enero 2012

La infelicidad del dentista y sus causas

 

Los animales son felices teniendo salud y comida, pero al animal humano esto no parecer serle suficiente y su infelicidad deriva tanto del sistema social (inseguridad y miedo, posición económica, catástrofes, etc.) como de la psicología con tres tipos de personalidades:

el pecador,

el narcisista y

el megalómano.

Uno, vive la conciencia del pecado, por herencia religiosa o familiar, en continua contradicción consigo mismo a lo largo de toda su vida personal y profesional.

El otro, se concentra en admirarse y buscar la admiración, por su belleza, riqueza, fama profesional. Cuando busca el placer, encuentra una sensación momentánea de felicidad.

Por fin, el que prefiere ser poderoso que ser querido y más ser temido que amado.

 

La razón

 

La razón y la inteligencia son obstáculos para la felicidad. Quienes atribuyen sus penas a una visión racional negativa del mundo son infelices que ven sólo las características menos agradables del mundo. Como el colega que cree imposible  encontrar salida a las penurias y bajezas de nuestra profesión y encuentra imposible escapar al dominio opresivo y deprimente de los mercaderes de la salud.

Si la vida es lucha, competencia profesional, sólo se respeta al dentista que triunfa, el vencedor. Que será feliz nada más que si triunfó con buenas artes.

 

El aburrimiento

 

El aburrimiento, desde un cierto malestar hasta la pérdida total del sentido de vivir, causa un horror contra el que se inventaron absurdos remedios: alcohol, drogas, guerras e incluso los pecados. El animal humano está adaptado para cierto grado de lucha por la vida, y cuando su riqueza genera ausencia de esfuerzo le quita a su vida un ingrediente imprescindible de la felicidad. Lo que adquiere con facilidad no da la felicidad: deja a un paso de concluir que la vida es intrínsecamente miserable. Fernando Pessoa: Sufrir sin sufrimiento, desear sin deseo, pensar sin razón.

 

Fatiga

 

La fatiga física de un día de trabajo exitoso no fatiga.

Fatiga que agota es la nerviosa, por presiones externas, por preocupaciones del consultorio prolongadas en casa, por seguir  pensando las cosas demasiado e inoportunamente.

La preocupación es una forma de miedo. Miedo a las enfermedades, a la ruina, a ser engañado, al fracaso profesional. Todas las formas del miedo producen fatiga. Con fatiga y miedo, no hay felicidad.

 

Envidia

 

La envidia es una emoción compleja que hasta se parece al odio y puede llevar a él. Es, no por azar, uno de los siete pecados capitales. Es irracional, ilógica, viciosa y errada.

 El odio que produce la envidia también es consecuencia de los tiempos modernos, en donde a través de los medios de comunicación se conoce, en abstracto, cómo viven los ricos, y en lugar de promover la paz, se hace propaganda al odio y la enemistad por las diferencias raciales o de cualquier otro tipo que pueda engendrar envidia.

Envidia hay que siente tristeza o pesar por el bien ajeno. Al así envidioso no le duele tanto algún objeto en particular que el  otro pueda tener sino la felicidad que le da. Entendida de esta manera, la envidia es la madre del resentimiento, un sentimiento que no busca que a uno le vaya mejor sino que al otro le vaya peor.

La envidia no produce nada positivo, sino una insalvable amargura. La envidia ha sido tema  desde Caín (Génesis) hasta un favorito mío, Miguel de Unamuno, quien afirmaba que es el rasgo de carácter más propio de los españoles y le dedicó la magnífica nivola Abel Sánchez.

La envidia y el odio por el vecino, por el semejante, son muy propios de dentistas. La envidia y la competencia impiden que se agrupen y hagan algo positivo por su gremio y por el público.

En la Divina Comedia el castigo para los envidiosos es cerrar sus ojos y cosérselos, porque sintieron placer al ver la caída de  otros.

 

El miedo a la opinión pública

 

Desde que nacemos, se nos prepara para adecuarnos a las normas, para ser conformistas, para aceptar lo que nunca tuvimos oportunidad de experimentar o convalidar. Son my pocos los bastante fuertes como para expresar lo que realmente piensan o para despreciar la opinión pública. Quienes lo hacen suelen ser mirados como unos descastados.

El temor a la opinión pública crea una cobardía y falta de honestidad que atraviesa toda la personalidad, y en vez de afrontar un error, por ejemplo, en el consultorio, se busca ocultarlo a la opinión de los pares, más importante que el bienestar del paciente.

Son contadas las personas que viven felices sin necesidad de que se apruebe su manera de vivir o su concepto del mundo. Existen diferencias sociales, religiosas, raciales y políticas que provocan el distanciamiento y la intolerancia.

 Siempre la opinión pública es más tirana con quienes se manifiestan rotundamente en su contra que con quienes se muestran indiferentes ante ella: un perro ladra más escandalosamente o muerde más a quienes le tienen miedo que a los que lo ignoran, en el ser humano ocurre algo similar.

       Horacio Martínez (muy apoyado en Bertrand Russell)

 

Más sobre el tema en digresiones, editorial, libro del mes, históricas, ,y, muy importante, un trabajo del British Dental Journal sobre la felicidad del dentista en misceláneas.

                      Tengamos presente hoy más que nunca, las palabras de ¨Martín Fierro¨ Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera.. porque si así no lo hicieran los devoran los de ajuera

                                                  

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