mayo  2005

  El círculo macabro de la injusticia

 

 

Introducción

Los grandes pensadores son los que descubriendo la naturaleza de las cosas las expresaron de tal manera que sus apreciaciones son válidas para todos los tiempos y lugares. Siguen siendo actuales Platón, Aristóteles, Agustín de Hipona, Tomás el de Aquino y tantos otros que teniendo puesta la mirada en las cosas nos hablaron de lo que veían. Nos sorprenden cuando los leemos porque nos encontramos presentes en sus líneas cuando ni siquiera nos conocieron ni imaginaron cómo seríamos tantos siglos después.

Es tarea muy grata presentar en breves líneas el pensamiento de Platón con respecto al círculo vicioso de la injusticia en un pueblo. Este pensador de manera genial traza una descripción de las distintas situaciones injustas que puede vivir una sociedad y cómo sólo es posible salir de este círculo vicioso de la injusticia a través de un salto trascendente hacia la justicia. Seguiremos su obra: La Política, entre sus números 547c-573c.

Presentaremos en primer lugar las cuatro situaciones injustas definiéndolas brevemente (punto 1), luego describiremos cada una de ellas (punto 2) y finalmente veremos cómo unas engendran las otras (punto 3), concluiremos viendo cómo es posible salir del círculo vicioso de la injusticia.

N de la R.- Este interesante artículo, en el que se ve cómo se puede aplicar la filosofía a los tiempos nuestros, fue recogido en la sección correspondiente de la interesante revista digital católica española: www.antorchacultural.com

1.- Situaciones injustas

Una ciudad, según Platón, puede atravesar cuatro situaciones de gobierno injustas: Timocracia, Oligarquía, Democracia y Tiranía. La timocracia es el gobierno de los militares, de aquellos que ostentan la fuerza y dominan a los demás por el abuso de las armas. La oligarquía es el gobierno de los ricos, aquellos que dominan a los demás por el uso y abuso del dinero. La democracia, en un sentido diferente al nuestro, es el gobierno del desgobierno pues nadie sabe quién es la autoridad porque estando en manos de todos nadie puede ejercerla. La tiranía es el gobierno de un solo hombre que gobierna para sí humillando y sangrando a sus propios conciudadanos. Estas cuatro situaciones son injustas, no pueden darse todas juntas y una engendra a la otra. La injusticia radica en dos cuestiones fundamentales: en primer lugar, en estos gobiernos no gobierna el más sabio o prudente, es decir, quien tiene mejor dotes de gobierno sino quien ostenta una cualidad que no es la propia de quien está a la cabeza de una comunidad de personas. En segundo lugar, los gobernantes no buscan el bien común sino sus intereses particulares, lógicamente se deriva de lo anterior pues quien no gobierna con prudencia sino por alguna característica distinta solo puede buscar su bien o el aumento de esa cualidad. El gobierno militar busca aumentar su poderío armamentístico, el gobierno oligarca aumentará el poder económico de los que gobiernan, el demócrata aumenta el caos del descontrol absoluto y el tirano buscará aumentar su poder ilimitadamente. Sigamos a Platón en la descripción de cada uno de estos gobiernos injustos.

2.- Descripción de los sistemas de gobierno injustos

2.1.- La timocracia

La timocracia es un “término medio entre la aristocracia y la oligarquía” pues mantienen el sentimiento de elite de la primera junto al amor al dinero de la segunda, por eso son “Codiciadores de riquezas y adoradores feroces y clandestinos del oro y la plata… Amigos de gastar lo ajeno para satisfacer sus pasiones” unido esto a la “ambición y ansia de honores”, propio de la aristocracia. El afán de aparentar una virtud que no se posee hace que se “proporcionen los placeres a escondidas, por haber sido educados no por la persuasión sino por la fuerza”.

Como buenos militares aprecian la fuerza y el poderío de esta, por eso “no tienen magistrados sabios por no encontrarlos entre ellos, inclinándose hacia los seres más fogosos”. Así los conflictos que se desaten en la ciudad no tendrán una solución racional sino se inclinará la balanza de la in-justicia hacia el más fuerte.

Los hombres que se desarrollan en este sistema de gobierno son: “ambiciosos, obstinados, amigos de la gimnasia y de la caza, amigos de cargos y honras”. En la vejez se inclinan hacia la avaricia que es el modo de mantener la fuerza cuando el físico declina por la edad.

El gobernante además se transforma en modelo de los ciudadanos, por lo cual la ciudad se estructura bajo el signo de la fuerza y la ambición.

2.2.- La oligarquía

Es el gobierno donde “mandan los ricos sin que el pobre tenga acceso al gobierno. Son honrados la riqueza y los ricos, se aprecia menos la virtud y a los virtuosos”. Como el dinero genera fácilmente una clase y permite la exclusión de los demás es fácil mantener la diferencia y hacerse con el poder. Como el dinero no tiene misericordia de ningún tipo Platón manifiesta las siguientes injusticias: En esta ciudad “gobierna el más rico y no el mejor”, con lo cual dentro de la misma ciudad se generan “dos ciudades, los ricos y los pobres, que conviven en un mismo lugar y conspiran incesantemente la una contra la otra”. (Pensemos en nuestro tiempo en el fenómeno de los countries al lado de las villas miserias) Los pobres porque quieren ser ricos y estos porque no quieren dejar de serlo. Todo se compra y todo se vende, hasta la misma dignidad humana, las mismas personas tienen su precio. Una ciudad admite por todo título de ciudadanía el poder del dinero y por eso es “lícito al uno vender todo lo suyo y al otro comprárselo y el que lo haya vendido pueda vivir en la ciudad sin pertenecer a ninguna de sus clases ni ser negociante ni artesano ni caballero ni hoplita, sino pobre y mendigo por todo título”. El dinero como fin de la ciudad engendra la mendicidad, por eso “en una ciudad donde veas mendigos, en ese mismo lugar estarán sin duda ocultos otros ladrones, cortabolsas, saqueadores de templos y artífices de todos los males semejantes”. Es notable la observación de Platón cuando una ciudad ha puesto su corazón en las riquezas no puede menos que dividirse. En verdad existen dos ciudades cuyas reglas son el latrocinio. Unos lo pagan con la cárcel, los pobres, otros lo disimulan como negocio, los ricos, pero ambos emplean las mismas estrategias y ambos tienen en el corazón el mismo vicio: el afán de lucro. Unos lo consiguen  y son señores otros son expoliados y mueren.

En esta ciudad existe un “gran aprecio por las riquezas”, los hombres son “acaparadores e industriosos” y “presentará una apariencia más decorosa que muchos otros pero habrá volado muy lejos de él la genuina virtud de un alma concertada y armónica”. Como todas las cosas materiales que no tienen alma, la ciudad basada en el dinero mantiene una apariencia pero no tiene alma ni corazón.

2.3.- La democracia

Una ciudad democrática estará cimentada en “hombres libres y una ciudad llena de libertad y de franqueza y habrá licencia para hacer lo que a cada uno se le antoje”. Las relaciones entre los ciudadanos no están basadas en la justicia y en la verdad sino sobre la libertad entendida como hacer lo que a cada uno le viene en gana. “En este régimen es donde habrá más clases distintas de hombres”. Cada hombre es totalmente distinto al resto. Como no hay verdades no existen los modelos. El subjetivismo es absoluto, de tal modo que las leyes están de más, porque se puede prohibir algo donde el régimen toma su esencia o naturaleza del hecho que nada se encuentra establecido. Siendo coherente qué puede estar en contra de lo que cada uno decide hacer con su persona y libertad. Por esto “no hay obligatoriedad de nada, aunque uno tenga el don de hacerlo, ni para mandar, ni para obedecer. Por ello se cometen delitos que nadie los castiga”. La democracia entendida de esta manera es un “régimen placentero, anárquico y vario que concederá indistintamente una especie de igualdad tanto a los que son iguales como a los que no lo son”. La injusticia es manifiesta no podemos igualar lo que no es igual. Platón señala que “en un estado gobernado democráticamente oirás decir, creo yo, que ella es lo más hermoso de todo y que, por tanto, sólo allí vale la pena de vivir a quien sea libre por naturaleza”. Sin embargo, inmediatamente señala los defectos que se manifiestan en un régimen de este tipo: En primer lugar, “por causa de la insaciabilidad... obligan frecuentemente a personas no innobles a convertirse en mendigos”, la libertad desmedida de unos termina con la libertad de otros que se envilecen ante las personas a causa de las pasiones desordenadas de su cauce normal. Además, en segundo lugar, “unos deben dinero, otros han perdido sus derechos, y algunos, las dos cosas”, la libertad es el pretexto de los más fuertes que quitan haciendas y derechos a los más débiles so capa de libertad e igualdad de condiciones que no existen. En tercer lugar, en el régimen democrático se “hacen lujuriosos a los jóvenes e incapaces de trabajar con el cuerpo ni con el alma y perezosos y demasiados blandos para resistir el placer y soportar el dolor”. El alma juvenil entregada al placer no tiene resistencia destrozando el tesoro de virtud del que el joven es capaz.

2.4.- La tiranía

Este régimen comienza porque la persona que gobierna al principio se muestra como un benefactor del pueblo: “En los primeros días y en el primer tiempo sonríe y saluda a todo el que encuentra a su paso, niega ser tirano, promete muchas cosas en público y en privado, libra de deudas y reparte tierras al pueblo y a los que le rodean y se finge benévolo y manso para con todos”. Sin embargo, pasado el tiempo y “cuando hay tranquilidad, suscita algunas guerras para que haya necesidad de un conductor”. Se muestra de tal manera que la gente lo considere imprescindible y “depura la ciudad para no tener contrarios”, el miedo hace que los adversarios cuiden su vida y prefieran quedarse callados ante los males e injusticias. En un régimen de este tipo rige la desconfianza y por eso “necesita guardias de hombres pagos. Normalmente serán o extranjeros o esclavos liberados para tal propósito, por tanto la ciudad cae en manos de esclavos”. La tiranía devuelve el gobierno a la fuerza del militar o de la guardia policial pero con la diferencia que esta gente es apátrida no se interesa por la ciudad porque no forma parte de ella sino que permanece siempre extraña a la misma.

Con la descripción de los cuatro regimenes injustos nos queda ahora por observar cómo uno engendra al otro transformándose en un círculo vicioso que solo permite su salida, como los laberintos borgianos, hacia arriba, hacia lo que trasciende el circulo injusto.

3.- La trampa del nunca acabar

Platón señala que en el paso de un régimen injusto al otro influye mucho la educación familiar por eso el paso de uno a otro tiene que ver con el crecimiento de una infante en uno de los regimenes. El comienzo del círculo no es vicioso, sino que tiene lugar en los comienzos de las naciones que suelen ser heroicos y como tales llenos de gestos de nobleza. Cuando la nación se ha formado los nobles que la hicieron posible son despreciados por quienes se aprovecharon de sus trabajos y quedan en la miseria. Como son nobles y héroes tienen en nada estas humillaciones, sin embargo, en casa la madre hace sentir a sus hijos pequeños el menosprecio del que ha sido objeto su padre. Los niños formados de esta manera siguen la carrera militar del padre pero sin sus ideales, se hacen con el gobierno por la fuerza y se establece el primero de los gobiernos injustos: la timocracia o el gobierno de los fuertes, quienes a su vez luchan entre sí por el máximo poder. Algunos son derrotados y humillados, pero la venganza de los fuertes humillados y derrotados es la adquisición del dinero que todo lo compra y puede. Con este dinero se hacen con el gobierno derrotando a los fuertes y aniquilándolos. Sin embargo, la riqueza trae el elitismo que cada vez se hace más reducido, provocando una masa de pobres que cansados de estar explotados se levantan y se hacen con el poder, estableciendo la igualdad con el fundamento de la libertad absoluta. Aquí se desarrolla el “hombre igualitario” que Platón define en estos términos: “Se apoderan de la fortaleza del alma juvenil, dándose cuenta de que está vacía de buenas doctrinas y hábitos y de máximas de verdad, que son los mejores vigilantes y guardianes de la razón en las mentes de los hombres amados por los dioses… No acogen los consejos que como embajadores, envían otras personas de más edad… Se destacan por la insolencia, la indisciplina, el desenfreno y el impudor. Los elogian y adulan, llamando a la insolencia, buena educación, a la indisciplina, libertad; al desenfreno grandeza de ánimo y al impudor, hombría… Dan igualdad a sus placeres. Dignos e indignos… No dan acogida a máxima alguna de verdad… No hay orden ni sujeción alguna en su vida… Es un hombre igualitario”. La descripción parece sacada de la democracia que nos toca vivir. Platón no nos conoció sin embargo nos describe de pies a cabeza. Esta igualdad fundamentada en una libertad sin límites, provoca un caos que no se puede frenar. Paradójicamente la libertad sin verdad y sin justicia cansa. Lo que al principio era bello al final provoca hastío y desolación. De esta manera ante la ineficacia para restablecer un orden cuando nadie acepta ninguno, se hace necesario alguien que con mano firme restaure el orden, entra en escena la figura del tirano, que al principio es alabado por todos y tenido como restaurador del orden y de la moralidad, y que luego se anquisola en el poder rodeado de aduladores y llenando la ciudad “de miedos, lamentos, gemidos, plañidos y dolores”. El tirano es derrocado por un grupo de hombres fuertes que se hacen con el poder generando una nueva timocracia y así el círculo se vuelve vicioso y la historia es de nunca acabar.

Conclusión

El acercamiento a nuestra realidad es inevitable. La Argentina vivió años en que la fuerza quiso apoderarse del gobierno. La timocracia terrorista izquierdista por un lado y el gobierno militar que se perpetuó en el poder innecesariamente hicieron que el círculo vicioso comenzase a rondar en las esferas de nuestra patria. La timocracia nos trajo una mezcla de oligarquía y democracia. El poder del dinero domina en lo más alto mientras al pueblo le hacen creer que eligen sus representantes mientras la libertad genera fiesta y alegría, desenfrenos, calamidades, negligencias e irrespetuosidades. Cualquiera ofende a cualquiera resguardándose en libertades absolutas que son nefastas. La queja de Platón se hace insoslayable, los jóvenes son lujuriosos porque los viejos queriendo ser iguales a ellos también lo son. Los jóvenes no respetan las canas porque las canas están teñidas, siendo tan irresponsables los viejos como los jóvenes. La historia de inmoralidades hace padecer tanta injusticia: la inseguridad que padecemos cotidianamente y el mundo piquetero que no respeta ningún código normal de convivencia son dos botones de muestra en nuestro país. Pensamos que el círculo vicioso de la injusticia no puede parar a costa de que la comunidad humana se disuelva. El caos de la democracia precede al tirano. Falta que el cansancio nos inunde para que lo estemos pidiendo necesariamente.

El único modo de frenar semejante catástrofe consiste en escapar de lo injusto por lo justo, no existe otra manera. Lo justo para Platón consiste en que la sociedad esté estructurada al modo del cuerpo humano. La cabeza arriba dirigiendo, el pecho en contacto con la cabeza defendiendo y el estómago por debajo de los defensores manteniendo el cuerpo entero y todas las partes perfectamente armonizadas. Así quien gobierna es la cabeza y tiene como virtud suprema la prudencia para llevar la ciudad entera a la felicidad humana. Quien defiende tiene la fortaleza y permiten mantener la paz con las ciudades vecinas. Quien mantiene la ciudad con los alimentos y trabajos manuales tienen la virtud de la templanza que los ayuda para que no produzcan bienes superfluos e innecesarios que los haría enriquecerse en desmesura causando el perjuicio de la ciudad. La armonía de todos estos estamentos es lo justo que Platón considera como una armonía musical, como una orquestación donde cada parte sin perder lo propio se pone al servicio de las demás. Ninguna parte puede asumir lo que toca a la otra so pena de arruinar la armonía y terminar con la obra. En este sentido es muy importante para Platón que cada ciudadano descubra por medio de la educación sus virtudes naturales para que desarrollándolas sea feliz, ocupe el lugar que le corresponde dentro de la ciudad y sea feliz. Para el pueblo griego en general la meta de la vida consiste en que el hombre sea feliz y para esto vive en una comunidad política.

La ciudad justa sólo es posible si somos gobernados por filósofos, es decir, por gente que piense y reflexione sobre lo mejor para todos. La modernidad, especialmente a través de Maquiavelo –autor de cabecera de muchos de nuestros gobernantes- cambió el punto de enfoque del pensamiento del gobernante que no consiste en pensar qué es lo mejor para todos sino la manera de mantenerme en el poder. Así no importa el régimen que nos toque vivir porque con este enfoque cualquier ciudad toma la apariencia de una tiranía. Es la paradoja de los tiempos modernos, considerando las descripciones de Platón por un momento nos da la impresión de estar viviendo en una democracia tiránica, oligárquica y timócrata, es decir, en un régimen de irrespetuosidad en vistas de una libertad que nos aterra, mandada por el poder del dinero y que llena el corazón de la gente de temores, tristezas y vaciedades. Por un momento parecería que el lazo que forma el círculo de la injusticia se cerrara sobre nuestro cuello asfixiándonos. En semejantes circunstancias no queda otra posibilidad que cortar el lazo para no morir asfixiados. El lazo corta la respiración y la circulación, es decir impide la entrada de aire a los pulmones y de sangre a la cabeza. Con este pequeño artículo pretendemos romper el lazo y que el aire fresco llene tus pulmones y la sangre nueva permita que tu cabeza piense.

El caos no solo se vence con la fuerza sino con el pensamiento que busca la verdad, que no se acomoda en un relativismo cómodo sino que firme y serenamente muestra el camino a las nuevas generaciones para que ellas actúen de otra manera. Esta es nuestra intención, hemos querido mostrar a los jóvenes otro camino, el camino de la justicia, para que ellos viviéndolo en la propia vida puedan ser felices en una ciudad justa.

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