febrero 2010

  

Carta de U. O. a directores de revistas        

(sobre el Día Universal del Dentista)

 

Dear Editor,

Just as on October 6 an International Doctor's Day is being observed internationally, and an International Nurses Day is celebrated around the world every May 12, hopefully beginning on March 21, 2011, we may start observing an International Dentists Day; that is, coincidentally with the 250th anniversary of the death of Pierre Fauchard, universally accepted as Father of Modern Dentistry (date of birth unknown).

Next year brings us the perfect chance to honour Fauchard, and strengthen relations among dentists all over the world. The 2010 Annual World Dental Congress of the FDI will be held in Salvador, Bahia, Brazil (September 2nd – 5th). There the General Assembly of the FDI may make this proposal real, or not. Would you help addressing the FDI representatives of your country for support of this fraternal wild idea of mine?

Maybe publishing this letter in your Journal would help to get support.

Yours truly,

Editor, Universo Odontológico

 

www.universodontologico.com.ar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Desasosiego en el Congreso

 

En los pasillos de un reciente congreso, escuché y vi. Vi que estaba administrativamente bien organizado, como que 35 congresos previos  ayudan a que todo marche aceitadamente. Vi que ya los dictantes extranjeros no ofrecen  conferencias gratuitas, que solían ser el consuelo de quienes no podían o no querían tomar un curso. Escuché dictantes que sabían su materia y que daban clase a los “niños” presentes, como que algunos hasta dijeron “en esta clase…” Escuché a algún maestro que siendo realmente un maestro y un profesional no habló desde las alturas sino que se esforzó, y lo logró, por transmitir sus ideas y sus prácticas como un colega dirigiéndose a sus colegas.

 Vi pocos, muy pocos viejos colegas. O el programa no había pensado sesiones de actualización dirigidas especialmente a ellos, o deben de haber perdido el impulso de mantenerse al día, de renovarse. Para Sartre, el desasosiego, la angustia de un alma consciente de encontrarse condenada a ser libre significa tener, en cada instante de la vida, la absoluta responsabilidad de renovarse.

Charlé con uno de los pocos “adultos mayores” que circulaban y me confesó ese desasosiego existencial que caracteriza al hombre consciente de su compromiso de remozarse. O retirarse. Se quejó de haber escuchado las “clases” que mencioné, con definiciones elementales o innecesarias y poco de decir “éstos son los principios renovados” u “hoy el criterio es éste” o “éstos son los materiales.”  Me decía que se había jubilado de sus puestos en la facultad y en una clínica, aunque seguía trabajando con pleno vigor y entusiasmo en el consultorio. Pero ya no contaba con esa actualización cotidiana que le daban sus trabajos. Sentía desasosiego (aunque no lo llamó así) por no encontrar más conferenciantes como el Dr. Dimarco, llano y sapiente, dijo, con ganas de transmitir algo más que su ego.

Nos encantó ver el entusiasmo de los jóvenes y recordamos nuestros buenos tiempos de ilusiones y de confianza en el porvenir, cuando todavía los mercaderes de la salud no habían embarrado asquerosamente la cancha.

Bendito sea el desasosiego del colega, bendita la llama que mantiene encendida con el amor a su profesión, bendita esa necesidad de actualizarse,  esa responsabilidad que le impide estancarse en las enseñanzas (aunque sólidas) de los maestros que tuvimos. Quizá en un próximo congreso o en cursos especiales alguien considere las necesidades de los que no quieren quedarse al margen de la vida, ésos para quienes existir es marchar hacia un fin definiéndose paso a paso hasta llegar a lo que la posteridad llamará su esencia, cualquiera que ella resulte.

 

                                                              H. M.

 

 

 

 

 

 

                                                             

Carta de un abogado a los médicos

 

Este artículo fue publicado en  el Diario El Cronista, por el Dr. Marcos R. Llambias (h), (apellido muy conocido entre los abogados argentinos). Las instituciones profesionales, ¿gremiales?, debieran tomar buena nota... y actuar... no como de costumbre. ¿Llegará siquiera a desasosegarlos?

"Ha tomado estado público la pesadilla que causa desvelos, cuando no infartos, a muchos miembros de la comunidad médica. Los juicios por mala praxis se han convertido en un provechoso recurso de subsistencia para muchos abogados ávidos de litigio, conocedores de las falencias del sistema.

Los títeres del arte de curar, marionetas de obras sociales, hospitales y sistemas prepagos de atención [mercaderes de la salud, en general] trabajan donde y como pueden. Su responsabilidad social hace funcionar las instituciones y su irresponsabilidad personal los lleva a exponerse inútilmente. El día en que ellos, verdaderos médicos por vocación, dejen de pensar tanto en el paciente, en su capacitación profesional a cualquier costo, en las instituciones para las que trabajan, y tomen conciencia de lo mucho que arriesgan en cada acto médico, ese día la atención del país se paralizará.

Porque sólo un demente, alguien que ha perdido la facultad de discernir entre la bondad y la estupidez, puede aceptar la responsabilidad de barajar una vida humana cuando un sistema perverso y carente en todo sentido no le brinda la seguridad y tranquilidad necesarias para trabajar como corresponde. Porque el médico que asume la responsabilidad en un acto quirúrgico, que se somete al estrés de desplegar su arte sobre un paciente dormido, que asume la lucha contra la enfermedad ajena, que desafía a la muerte sabiendo que no siempre triunfará y que acepta hacerlo por la vergonzosa remuneración que el sistema le asigna, ese médico no es bueno, es estúpido, es alguien que consume toda su inteligencia en el cadalso de su ofrenda personal hacia un prójimo que no le reconoce el esfuerzo.

 Agotada su paciencia, ya no puede ver que un error, aunque involuntario, le puede costar su patrimonio, su bienestar, su salud. Este suicida altruista figura en todas las cartillas de los sistemas prepagos de atención médica. Trabaja en los hospitales nacionales, provinciales o municipales, superado por un aluvión de pacientes que envejece haciendo colas y recibe atención francamente deficitaria. Deambula por clínicas y sanatorios juntando monedas para poder subsistir. Este médico, suicida por vocación, inteligente para el prójimo y descerebrado para sí mismo, bueno y estúpido a la vez, responsable ante la sociedad e irresponsable ante su familia, es la carne de cañón, el centro del blanco de la industria de la “mala praxis”.

Todo abogado sabe que en este sistema perverso, tan carente de recursos, tan manoseado por inescrupulosos enriquecidos a costa de la salud, el médico es el “hilo fino” más fácil de cortar, el candidato ideal para exprimir, el ingenuo más liviano de sacudir para rescatar las monedas que llevan en lo bolsillos. Lo que pocos se han puesto a pensar, es que, en definitiva este ensañamiento médico, que no discrimina entre idóneos e incapaces, entre buenos y malos, decentes y envilecidos comerciantes, es fundamentalmente perjudicial para el paciente.

La comunidad toda empieza a sufrir las consecuencias cuando el médico capacitado, con experiencia, con reconocido prestigio entre sus colegas, empieza a “esquivar” la patología difícil, ésa donde arriesga mucho y gana poco. El médico que cuida sus espaldas, discrimina por necesidad. La comunidad toda sufre esta realidad, al verse privada de la idoneidad y la experiencia de sus mejores médicos. Porque los mejores, también los más inteligentes, rápidamente ven la necesidad de dar un paso al costado par no exponerse. Si bien es cierto que algunos médicos argentinos no están acostumbrados a responsabilizarse por sus acciones, también es cierto que la inmensa mayoría no tendría que trabajar en las actuales circunstancias. Arriesgan mucho sin ganar nada.

Porque si un cirujano tiene que afrontar un juicio por mala praxis, la demanda supera en miles de veces la remuneración de su trabajo. Una intervención por $ 120 puede convertirse en un juicio de $120.000. Así las cosas, los sistemas prepagos de atención médica, circular mediante, solicitan a sus médicos fotocopia de la póliza de seguro suscrita. Ellos, al mejor estilo de Poncio Pilato, pretenden que el médico, con centavos que le asignan por su trabajo, contrate un seguro de “mala praxis”. De esta manera, los líderes de la medicina prepaga se cubren de los errores del servicio que dicen brindar. Logran su cometido sin sacrificar un solo centavo de sus arcas. Con los aranceles vigentes, ningún médico puede asegurarse contra “mala praxis”. Con temor a la “mala praxis”, ninguno puede trabajar como debería.

El auge de este tipo de juicios no es culpa de los abogados. Ellos, que son muchos y deben subsistir, han visto las falencias del sistema que coloca al médico en la primera línea de fuego. Como frágil fusible de una máquina sanitaria en constante corto circuito, el médico salta y se quema. Gane o pierda, con justicia o sin ella, con razón o sin ella, el médico debe pagar. La sociedad parece ensañada con los encargados de velar por la salud.

Todos y cada uno debemos ser responsables de nuestros actos. Los errores deben ser asumidos y la impunidad desterrada. Estos grandes objetivos no pueden tener vigencia unilateral. La vida del paciente vale tanto como la del médico. Por el bien de todos, la legislación debe proteger tanto a una como a otra"

Salvando distancias, igualmente buenos y estúpidos somos los dentistas en manos de los mercaderes de la salud.

 

                         H.M

                      Tengamos presente hoy más que nunca, las palabras de ¨Martín Fierro¨ Los hermanos sean unidos porque esa es la ley primera.. porque si así no lo hicieran los devoran los de ajuera

                                                  

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