Tiempo de ocio             2-07-01

            Hay un tiempo de ocio y otro de no ocio (negocio), ambos igualmente importantes para la salud mental y física del individuo. La conquista de la felicidad no se alcanza por una sola de esas vías. Pero, decía Bertrand Russell, no se puede dedicar ánimo ni tiempo a ese logro esencial, si el espíritu y el cuerpo están inmersos en la lucha por las necesidades básicas o socavados por serios problemas emocionales. Planteado esto, ¿dónde está parado el odontólogo argentino siglo 21? ¿Qué puede hacer?

            Como están las cosas, más de uno habrá pensado en cambiar de carrera (plomero, electricista, pintor, etc.). Pocos lo habrán hecho. Si lograron esquivar la lucha básica, quizá se hayan volcado a lo que Sciacca llamó la “di-versión”, es decir, verterse, volcarse fuera, para no pensar en el destino final común a todos ni en el presente no menos común, aunque un poco menos -un poco- tétrico. Además, parafraseando algo conocido, “quien sólo odontología sabe, ni odontología sabe.” Y si con la odontología sabe ganar mucho dinero -benedetto lei!- recuerde que el dinero solo no da la felicidad. (Aproveche, quien guste, este punto aparte para colocar una respuesta archiconocida a esa frase.)

            Para dar buen uso al tiempo de ocio, no importa cuál sea la diversión elegida (exceptuados quizá los reality shows, profundamente degradantes). Ni importa si por unos momentos se olvida la función indebida de la diversión. Cualquiera es buena -dentro de las sanas costumbres- si permite verterse hacia afuera del problema actual; porque, como beneficio extra, al retornar, las salidas de la situación desagradable se presentarán casi de manera espontánea, la lamparilla se habrá de encender como si no hiciera falta ni oprimir el botón. Ventilar la mente para pensar mejor es tan bueno como airear el consultorio para no espantar pacientes con el “olor a dentista.”

            El modo de emplear el tiempo de ocio, el imprescindible e ineluctable tiempo de ocio, depende obviamente de las preferencias de cada uno y, no olvidarlo, puede ayudar a definir la tarea diaria si  algún día dejamos la odontología. (Que será fácil de hacer, si quisiéramos, cuando holgazaneemos gracias a la tan holgada jubilación que mereceremos por nuestro aporte laboral e intelectual a la sociedad.)

Sugerencias para el ocio: poner esfuerzo personal en una labor de beneficencia, mirar televisión, pintar, leer revistas, jugar a los naipes, leer libros, ver cine y teatro, practicar deportes, ajedrez, colaborar con la comunidad religiosa a la que se pertenece e integrarse a ella, decoración. Y basta de ejemplos, porque sobran. Lo que quizá no sobre  sea el tiempo para dedicarse al ocio.

             Como no es buena política editorial quedarse en el mero y fácil consejo, y con el deseo de que cada lector se sienta alentado y apoyado para el ocio, podríamos imitar a una revista nacional -Fauchard- que años atrás dedicó un espacio a las actividades extraodontológicas de los colegas y a sus hobbie-horses. Porque haberlos, debe de haberlos. Para el bien propio, el de la familia y el de la sociedad.

            Volvemos así al principio y a reiterar que si uno no se hace tiempo tanto para el ocio como para el no ocio, no es negocio, que el gran negocio es la conquista de la felicidad. Cuando tenga algunos años el lector, podrá dar gracias a Dios (Alá, Jehová, etc.) o a los cielos o a sí mismo si supo encontrar tiempo para la di-versión adecuada, en la que podrá verterse más con más peso y aligerar, disminuidas las fuerzas profesionales,  la búsqueda del pan con manteca y dulce cotidiano.

                                                                                              El Director

Robinson en su isla, privado de todo y forzado a los trabajos más penosos para asegurarse la subsistencia cotidiana, soporta la vida y hasta gusta de ella, de muchos momentos de felicidad. Suponed que esté en una isla encantada, provisto de todo lo que hace agradable la vida, pudiera ser que la falta de quehacer le tornara la existencia insoportable. (Máxima 144. Chamfort.)                 

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