Todo dicho

 Todas las cosas ya fueron dichas, pero como nadie escucha es preciso comenzar de nuevo. 

Y no sé si está mal. Si los problemas se eternizan, si pasan generaciones sin que se resuelva nada, es bastante lógico que todo cuanto fue dicho deba ser repetido, quizá con más énfasis, con más fuerza, con más bronca, con más efectividad.

Llega gente joven e impoluta a un mundo corrupto donde se dijo todo sin que fuera escuchado o, simplemente, denegado porque venía de la “oposición”... ¡como si no fuéramos todos humanos y debiéramos esforzarnos por lo mismo! Qué altaneros, cuán soberbios, quienes niegan al otro la posibilidad de expresarse o ni le conceden un instante para escucharlo o conservan la idea y guardan la acción para oportunidad más conveniente para ellos. Ya vendrán nuevas oleadas de luchadores que ejercerán la razón, el voto o la violencia y se harán escuchar, harán oír las palabras que ya fueron dichas e ignoradas. Pero esta vez se transformarán en acciones concretas.

Muchas veces las palabras que tendríamos que haber dicho no se presentan en nuestro espíritu hasta que ya es demasiado tarde. 

 

También está lo que pudo haberse dicho y no se dijo y quedó en el inconsciente colectivo hasta que apareció gente con bríos, dispuesta a releer el pasado y a rescribir el futuro, que aprovecharán el demasiado tarde de los pioneros como ariete contra las fortalezas unidas con sólidas trenzas de intereses y ancestros próceres.

La gente nueva llegará dispuesta a decir y a escuchar, a buscar el consenso antes que el disenso, a brillar en el anonimato en vez de lucirse en contiendas verbales absolutamente inútiles, pobres plumas de pavos reales que nadie juna. Observarán el oropel y desecharán la paja para quedarse con la sustancia. Dejarán la vanidad de quien pretende “ganar” una discusión en vez de debatir ideas con intenciones de hacer el bien para todos.

Son los que creen haber encontrado la verdad o que mienten verdades que ocultan intereses propios y ajenos, emisarios de mercaderes, mercaderes de la salud ellos mismos. Cree a aquellos que buscan la verdad. Duda de aquellos que la han encontrado. Oradores por propia designación, mentirosos por propia voluntad, falsos por traición a los próceres de su quehacer, proclaman la ineluctable “globalización”, defienden la inevitable “privatización” y no buscan soluciones para los que no tuvieron la fortuna de una prosapia, una herencia o un azar benévolo.

Vemos discusiones en la amplia red mundial que están desnudas como el rey que creía tener un manto majestuoso. Un manto de pedrería de remanida izquierda, de deplorable derecha, de tibio centro, inútil, invisible, inconducente.

 La gente no puede descubrir nuevas tierras hasta que tenga el valor de perder de vista la orilla (André Gide). 

Colón sería aún de palos si no hubiera tenido el coraje y la lucidez de soltar las amarras con el pasado plano. La redondez de los pensamientos nada tiene que ver con la chatura de las ideas recibidas, esa orilla segura de conceptos anquilosados que retiene a los que nunca darán forma al futuro. Si la izquierda no se mira con la derecha, si la derecha desprecia a la izquierda, si ninguna de las dos lava la cara y alimenta las almas y los estómagos de los pobres, no llegará la era del triunfo final de la libertad auténtica, la igualdad niveladora de opulentos y hambrientos, la fraternidad altruista de sanos y sanadores.

Seremos lo que queramos realmente ser o no seremos nada,

Tendremos objetivos claros y comunes o no tendremos nada.

Discutiremos para lograr y no para ganar, o no llegaremos a nada.

           

              Universo Odontológico

               

             Horacio Martínez      Emilio Bruzzo

 

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