diciembre 2011

 

¿Industria  del litigio o respuesta social a la mala praxis?

 

Los párrafos siguientes, contienen la respuesta a la pregunta del título, como lo expresan los médicos en México ante las denuncias por negligencia médica que se multiplican allí aceleradamente:

“El incremento  de la cultura del litigio,   afecta de manera negativa la práctica de la medicina, la disponibilidad y calidad de los servicios de Salud. En estos tiempos, las  demandas se han convertido en un permanente acoso al acto médico, patrocinado por abogados aventureros, periodistas sensacionalistas, defensores del pueblo, activistas de víctimas de negligencia médica. Todos apuntan con el dedo acusador al médico que hace su práctica profesional, con el único fin de promover y proteger la salud. Los médicos, estamos en la boca del huracán. Si salvamos una vida o intervenimos en  las condiciones adversas de infraestructura que ofrece nuestro sistema de salud, es que gracias a Dios salvamos al paciente, pero si este fallece o queda  discapacitado, es por culpa del médico indolente, negligente”.

Un comentarista mexicano responde:

La  iatrogenia existe  y de ella  a nadie se culpa. Culpamos   el desapego  a la Lex Artis de la medicina, las omisiones  y la negligencia,  que existen  y son confirmados  por estadística   oficial.

El incremento  de la denuncia por negligencia médica, según las estadísticas  de CONAMED, son por mala praxis, alejamiento de la Lex Artis de la medicina,  falta de previsión , negligencia médica, errores groseros,  impericia,  indolencia, omisiones,  apatía, temeridad y muchas otras casas causas. 

Sabemos que existen médicos  que    cumplen con su obligación,  gracias   a estos profesionales de la salud.  Pero en la vida, como  en todo hay malos  y buenos.

Existen como en cualquier  profesión   los malos médicos,   que lucran,  a los que no les importa el dolor  humano,   los que hacen como que trabajan porque hacen como que les pagan,  nuestra lucha  es contra ellos.

En México   existen protocolos médicos, normas oficiales Mexicanas en materia  de  salud.  Esta normatividad indica la manera  de trabajar apegados a derecho.  Quienes salen de la normatividad infringen la ley y deben pagar por sus  culpas  y omisiones.

Todos los médicos, cobran  por su trabajo.  Están obligados a  dar resultados,  no es posible,  que acepten  trabajar  como  dicen  en condiciones adversas  de infraestructura institucional.   Si  la adversidad  de esas condiciones incrementa los  riesgos para la salud, denuncien.  De manera individual o colegiada creen la industria  de la denuncia  médica a  las condiciones infrahumanas de las instituciones de salud  y seguridad social.  Si aceptan trabajar  en esas condiciones,  se convierten en cómplices y deben pagar  por sus errores.

¿Quiénes son los médicos, para no sufrir la presión  de un mal actuar?,  habría que pensar  en las generaciones  de  diversos profesionistas  que trabajan   en condiciones de  stress, horarios fuera  de  la legalidad,  con un radio   o un celular a su lado, para    atender emergencias en los procesos de producción de la industria de  cualquier rama.  ¿Saben, que cuando ellos fallan   son corridos,   demandados   , en fin  deben pagar sus errores?  ¿Existe diferencia  entre  los médicos  y cualquier profesionista?

Señores médicos, dejen  de  defender lo indefendible.   No se escuden en los colegios médicos  para librar su responsabilidad ante la sociedad. Los Colegios   se rigen  por un código de  conducta bioética y deontológica, que  establece    la manera  de actuar frente  a quienes incumplen el  juramento hipocrático.  Señalen a sus pares  cuando infrinjan las normas y la ética a que están obligados   y libérense  de los malos elementos que  manchan a su gremio,  en lo general  noble  y  aplicado a sus obligaciones.

Quienes denunciamos,  no somos demonios  malagradecidos, tras   cada  historia o denuncia existen pruebas  de   la mal praxis  de  algunos  de sus colegas  nefastos, escúchenos.  Seguramente aprenderán mucho  de las  equivocaciones  de quienes nos dañaron.

Escuche  al  Dr. Santiago  Ramón y Cajal,  quien  hace  cien años,    dejo un legado imborrable:  “  el error, es una  oportunidad providencial  para    reconocer las equivocaciones  y no volver a repetirlas”

Y por favor, no metamos a Dios en estos problemas que ustedes etiquetan como  industria del litigio.    Dios  juzgara en el cielo,   en la tierra, son las leyes que lo hacen. La reparación del daño, no es  la oportunidad  de enriquecerse, apenas  es una forma  de obtener  justicia humana.

Considérennos  sus amigos, sus pacientes,  hablen con la verdad  siempre, no  nos expongan a riesgos innecesarios, manténganse  dentro  de la Ética y la Moral y conviértanse en aliados en la lucha por el decremento de la negligencia médica.

 

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La tranquilidad para la utilidad del Buen Autor

La tranquilidad de quien tenga la buena voluntad de escribir bien es que no necesita ser Profesor de Letras para lograrlo.

Para ser conciso, basta con tener la intención de serlo, y hacer de cuenta que lo están mirando y preguntando, tras cada tachadura, ¿no se puede abreviar aún más? En odontología, casi siempre se puede un poco más; en Letras, no.

Para ser ordenado basta con ser odontólogo, cosa fácil, porque si hay algo que nos caracteriza es el orden imprescindible en toda nuestra labor. Hoy, con la computadora, es mucho más sencillo mover párrafos enteros hasta tener el orden debido.

Para ser claro algunos aconsejan leer lo escrito a un lego en la materia, pero no es verdad. Éste es un punto crucial. Nadie, salvo otro experto podrá opinar. No, de ningún modo, el lego corrector de la revista (si lo tiene, que a veces no lo parece).

El corrector no sabe odontología, ni tiene por qué saberla. Su función es corregir idioma, sintaxis, gramática, estilo, no odontología. De esto, se ocupa, o debiera, el Director de la revista (si lo tiene, que a veces no lo parece). Tampoco saben odontología, ni castellano, los traductores de los folletos de los fabricantes de nuestros productos. Es más, me pregunto si no serán responsables del lenguaje tarzanesco de tantos artículos odontológicos. Vea si no el lector este texto textual: Porcelana/cerámica1 sin tener capas de todo-alumina. Esto incluye feldspathic porcelanas convencionales y cerámica castable. El traductor no sabía del feldespato, ni de alúmina pura o sola, ni que existen los colados; pero en cualquier momento en alguna revista odontológica veremos colgada de un “poste” una incrustación “castada.”

Nota: Los ejemplos son tomados de la vida real.

[En el último número de la misma revista hay un extenso trabajo sobre cirugía con ultrasonido (piezoeléctrica que le dicen) y, ¡oh, casualidad!, frente a la primera página hay un aviso de un sistema de ultrasonido, ¡qué curiosa y desvergonzada coincidencia! Más curioso es que ¡oh, pertinacia de las casualidades!, en el trabajo mismo no aparece el nombre comercial del aparato, cuando es lo usual en notas odontológicas. ¿Habría sido demasiado evidente así la conexión? ¡Dios nos libre de pensar mal de la pobre chica!, decía la chusma de mi tía abuela. Pero la verdad es que la pobre escondía tantos chanchullos… que para qué te voy a contar.]

 

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El sistema de salud es un laberinto

                                               Por Nora Bär | LA NACION

Si es cierto que la fórmula de la felicidad consiste en tener salud, dinero y amor, el doctor Pedro Saturno puede ayudarnos a obtener al menos uno (¿el más importante?) de los términos de esta ecuación. Este multipremiado sanitarista español, profesor de la Universidad de Murcia y de la Escuela de Medicina de Harvard, es uno de los mayores expertos en una disciplina que intenta explicitar, cuantificar y medir dimensiones frecuentemente inasibles: la gestión de la calidad en la atención de la salud.

"Ofrecer calidad en el sistema sanitario es una tarea compleja, porque es una actividad con muchos protagonistas y hay que involucrarlos a todos -explica, durante una reciente visita a Buenos Aires y otras provincias invitado a dar conferencias y participar de talleres sobre el tema-, no sólo a los que lo gestionan, sino también a la población. Por eso, hay múltiples estrategias y formas de abordarla."
-Doctor Saturno, ¿qué se entiende por gestión de calidad?
-Se trata de procurar que la asistencia sea la mejor posible: que se haga sólo lo correcto en el momento indicado.
-¿Qué aspectos habría que tener en cuenta?
-Muchos. Uno de ellos es si el servicio está centrado en el paciente, teniendo en cuenta sus características culturales, medioambientales, de modo que la atención no se dirija a la enfermedad, sino a la persona. Si se hace eso, se logra un tipo de comunicación que es beneficioso.
-¿Puede medirse algo tan inasible como la calidad?
-Esa es justamente una de las batallas que tenemos que dar: bajar a tierra el concepto de calidad. Es verdad que al principio parece algo indefinible, pero consta de una serie de aspectos que nosotros llamamos técnicamente "dimensiones" y que permiten concluir hasta qué punto hay o no calidad. La más evidente es la científico-técnica. Se logra practicando lo que llamamos "medicina basada en la evidencia", haciendo lo que se sabe que produce un buen resultado y no lo que no conviene. A continuación, está la eficiencia, que consiste no sólo en hacer lo correcto, sino también con el mínimo de recursos, o con los estrictamente necesarios. Algo que siempre tratamos de explicar es que cuando no se actúa con calidad, el desperdicio que se produce es muy grande. Está medido: según los estudios, oscila entre el 20 y el 40% de la inversión.
-¿A qué se refiere cuando dice que la atención debe estar "centrada en el paciente"?
-Se trata de respetar su autonomía y lograr su colaboración.
-¿Eso incluye poder de decisión sobre el tratamiento?
-Por supuesto. La decisión [debe ser] compartida. Lo que pasa es que muchas veces no se hace: el profesional es autoritario, no explica. Prácticamente en todos los países está legislado como "consentimiento informado". Es asegurarse de que el paciente ha entendido y toma una decisión consciente de la repercusión que tendrá sobre su bienestar.
-¿También incluye el respeto a la voluntad anticipada?
-Sí. En mi país está legislada y en otros, también. Es lo que se llama el testamento vital. Es decir, explicitar qué es lo que uno quiere que se haga cuando esté en situación terminal y qué tipo de cuidados quiere recibir.
-¿Qué exige la gestión de calidad con respecto a la seguridad?
-Es una dimensión de la que se está hablando cada vez más desde que se tienen datos: que el servicio que se ofrece no produzca daño innecesario. Los estudios indican que, en promedio, de los pacientes que ingresen en un hospital, un 10% va a sufrir daños evitables. El primer estudio que nos "abrió la cabeza" en ese sentido ( Errar es humano , del Instituto de Medicina de los Estados Unidos) demostró que los errores médicos provocaban más muertes que los accidentes de tránsito, el sida, y el cáncer de mama. Luego, esto se ha replicado en muchos países y se ha visto que el problema es constante: hay muchas fallas en el sistema, no ya por error de las personas, sino porque las cosas están hechas de tal forma que ponen en riesgo innecesario al paciente.
-¿Qué otras dimensiones deberían tenerse en cuenta?
-La equidad y la accesibilidad; es decir, que no haya discriminación y que no haya barreras para recibir la atención. Son las más discutidas porque tienen una mayor carga comunitaria o política. Tratan de definir la calidad desde el punto de vista no individual, sino poblacional.
-¿Cuál es el mejor país en calidad de atención médica?
-Aunque siempre se intenta elaborar ránkings, lo importante es no manejar opiniones, sino evaluar datos y, en este caso, no hay los suficientes como para saberlo. En 2000, el informe de la salud en el mundo, preparado anualmente por la OMS, se dedicó a este tema. Intentó hacer una comparación, pero el resultado fue muy discutido. Entre los cinco que quedaron primeros, según las categorías figuraban Omán, Qatar, España, Francia e Italia.
-¿Y la Argentina?
-El sistema argentino es bastante inequitativo. Están la salud pública, la privada, las obras sociales, las prepagas... Un laberinto. Salió bastante mal parado en varios ránkings (el general, el de resultados en salud, el de nivel de salud de la población, y el de respuesta a las necesidades de la población). ¡Espero que en estos últimos diez años haya mejorado!
-¿Una inversión importante asegura una buena atención?
-No. El país que más gasta es Estados Unidos y lo que obtiene no es, por lejos, lo mejor.
-¿Quién tiene que actuar para que el sistema de salud se encamine a una atención de mayor calidad? ¿El gobierno, las sociedades médicas, los grupos de pacientes?
-Todos tienen que poner el hombro, pero la decisión final la tiene quien gobierna.
-¿Qué recomendaría para la Argentina?
- La idea general es caminar hacia un sistema unificado desde el punto de vista de los derechos de la población, y por lo tanto más equitativo, con decisiones de política sanitaria centralizadas y universales. Esto no quiere decir que la gestión del sistema tenga que estar también centralizada, creo que la gestión descentralizada es útil y necesaria. Hay estrategias de mejora, que pueden lograrse en el nivel local o de centro asistencial, incluso dentro de un sistema de salud adverso. Equidad y accesibilidad dependen mayoritariamente del sistema, pero las demás dimensiones pueden mejorarse sólo con el compromiso de los encargados de prestar los servicios, sean públicos o privados.

 

 

                      Tengamos presente hoy más que nunca, las palabras de ¨Martín Fierro¨ Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera.. porque si así no lo hicieran los devoran los de ajuera

                                                  

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