Universitarios

Se me hace cuento que los odontólogos hayamos cursado la Universidad, se me hace cuento que nos digan universitarios. Universitas es “la multitud de todas las cosas” o “comunidad” y la creación de la Universidad incluyó la idea de “estudio general”, con la que fue modelo para todas las demás, la de París (s.XIII).

Mal merecemos el nombre de “universitarios” si no sabemos expresarnos castizamente, si nos regodeamos en las procacidades, si rehuimos todo lo que no es específicamente nuestra actividad cotidiana (o la di-versión barata), si no reconocemos que toda la cultura es un entretejido de conocimientos, que si se quita un hilo se desbarata la tela íntegra. El gran filósofo contemporáneo Alfred North Whitehead escribió que la situación generada por la profesionalización del conocimiento para alcanzar la eficacia tiene sus peligros. “Produce mentes dentro de un surco. Cada profesión progresa, pero progresa dentro de su propio surco. Estar mentalmente en un surco es vivir en la contemplación de un conjunto determinado de abstracciones. El surco impide desviarse a otros campos, y la abstracción abstrae de aquello a lo que no se presta más atención. Pero no hay un surco de abstracciones que sea adecuado para la comprensión de la vida humana. […] El resto de la vida es tratado superficialmente, con las imperfectas categorías de pensamiento derivadas de una profesión.”

Se me hace cuento que alguien pretenda el título de odontólogo, cuando apenas si somos “dientistas” y repudiamos el resto del saber para escondernos en el surco de una cara oclusal. La comunidad universal, la “universitas”, no pide el imposible de saberlo todo (desde Goethe, el último sabio universal) sino el posible de no ignorarlo todo. Quod natura non da, Salamanca non prestat. “Salamanca [universidad hispana por antonomasia] es la rebeldía de los libres de espíritu.” Prohibidos los pobres de espíritu.

Existe un moderno lugar de reunión que lo brinda Internet, con sus chateos, con sus listas de grupos de intereses afines, con revistas digitales como ésta. Por cierto, Universo Odontológico, jamás incluiría entre sus pixeles un sesudo artículo de filosofía, ni un enjundioso trabajo de historia y menos que menos se limitaría a eso. Podemos contar brevemente la historia del dentista amigo de Wyatt Earp, podemos citar al paso a Whitehead y hasta podemos incurrir en algunas digresiones por campos muy diversos, pero en ningún momento perdemos de vista que somos odontólogos… y universitarios.

Cada tanto, en alguna lista de la red aparece algún tema no dentario (gremial, político, histórico) muy vinculado a la vida del universitario que se supone que somos. Sin embargo, y pese a que es ocasional, esporádico, mínimo, no faltan voces “dientísticas” que no quieren ni verlo. Son los censores del pensamiento, los antiuniversitarios, que prefieren tapar bocas como sea –que es el caso de la perra hortelana-, que no leen ni dejan leer. ¿No es fácil apretar el botón de “suprimir”? ¿Por qué quieren suprimir a quienes desean ser universitarios, además (sí, además) de ser odontólogos?

“A mí se me hace cuento que empezó [la Universidad de] Buenos Aires: la juzgo tan eterna como el agua y el aire.”

                                                                                    Dr. Horacio Martínez

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