enero 2011

 

El Noticiero de la AOA, por suerte ya no es elemmental como solía, las notas elegidas por su Director son útiles y tienen que ver con la función del D.O.S. Quizás algún día conozcamos la opinión personal y no sólo la transcripta… pero no es cuestión de pedirle peras a la AOA.

Algo resumidas, y corregidas, van dos notas incluidas en el último Boletín.

 

Más de 16 millones sin obra social ni prepaga    

El gasto global del sistema sanitario argentino superará los 100.000 millones de pesos este año, como consecuencia de la inflación y de los aumentos salariales. Más de 30.000 millones de ese total deberán ponerlos los pacientes (“gasto de bolsillo”), para medicamentos o para la atención médica misma, ya que unas 16 millones de personas carecen de obra social o prepaga. Esto representa el 30% de la inversión en salud, y recae en su mayor parte en los sectores menos favorecidos.

Los precios de los medicamentos y el costo de las prestaciones muestran fuertes subas, y los aumentos salariales en el sector rondan el 30 por ciento, contribuyendo a la presión sobre las erogaciones.

El elevado costo del equipamiento y el arribo de nuevas tecnologías son factores que inciden en la disparada del gasto en el sector, ya que la adquisición de tomógrafos, resonadores y otras tecnologías de punta, así como sus repuestos e insumos, se realiza en dólares.

Los datos forman parte de estudios previos con vistas al XIII Congreso Argentino de Salud que la Asociación Civil de Actividades Médicas Integradas (ACAMI) realizado el 2 de setiembre en Mendoza, donde prestadores, profesionales de la salud y jueces analizaron el problema de los amparos y de la “judicialización” de la medicina, con alta incidencia en los costos.

El titular de ACAMI, licenciado Marcelo Mastrángelo, consideró que “discutir un sistema de financiamiento genuino para garantizar mayor equidad en la salud debe ser responsabilidad de todos los sectores involucrados.”

Al analizar el costo de la salud, los salarios significan el 60%: a esto se suman los mayores costos por la vacuna contra la Gripe A—que dejó de ser una pandemia —, la judicialización (por mala praxis), por las nuevas tecnologías, por los tratamientos de enfermedades que antes no tenían cura (sida y cáncer) y hasta por la sobreutilización innecesaria de servicios. Añádase el elevado costo de los medicamentos (algunos fármacos valen aquí 8 veces más que en España), y el envejecimiento de la población, ya que las personas mayores consumen 5 veces más quc el resto.

En la Argentina, 16 millones de personas carecen de cobertura de obra social o prepaga —un 40% de la población—, y como se atienden en el hospital público, deben abonar los fármacos al 100%, sin ningún descuento.

Un proceso similar se da en la atención médica, cuando se debe apelar al sector privado, porque la descomunal demanda suele generar turnos muy alejados.

En la esfera pública, los 1 .200 hospitales con internación distribuidos en todo el país soportan el crecimiento sostenido de la demanda, que en numerosos casos llega al colapso de los servicios.

Sólo para la Capital Federal, se calcula que los 33 hospitales porteños atienden más de 11 millones de consultas anuales, buena parte proveniente del conurbano bonaerense, con la infraestructura hospitalaria en crisis.

De los más de 40 millones de habitantes que tiene el país, se estima que el 40 por ciento es atendido por el sistema público, que dispone de menos de la cuarta parte del gasto total. Un 52 por ciento, por las obras sociales y el PAMI y un 8 por ciento (algo más de 3.200.000 personas) por las prepagas.

En la actualidad, el PAMI cuenta con un presupuesto de 15:600 millones de pesos para atender a 6,4 millones de jubilados y pensionados, un promedio de 203 pesos por mes, aunque no todos los jubilados se atienden por esta obra social, pues cuentan con prepagas o los hijos los incorporan a sus planes de salud.

El PAMI, siempre con datos de 2009, atendió a 4.065.000 beneficiarios, jubilados y pensionados y movió $9.181 millones, con un promedio de 188 pesos mensuales por beneficiario. La cantidad de personas atendidas  creció en unos 2 millones en los últimos tiempos a partir del programa para incorporar al sistema a las personas que no tenían los aportes al día.

El sector privado de la salud reúne a tres subsectores: el mayor es el de las obras sociales sindicales nacionales y provinciales, con 14.513.956 y 6.291.186 afiliados, respectivamente, que dispusieron durante 2009 un monto de $29.072 millones.

Las empresas de medicina prepaga, hospitales de comunidad, sanatorios y clínicas cubren a 4.600,000 personas de poder adquisitivo medio o alto, que gastaron en 2009 5 12.807 millones, unos 232 pesos mensuales por persona.

IntraMed, 15/08/10

 

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Está lloviendo..., pero dicen que hay un sol radiante

 Cuando se comparan los sistemas de salud, en términos de eficiencia y equidad, la fragmentación y segmentación son un claro indicador de que cuanto mayores son, predominan la ineficiencia y la inequidad.

No sucede lo mismo, por lo menos en forma tan clara, y a pesar de las preferencias o disputas ideológicas, cuando se analiza el mix público privado de la red prestadora, especialmente la calidad e intensidad de su regulación .

Un factor contundente es que, en todos los análisis comparativos, resultan absolutamente más equitativos los sistemas en los que predomina el gasto público, o solidario, el proveniente de rentas generales sumado el de cotizaciones sociales (aportes y contribuciones).

Claramente, el aumento del gasto de bolsillo es un fehaciente indicador de inequidad y habitualmente también de ineficiencia.

La inequidad, en términos económicos (fuera del análisis las faltas de equivalencia en calidad, acceso, tiempos de espera, etc.), está centrada especialmente en dos de los componentes del gasto en salud: los medicamentos y la atención ambulatoria.

Ésta inequidad, en términos de política sanitaria, tienen dos respuestas contundentes: política de medicamentos (genéricos, uso racional, etc.) y atención primaria de la salud resolutiva y con redes integradas, la aplicación de fondos, una correcta política regulatoria que tienda a la integración y a una adecuada modulación del financiamiento.

Nada se ha avanzado sobre la brutal fragmentación y segmentación que caracterizan a nuestro sistema de salud. (Son más que elocuentes consecuencias  los episodios que involucraron en los últimos años a la Superintendencia de Servicios de Salud.)

Y tal vez sólo puedan rescatarse como trascendentes en ese camino de búsqueda de una mayor equidad y eficiencia, la política de medicamentos (programa Remediar y prescripción por el nombre genérico), la revalorización de la atención primaria de la salud sobre la que se sustentaron valóricamente el plan Nacer y el programa de Médicos Comunitarios y las medidas de transparencia regulatoria e incremento de la solidaridad que en algún momento llevaron a la misma superintendencia a alcanzar el premio nacional a la calidad.

Todas las acciones referidas pueden ser cuestionables y discutibles en términos de su diseño, características de implementación y profundidad, pero estaban indisolublemente ligadas al concepto de mayor equidad sanitaria.

Si a ello sumamos que, más allá de las posibles discrepancias de medición en términos económicos, la Argentina ha mostrado indicadores elocuentes de crecimiento desde el 2003 en adelante (indicadores, que si bien comunes a toda América latina, han sido de los mejores en nuestro país), resultaría casi inexplicable que ello no se traduzca en mayor equidad en salud.

Si se compara la composición del gasto de consumo de los hogares según finalidad, nos encontraremos con algunas sorpresas: porcentualmente, el gasto en educación (32,3) y en salud (5,3) encabezaron los aumentos entre 2004 y 2009, superando a la indumentaria y el calzado (2,4) y a los alimentos (0,60). Para el segundo quintil, esto representa en promedio unos $ 80 mensuales, de ingresos muy inferiores a los $ 900.

La “inexplicabilidad” ¿estará solamente referida a la públicamente declarada corrupción intrínseca del sistema? ¿O a la inocultable falta de sostenimiento de las políticas en términos de calidad institucional? Dado que las nuevas conducciones del sector han recuperado y hecho propias varias de aquellas iniciativas, el apoyo y la sostenibilidad de las mismas parecen constituir imperativos ineludibles.

De lo contrario, seguiremos discutiendo marginalidades, o para decirlo en otros términos estaremos diciendo que es un día soleado.., mientras está lloviendo torrencialmente.

Dr. Rubén Torres (www.revistamedicos.com.ar), julio 2010

 

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Felicitación a RAOA

 

En “La educación en América latina, un mito”, escribió Andrés Oppenheimer, el martes 28 de setiembre de 2010, lo siguiente en cursiva, citado fuera de contexto en la RAOA, apenas mes y medio después.  ¡Felicitaciones por esta insólita celeridad! ¿A qué se deberá?

 

MIAMI.- Cuando le pregunté a Bill Gates, en una entrevista, sobre la convicción muy difundida en América latina de que la región tiene algunas de las mejores universidades y centros de investigación científica del mundo, el fundador de Microsoft me miró con cara de asombro. "¿De verdad creen eso?", me preguntó.

 Si los latinoamericanos están satisfechos con sus sistemas de educación pública -como revelan las encuestas- la región está en problemas, señaló. El secreto del éxito educativo y tecnológico de China y la India es la humildad y cierta dosis de paranoia, me dijo. En efecto, la región podría beneficiarse de una dosis de paranoia constructiva respecto de la educación, ciencia, tecnología e innovación.

 Según una encuesta de Gallup y el Banco Interamericano de Desarrollo, los latinoamericanos están mucho más satisfechos con sus sistemas educativos que los estadounidenses, los alemanes o los japoneses, a pesar de que los países latinoamericanos figuran entre los últimos puestos en las pruebas estudiantiles y en los rankings internacionales de educación.

 Simultáneamente, cuando uno mira los resultados del test PISA de jóvenes de 15 años en todo el mundo, se encuentra con que mientras los estudiantes de Hong Kong sacan un promedio de 550 puntos, los de Corea del Sur 542 puntos y los de Estados Unidos 483 puntos en matemáticas, los estudiantes de Brasil, México, la Argentina, Chile y Perú sacan un promedio de 400 puntos. [¿En vez de un 5 sacamos un 4? ¡Vaya diferencia, Sr Oppen!]

 En la educación superior y la investigación, las estadísticas son tanto o más preocupantes.

 No hay una sola universidad latinoamericana entre las 100 primeras instituciones de educación superior del mundo, según el Ranking del Suplemento de Educación Superior de The Times 2009-2010.

.Un ranking similar de la Universidad Shanghai Jiao Tong, de China, tampoco incluye a ninguna universidad latinoamericana entre las mejores 100, a pesar de que Brasil y México figuran entre las 13 economías más grandes del mundo.

 De todas las inversiones en investigación y desarrollo en todo el mundo, menos del 2% se realizan en América latina, según el Observatorio Iberoamericano de Ciencia y Tecnología. Comparativamente, casi el 30% de las inversiones mundiales para investigación y desarrollo se realizan en Asia, añade.

Mientras China dedica el 1,4% de su PBI a investigación y desarrollo, Brasil invierte tan sólo el 0,9%; la Argentina, el 0,6%; México, el 0,4%, y Colombia y Perú el 0,1%. [¿Segundos de Brasil, nada más, que en odontología es tan superior a nosotros? ¿Cuántos trabajos publicaron en el mundo los de USALÑ?]

En materia de investigación, mientras un país asiático relativamente pequeño como Corea del Sur registra 80.000 patentes anuales en todo el mundo, Brasil sólo logra registrar 600 patentes por año; México, unas 300, y la Argentina, 80.

Sólo el 27% de los jóvenes latinoamericanos en edad universitaria están inscriptos en instituciones de educación superior, comparado con el 69% de los países industrializados, según la Organización para la Cooperación Económica y el Desarrollo.

¿Puede América latina remontar este retraso? Por supuesto que sí. Durante la investigación que realicé en los últimos cinco años sobre la educación en el mundo, encontré ejemplos muy concretos que podrían mejorar la calidad educativa en la región. Chile creó un fondo de 6000 millones de dólares para otorgar 6500 becas anuales a graduados universitarios para que hagan doctorados -casi todos en ciencias e ingeniería- en Estados Unidos y Europa. Uruguay es el primer país del mundo en darle una laptop a cada niño en escuelas públicas. Los ejemplos esperanzadores abundan.

 Pero el primer paso debe ser acabar con el triunfalismo y, como decía Gates, ser más humildes. Sólo así, con una sana dosis de paranoia constructiva, podremos vencer la complacencia, crecer más y reducir más rápidamente la pobreza.

Al Sr Oppen sólo le interesar mostrar parcialmente lo mal que estamos en la Argentina. Yo, en cambio, estoy orgullosos de los brillantes cerebros surgidos de la UBA y demás universidades nacionales públicas, que nos han dado Premios Nóbeles. 

Al finalizar la lectura del artículo La educación en América latina, un mito, publicado en La Nación y escrito por Andrés Oppenheimer, sentí una irremediable amargura, escribe un titular de la USAL/AOA, apenas un mes después de la aparición del usual vómito corporativo. Al finalizar la lectura del artículo yo también sentí profunda amargura. Cita el párrafo que arriba aparece en rojo. Me amarga que un titular no investigue más, que se nutra de sólo intereses sesgados y que lo publiquen con una celeridad inusual en la RAOA.

En ese instante me pregunté”: ¿éste es el criterio docente y de investigación? ¿Sabe el señor profesor que desde 2003 a la fecha se construyeron 1000 escuelas en la RA? ¿Saben Oppenheimer y el Sr.Prof. que en la RA también se han distribuido laptops a los estudiantes, gratuitamente? ¿Saben los quejosos y amargados que nuestros investigadores son los primeros solicitados en USA, su madre patria? ¿Saben que el 17-12-10 publicó La Nación una lista de los notables progresos en varios campos de los investigadores argentinos?

“Indudablemente surgió en mí otra duda:” ¿’no sabe un docente qué más se puede hacer para estimular (stimulus se escribe sin e)? ¿Sólo se le ocurre la genialidad de un póster (aprobado por la RAE este innecesario neologismo). ¿Los alumnos de la USAL también son mediocres? ¿Cuánto influyen los docentes? ¿En qué universidad se formó el autor, no será en la UBA? Allí se formaron notables profesores que enseñan en USA y hasta escriben la reedición de “biblias” odontológicas (Glickman)

““Educar no significa llenar un barril, sino encender una antorcha” , dijo Heráclito, lo cual significa iluminar el camino, enseñar a pescar en vez de servir el pescado cocido. Entréguese el Sr Prof al placer de la búsqueda yu podrá trasmitirlo a sus alumnos. No se limite a leer un articulito de claro bias, para correr a publicar en genial impromptu sus insólitas elucubraciones, tan meditadas ellas.

Salga el sr prof del endodonto al amplio mundo y encienda una antorcha con sus pósteres.

                    FIRMADO: Horacio Martínez

 

                      Tengamos presente hoy más que nunca, las palabras de ¨Martín Fierro¨ Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera.. porque si así no lo hicieran los devoran los de ajuera

                                                  

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