Uno para todos

             Y todos para uno.

Para su propio mal, usted reniega de su naturaleza humana social y juega contra sí mismo – aunque no lo crea – cuando desatiende la máxima adoptada por los mosqueteros de Alejandro Dumas. Cuando olvida que si no participa como uno para todos, no conocerá el todos para uno.

Como hombre de este mundo actual, vive en un exceso de individualismo, desconectado de los demás, incapaces todos de agruparse y de construir un grupo como los mosqueteros, dispuestos a jugarse por la justicia y por la verdad.

Se le borró el “nosotros” y le quedaron, apenas, un usted y su familia más próxima, una individualización extrema, con poco apego a las normas, una constante falta de respeto a las reglas del juego que no elude la infracción y aun el delito como hechos “normales.” Sea inteligentemente egoísta y siga el ejemplo de las agrupaciones de miembros altamente solidarios, de las que enumeramos algunas sin juzgar sus méritos y deméritos por fuera de la fraternidad: masonería, Opus Dei, piqueteros, AMAR, ONG, etc.

Y está pagando esa ausencia de sentido social. Sobrevive, no vive. Cree que vive porque logra esconderse en la jungla, pero no ve que lo rondan los grandes predadores que sacan provecho de su individualismo. No olvide la verdad elemental que pregonaba el inicuo marqués: los fuertes mandan. A los débiles sólo les cabe agruparse para defenderse o ser devorados, como lo estamos siendo por los ricos, los poderosos y los mandamases institucionales y nacionales.

Si no le llegamos con la idea, si no logramos penetrar la barrera del individualismo, no importa en qué idioma se lo digamos, dará lo mismo en latín unus pro omnibus, omnes pro uno,  en alemán einer für alle, alle für einen, en francés un pour tous, tous pour un o en italiano uno per tutti, tutti per uno. Es una visible verdad aunque sean tantos los que no quieren verla.

No se puede vivir sin una buena dosis de verdad en nuestras existencias, aunque esa autenticidad duela a uno o a otro. Al poderoso, al prepotente, al dirigente, al mercader de la salud, al juez, al agente del orden les dolerá que usted reconozca que es un  animal social y que se sume a nosotros en busca de la unión de todos los débiles, los sometidos, los excluidos, en procura de defenderse del abuso y del autoritarismo merced a la fuerza inconmovible que dan la unión y la verdad. Claro, deberá resignar prejuicios y pereza y estar dispuesto a luchar.

El individualismo y la falta de verdad deterioran nuestra existencia. Sin acción social, sin autenticidad, uno desconfía de sí mismo y de la jauría predatoria, que asume la forma de la  ignorancia, de la necedad, de la opinión impensada o malpensada, del engaño, de la irresponsabilidad y del dogmatismo de los fanáticos y antisociales. Un dogmatismo que se cree dueño de la verdad y genera fanatismos y terrorismos intelectuales y materiales.

El ignorante, el mentiroso, el dogmático niegan el más mínimo reconocimiento del valor de la verdad ajena y del mérito del consenso y del trabajo conjunto. Generan la disgregación, rechazan la cooperación que los abrumaría. Diluyen la línea entre verdadero y falso. Aplauden la mentira y la corrupción que están presentes en todos los ámbitos, desde la pequeña trampa individual hasta la descomposición en la administración de justicia o en la organización profesional.

Cuando vemos que la ley y la norma menguan, se debilita nuestro ánimo para obedecerlas y vivimos la anomia felices y contentos. Platón aceptó la cicuta porque no quiso ir contra la ley de Atenas. Sin la ley, no hay democracia. Sin democracia no se puede siquiera aspirar a la inclusión total.

Las autoridades nacionales, que nunca cambian, como las de nuestra organización profesional, pierden autoridad cuando sentimos que usan el poder como si fuera divino, cual reyes, y lo hacen hereditario, y desprecian que les fue conferido para alcanzar el bien común en vez de su propio beneficio. Vivimos una ininterrumpida crisis de representación cuando esos grupos favorecidos, cuidan exclusivamente sus bienes y caprichos privados. Y nos excluyen, y nos mienten.

¿Por qué no mentir? Si el engaño se vive como natural, si se promueve el individualismo salvaje y se alienta la desconfianza del otro. El engaño está generalizado, ¿por qué no habría uno de mentir? Escribimos esto no porque nos creamos catones impolutos, que no lo somos, pero eso no nos priva del derecho de pregonar la verdad desde esta tribuna.

Al decir esto, no nos sobra autoestima, aspiramos al auto respeto. Estimarse a sí mismo – actitud muy individualista – es competir en el mundo de la vida, la profesión, las habilidades, la belleza o la inteligencia. Respetarse a sí mismo es perseguir  constantemente la propia dignidad. Dejamos la autoestima en aras del auto respeto.

¿Se respeta a sí mismo el individualista? ¿Se respeta a sí mismo quien piensa sólo en su bienestar y lo busca por caminos torcidos? ¿Se respeta a sí mismo quien ni siquiera ve que existen excluidos y se solaza por el hecho de estar “adentro”? ¿Se respeta a sí mismo… usted? Si revelara a su cónyuge y a sus hijos las pequeñas miserias cotidianas que comete en nombre de ellos, ¿lo respetarían?

Hace no muchos años, en una organización odontológica argentina, hubo elecciones reales, es decir, con una oposición contraria a la herencia consuetudinaria de los cargos, así como a la posesión de clínicas de sus dirigentes, a la promoción de sí mismos y al desprecio de los asociados, meros números…¿y usted qué hizo? Meritorio pensante, harto, un 25% de la capital (el interior desinformado, compra de votos, participación del personal rentado, etc, etc) votó por la renovación, no por los méritos personales de los más bien desconocidos opositores. ¿Qué indujo el voto de ese 25%? No los quizá desconocidos méritos de los postulantes, sino la ilusión de un cambio, de que los nuevos actuaran en nombre de todos y para todos, todos para uno y uno para todos, por lo menos respetuosos de la naturaleza social del ser humano.

Pese a que la estulticia y la insanía son rasgos permanentes de la condición humana, una confianza ilusionada nos mueve a pensar que aún hay posibilidades de un futuro solidario.

Y usted, ¿de qué se ríe?

Dr. Horacio Martínez  

 Dr. Emilio Bruzzo

 

Addenda: Uno para todos: Camus, Cicerón, Luther King

Por el individualismo, Albert Camus dijo: cada vez, al enfrentar el mundo de los hombres, la única reacción es el individualismo. El hombre solo es un fin en sí mismo. Todo lo que uno trata de hacer por el bien común termina en fracaso

(El primer hombre)

Contra el individualismo, Cicerón dijo: Nacimos para unirnos a nuestros semejantes y para unirnos en comunidad con la raza humana. 

Buen antecedente para estas palabras de Martin Luther King, Jr.: Contemplo confiado el día en que todos cuantos trabajen para vivir sean uno, sin pensar para nada como separados en negros, judíos, italianos o cualquier otra diferencia. Ése será el día en que llevaremos a su concreción el sueño norteamericano [argentino, etc], aún incumplido. Un sueño de igualdad de oportunidades, de privilegios y propiedades ampliamente distribuidos: el sueño de una tierra en la cual los hombres no discutan si el color de un hombre determina su carácter; el sueño de una nación en la que todos nuestros dones y recursos no sean para nosotros solos, sino instrumentos al servicio del resto de la humanidad; el sueño de un país donde cada hombre respete la dignidad y el valor de la personalidad humana.

YAPA: Nuestro sentido de la justicia nunca ve alterado su sueño sino hasta mucho después de que el sentido de la injusticia haya sido minuciosamente provocado en los demás… Sir Max Beebohm

 

          Dr. Horacio Martínez  

           Dr. Emilio Bruzzo

                                     volver al indice                         

                                    VOLVER