le dicen a un colega explotado "si no le gusta, váyase, que tengo a cien esperando para ocupar su lugar".

Si fuéramos solidarios, esto no pasaría. Si fuéramos soliDarios, en vez de soliTarios, pasaríamos momentos difíciles, cierto, pero podríamos triunfar, como los huelguistas de otros tiempos, que se jugaban en serio sus vidas y la de sus familias para que se respetaran sus derechos a vivir dignamente.

He visto la cobardía y la falta de solidaridad.

 

 

 

He visto a un colega que decía estar muy preocupado por la situación de la profesión, pero el día que lo incorporaron como endodoncista a una prepaga, se le acabó la preocupación y mandó la solidaridad al infierno.

Espero de los colisteros otros ejemplos, sin nombres, de falta de fraternidad. Quisiera escuchar propuestas de cómo salir la de la soliTaridad y entrar en la soliDaridad de la donación de órganos, de la contribución a Caritas, del trabajo comunitario. No hablo del dinero que tanto escasea. Con estos ejemplos estoy queriendo señalar que debe de haber alguna manera de que unamos nuestras manos contra los enemigos comunes.

 

                      Tengamos presente hoy más que nunca, las palabras de ¨Martín Fierro¨ Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera.. porque si así no lo hicieran los devoran los de ajuera

                                                  

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