enero 2014

 

Es dramático que un médico deba hacer huelga

Por Elena G. Sevillano, en EL PAÍS, 18 sep 2013

 

Se podría decir que todo empezó con una carta. Mayo de 2012. Un neurocirujano de 45 años del hospital 12 de Octubre de Madrid escribe un texto sobre cómo los recortes indiscriminados y la mala gestión de burócratas ignorantes amenazan el sistema sanitario español. “Es el momento de dar un paso adelante”, clama. Resultó que no estaba solo. Los médicos, tradicionalmente poco dados a la protesta, empezaban a moverse. La carta se difundía en blogs de estudiantes de medicina. El enfado crecía. Un mes después se creaba la Asociación de Facultativos Especialistas de Madrid (Afem), la organización que ha puesto contra las cuerdas al Gobierno regional de Madrid en su intento de privatizar la gestión de seis hospitales públicos.

Poco se imaginaba aquel neurocirujano, Pedro González León, casado y con dos hijos de 8 y 11 años, que la semana pasada la asociación que preside conseguiría que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid paralizase cautelarmente el proceso de privatización. Era la culminación de muchos meses de lucha, que empezaron incluso antes de que Madrid anunciara el mayor paquete privatizador de la sanidad pública puesto en marcha en España, en octubre pasado. González dice no sentirse cómodo en su papel de líder de la marea blanca. “Me decidí a hacer algo por obligación y responsabilidad moral, pero no imaginé que llegara a esto”, dice, y confiesa que le da vergüenza la exposición pública.

Minutos después hay ocasión de comprobarlo, cuando una mujer se acerca a la mesa de la cafetería donde tiene lugar la entrevista, le pregunta si es Pedro González y le dice: “Soy médico radióloga en Getafe. Enhorabuena y muchas gracias por lo que habéis conseguido”. Efectivamente, González es tímido. Antes de liderar Afem no había pertenecido a ningún partido político, sindicato u otra organización... Como el resto de la junta directiva. “Cuando empezamos no sabíamos nada”. No tenían estrategia y los políticos no sabían qué pensar de ellos. Pero sus convocatorias llenaban la calle de batas blancas. De repente, llamaron a una huelga indefinida. “Es dramático que un médico tenga que hacer huelga. No se puede tomar una decisión más difícil”, dice.

 

       Asegura que no les quedaba más remedio si no querían ver dentro de unos años el “increíble” sistema sanitario español reducido a cenizas. “El plan es una chapuza sin fundamento, es peligroso. Desmantela el sistema público, lo desmantela de verdad”, insiste. Y sin embargo, algo tiene en común con Javier Fernández-Lasquetty, el consejero de Sanidad madrileño: “El sistema funcionarial no funciona. Hay que cambiarlo”. Pero la reforma, afirma, tiene que ser consensuada y basada en análisis de lo que falla para hacerla más eficiente. “Como madrileño, quiero que mi dinero sirva para mejorar la salud. Y lo que veo es que ese dinero no se usa para mis pacientes, sino para pagar a unas empresas que ¿cómo van a ahorrar un 20% y además sacar su beneficio empresarial?”.

Afem organizó una colecta para poder pagar al bufete de abogados. González dice estar satisfecho con la paralización —“es más barato no privatizar”—, pero recuerda que ahora hay que ponerse a trabajar para cambiar el sistema. Él solo quiere que esto pase y volver a su quirófano y su consulta, asegura. Pero la lucha le ha merecido la pena: “Nunca ha sido por dinero; ha sido por dignidad”.

 

 

 

 

 

 

El arte de curar: Un paso más

 

                 Por el Dr Alberto Bustamante

 

Estimado lector:   No suponga que  se halla frente a un  enjundioso ensayo  sociológico  elaborado con  la  minuciosidad  requerida  para un trabajo  científico.  Nada de eso.   Se trata, simplemente, de una serie de reflexiones  de un viejo odontólogo que, a la luz  de la experiencia que brinda el paso del tiempo,  más  lo que aportan algunas lecturas,  piensa.

Piensa… y sueña.

En la juventud nos orientamos al estudio de la Odontología.  Nos  dedicamos  al conocimiento de la  boca y sus enfermedades.  De resultas de ello, aplicamos el máximo esfuerzo a dominar    los  procedimientos básicos  necesarios para  curar los dientes, a extraerlos cuando  su conservación ya no era posible  y a reponerlos  cuando  se hallaban ausentes.

Más adelante nos interesó una especialidad,  en nuestro caso, la  Periodoncia, en otros,   Endodoncia.  Prostodoncia,  Ortodoncia.     En suma,  nos preparamos  para derrotar a las enfermedades bucodentarias  como lo intenta  toda  persona a quien le interesa    el mantenimiento  de  la   salud.

Por lo  expresado  parecería  que hubiésemos  alcanzado  nuestro objetivo primordial: curar.     Pero  ¿es realmente así?   ¿Es suficiente todo esto para curar?

Cuando yo era joven creía que sí.   Hoy,  no pienso del mismo modo.    Hacían falta más conocimientos. 

Sin embargo, no era en los libros de Odontología  donde  hube de hallarlos.  Fue necesario recorrer otros territorios, los de la filosofía, la sociología, la psicología la ética,  es decir,  los que  se refieren al hombre,  al  hombre en su totalidad.

Aún cuando  el estudio  acerca de los humanos  se remonta  a tiempos inmemoriales,  es en Grecia,  cuna de nuestra civilización occidental, donde  nace la filosofía, el amor a la sabiduría, donde  florece el pensar humano  en la búsqueda de la verdad.  Se crea la metafísica  (rama de la filosofía  que estudia la naturaleza , estructura, componentes  y principios fundamentales de la realidad).   Su base fundamental  es que la verdad  debe buscarse con la razón.

En el siglo XVII,  con Descartes y  su célebre   “pienso luego existo” se crea un nuevo paradigma.  Se establece la  división entre cuerpo y alma  (dualismo).   Esta división  induce  a  que el cuerpo sea visto como algo secundario, como un molesto apéndice que nos hace mortales.   El dualismo no es más que una metáfora de nuestro eterno temor a la muerte.    Se desacraliza al cuerpo.

Esta concepción   genera   consecuencias  positivas y negativas.  Entre las primeras podemos consignar:

a)      Comienzo de la disección humana.

b)      Se  ingresa, además, en la era industrial.  Comienza a verse  al cuerpo humano  como una máquina,  maravillosa,  pero máquina al fin   (cuerpo-máquina formado por partes)  y da origen a las especializaciones en medicina (atomización del cuerpo).  Esto, a su vez,  estimula  el desarrollo tecnológico:  se crea el microscopio, los rayos X   y, más tarde, le ecografía, la resonancia magnética y la tomografía.  Aprendemos a ver el cuerpo  por medio de imágenes  y luego nos introducimos en él  para conocerlo con mayor minuciosidad con la endoscopía .   Ciertamente, un   formidable avance   pero  que  conduce   a  olvidar  al cuerpo humano como una unidad  bío-psico-social.

c)  La noción   de cuerpo-máquina comienza a dar paso a la idea de  sustitución de sus  piezas (órganos).   Es la  era de los reemplazos  del corazón,  pulmones, riñón,      médula, etc.) 

 

Entre las  consecuencias negativas pueden señalarse:

a)      La  medicina  se  concentra  en  el  primero de los componentes del binomio.

Cuerpo-alma   y deja  a esta última  a  criterio de las religiones y  la filosofía.   Con    Freud  y   el descubrimiento del inconsciente nace la posibilidad de unir lo que nunca  debió ser separado.    Llegamos así  a la medicina psicosomática,  comunión  que en  medicina  recién  comienza a ser aceptada.

Hasta entonces  estábamos en presencia de  una medicina del cuerpo,  no del hombre o mujer poseedor de  ese  cuerpo,  y se comienza   a   recategorizar al paciente como lo que realmente es: “un    hombre enfermo”,   “un ser de carne y hueso, que sufre, piensa, ama  y sueña” al decir de   Unamuno  y no el mero portador de “un cuerpo      enfermo”.   

Florencio  Escardó  señalaba:   “la medicina no trata órganos sino personas que tienen  un organismo”  y  lo reiteraba   en uno de sus últimos mensajes a sus discípulos:  “cada  vez sabemos más del músculo cardíaco y cada vez menos del corazón humano”.

a)      Florecen  medicinas alternativas, homeopatía,  acupuntura, Flores de Bach, etc, modalidades todas ellas que restablecen  una conexión entre el hombre-mujer con el entorno, con el medio interno y externo, con el Cosmos.  Esta medicina  le permite al paciente relacionarse  con otras estructuras fuera de lo corporal.

b)      Aparece  el horror a la vejez y a la muerte.   Surge el conocimiento de la destrucción  inexorable de ese cuerpo y  se  proponen   todas las maniobras para contrarrestarlo. Da origen a la búsqueda de la  “Fuente de la Juventud”,  a las “Glándulas de Boronoff” y a todas las técnicas actuales de rejuvenecimiento (cosméticas y quirúrgicas).

La medicina moderna  continúa fundamentalmente apegada al dualismo cartesiano  que lo aleja del paciente.

En mi juventud,  mis libros predilectos fueron   “La ciudadela”,  “Hombres de blanco”, “La historia de San Michele”, donde se relataban historias  en las que los  médicos  eran  considerados como  personajes de un valor  descollante.  Era la época del “médico de familia”,   médico, amigo, confesor.

Pero  las nuevas tecnologías y las especializaciones, si bien confirieron   mayor prestigio a la Medicina  y  a los  médicos,  provocaron   el alejamiento  del paciente

De  una relación de consenso  en el pasado,  se pasó a  otra  de disenso.  Comenzó la desconfianza  y  nacieron   los juicios de mala praxis.

A esto debemos agregar  el advenimiento de la Medicina de Obras Sociales y prepagos, que   puso fin al  ejercicio  profesional   casi  exclusivamente privado.  No creo, sin embargo,  que haya que hacer esfuerzos para volver al mismo.     La medicina y la odontología actual,  bien  realizadas,  con todos los recaudos tecnológicos modernos  es cara,  pero  la salud debe ser un derecho universal, no un privilegio para unos pocos.    En consecuencia,  es nuestro deber  ético   luchar  para que el Estado  implemente  una medicina y odontología  al alcance de todos,   que  impida el enriquecimiento de unos pocos a costa del trabajo de los profesionales y de la salud  de la gente. [Subrayado de U.O.] 

[Véase la nota previa sobre la huelga de profesionales de la salud españoles, en esta misma sección]

Mientras  tanto,  se hace necesario recomponer la  debilitada relación de consenso médico-paciente.   No es un camino fácil,  porque depende de factores tanto inherentes al paciente como al profesional,  tales como la situación socio-económica que ambos atraviesan en estos momentos.

Sin embargo ya hay profesionales que comienzan a retomar este camino, reitero, muy dificultoso.    El   Dr. Carlos Guido Musso en su trabajo “Crisis de la Medicina Moderna” presentado en el Academia Nacional de Medicina en el 2004   propone algunas pautas que deberían seguirse:

1º Actuar en forma compasiva.

Compasión significa   padecer con   o   junto a alguien,   en nuestro caso, un mayor acercamiento  al  problema del paciente.  Es lo que se denomina  empatía,    es decir,  ver y combatir el problema  “desde adentro”, codo con codo con el paciente, diferente  a “sentir pena” por el paciente, lo que significaría   considerar el problema  visto “desde afuera”.

2º Comprometerse con el paciente.

Es difícil que el paciente pueda evaluar el trabajo del profesional   lo que no impide  que  pueda  evaluar el  grado de compromiso con su problema.

Este compromiso del profesional es tan importante como su  saber científico.

3º Saber comunicarse con el paciente.

Comunicación,  del latín “comunicare”: traer al otro a un área común.   Palabra simple aunque   de  complejo  significado:  acerca al otro a nuestra intimidad.

El hombre es un ser gregario, social, grupal,  y  la comunicación es un factor de cohesión, de unión, es el aglutinante fundamental de la sociedad.   Todos los animales gregarios se comunican. Lo hacen por distintos medios, olores, gritos, gestos, movimientos.

Los profesionales de la salud deben recordar que muchas palabras y gestos están cargados de valor y que su utilización en nuestra práctica debe hacerse con la misma destreza y conocimiento con que se maneja un bisturí.   La comunicación transmite información, conocimiento, pero además transmite también afecto, emoción, sentimientos.  Hipócrates decía   400   años antes  de nuestra era   “Muchos pacientes se curan con la satisfacción que les  produce un médico que los escucha”.

A través de la comunicación la relación médico-paciente puede determinar confianza o temor, expectativas positivas o negativas.    Comunicarse   implica valorar no sólo  el enunciado, el texto, “lo que se dice” sino también  su contexto,   “cómo se dice”,  que en ocasiones   adquiere  gran relevancia  para una mejor comprensión del texto.  Una respuesta  “gracias doctor” manifestada   por el paciente  puede  querer  expresar   profundo agradecimiento,  agradecimiento parcial, ironía o aún desprecio, según el  gesto o el tono como se emita.

El sendero propiciado por  el Dr. Musso es lo que  me ha inducido   a  publicar  este    trabajo    y  titularlo    El arte de curar. Un paso más   Entendemos, para sintetizar,   que si bien   para un correcto tratamiento son necesarias la biología, la patología, la clínica,  debemos dar un paso más, es decir, el acercamiento  no sólo a la enfermedad de su cuerpo sino  al alma del paciente.

A los profesionales del arte de curar  nos resulta muchas veces   difícil  modificar hábitos y criterios ya establecidos.    En esos casos conviene  recordar las palabras del genial    Maimónides   (médico y filósofo del siglo I):

que pueda hoy descubrir los errores del ayer  y  mañana encuentre nueva luz para analizar lo que hoy considero como cierto”.

 

Tengamos presente hoy más que nunca, las palabras de ¨Martín Fierro¨ Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera.. porque si así no lo hicieran los devoran los de ajuera

                                                  

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