Somos la raza de plata

 La raza de plata, cuya característica dominante consistía en la falta de inteligencia …, según la mitología griega, habitó el mundo antes que los héroes de las guerras de Troya y Tebas. La educación de los niños duraba un siglo, y, pese a los atentos cuidados de las madres, la estupidez les persistía en la madurez…  (El ciclo mitológico irlandés y la mitología céltica, H. d’Arbois de Jubaunville)

 

A usted, colega, a usted que está al pie del sillón, el suyo o el de la clínica, a usted que le pagan menos que a una mucama y mucho menos que a una prostituta por dejarse manosear, a usted, aunque no lo crea, le interesan los siguientes interrogantes.

¿Qué se ha hecho de la investigación en nuestro país?

De la educación para la salud, ¿qué se hizo?

Aquellos nobles profesionales de la edad de oro, ¿qué se hicieron? ¿Cuántos quedan? ¿Cuántos siguen los pasos de esos maestros?

Pregúntese si es usted culpable o no del deterioro y si esta declinación técnica y moral que vivimos le toca el bolsillo o el corazón (ahí, a la izquierda, detrás de las costillas).

Tenemos que recordar que una profesión que no se  renueva científicamente o no genera su propio haras de  investigadores puede pasar de ser una profesión a ser un oficio. (Dr. Chris McCulloch, colega y biólogo celular) O un negocio, un comercio, donde importa más el beneficio recibido que el servicio prestado. [Ver históricas para más claridad.] Lo dicho vale asimismo para la educación del soberano, ese  que no sabe si hay alguna relación entre la boca y el resto del cuerpo [Ver salud.].

Usted no puede hacerlo por sí mismo, pero puede exigir que lo haga su asociación profesional; entre otras cosas, porque el público bien concientizado no rehúye la consulta.* No se queje si no se queja: la Asociación Argentina de Odontología (AAO) y demás organizaciones dependen de usted, de su cuota y de su voto (cuando lo dejan votar).

La avaricia, la malevolencia, el desamor y la estulticia son hoy casi ínsitos a la naturaleza de esta era de la plata, pero como dice el mismo McCulloch: Nuestras  organizaciones deben mantener la investigación en su  agenda y asegurarse de que en la agenda quede. [Porque no es cuestión sólo de recaudar y de dar cursos caros y repartirse pesos y “honores”] La investigación debe estar en el centro de atención de nuestras organizaciones y medios impresos y digitales, como rutina... Además, la libertad de expresión, auténtica, no regimentada, abierta, para iluminar un regreso a la era de oro (¡no, muchachos, no el de las coronas!).

No nos parecemos a la raza de oro ni en cuerpo ni en espíritu. De adultos somos miserables, malvados e impíos, el ámbito actual de lo humano. Los hombres de la raza de plata, por ser como son, incurrieron en la ira de Zeus y éste los destruyó. Con esa destrucción comenzó el esconder los muertos bajo tierra, y se los llamaron “benditos restos mortales.” El estatus de los difuntos se va deteriorando con cada generación… y el de los vivos.

La miserabilidad, la maldad, la impiedad y, por sobre todo, la estupidez siguen acompañándonos hasta el minuto final. Después… Dios dirá… O el Diablo… O el polvo…

La amalgama de plata. En vez de zinc, cobre y los otros agregados que mejoran nuestra amalgama – que va  quedando en el olvido – su  ingrediente básico nos identifica con la era de plata, como adoradores sin melindres del poderoso caballero que es Don Dinero.

Tendríamos que dejar de ser la raza gris de la material plata, para pasar a ser la generación de la materia gris, con el brillo – superior al oro – de la sabiduría y la enseñanza, sumando, sumando y sumando, para ser todos juntos mucho más. Como hacen los colegas brasileños, a los cuales hoy nos vemos compelidos a admirar como antaño ellos admiraron la odontología argentina.

                        Horacio Martínez

*Nota ad hoc.  Los dentistas de salud pública de muchos países, junto con organizaciones odontológicas nacionales e internacionales [tales como International Association for Dental Research, European Association of Dental Public Health, British Association for the Study of Community Dentistry y World Health Organization(WHO)] han emitido la llamada Declaración de Liverpool  donde bosquejaron las áreas que deben ser reforzadas para el año 2020, en orden de mejorar la salud bucal:

·      Los países deben asegurar que la población tenga accesso a agua pura, instalaciones de salud apropiadas, dieta sana y nutrición correcta.

·      Los países deben asegurar programas apropiados y accesibles de fluoración para la prevención de la caries dental.

·      Los países deben asegurar la provisión de programas basados sobre evidencias para la promoción  de estilos de vida sanos Y la reducción de los factores de riesgo modificables comunes a las enfermedades bucales y generales crónicas.

·      La escuela debe ser usada como plataforma para la  promoción de la salud, calidad de vida y prevención de la enfermedad en niños y jóvenes, con involucración de las  familias y las comunidades.

·      Los países deben asegurar el acceso al cuidado  primario la salud bucal con el énfasis sobre la prevención y sobre la promoción de la salud.

·      Los países deben asegurar el refuerzo de la promoción de la salud bucal para el creciente número de ancianos, con el objetivo de mejorar su calidad de vida.

·      Los países deben formular políticas de salud bucal como parte integral de los programas nacionales de salud.

·      Los países deben asegurar el apoyo a la investigación para la salud pública y específicamente considerar las  recomendaciones de la OMS (WHO), que exhorta a que el  10% del total del presupuesto de un programa de promoción de la salud debe ser dedicado a una evaluación del programa.

·      Los países deben establecer sistemas de información en salud que evalúen la salud y la implementation del programa, apoyen el desarrollo de una base de evidencia para la promoción de la salud y prevención de la enfermedad mediante la investigación y deben apoyar la diseminación internacional de los hallazgos científicos.

El mayor desafío sigue siendo, buscar un cambio en las actitudes profesionales existentes, las políticas de salud y los fondos asignados como para que con los plateos enuinciados se puedan estructurar programas para ayudar a reducir la  morbilidad asociada a la mala salud bucal. [Agradezco a Derek Richards su aporte editorial a esta nota. H. M.]

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Soy un estúpido sin remedio

Si usted, lector, piensa que soy un estúpido sin remedio, estoy totalmente de acuerdo.

No puede haber nada más necio que predicar en el vacío, hablar a oídos sordos, intentar alguna propuesta progresista, confiar en llegar al anquilosado interior de cráneos portadores de puro pelo, es decir, al puro pedo.

Estoy totalmente de acuerdo, pero mentecato hasta la muerte, he nacido con estas fallas y he de morir con ellas. De la misma manera en que usted es como es y rumia que sólo un estólido como yo puede pensarse que despotricar contra los malos usos, contra las malas costumbres, contra la mala praxis delictiva, contra las sacrosantas obras sociales y prepagas, podría prender en un suelo tan árido, yermo, estéril como el de los adoradores del poderoso caballero (que es Don Dinero).

Estoy totalmente de acuerdo, ni con láser podría penetrar las duras y secas cortezas, pero… pero hay una corteza, cortecita de oro, que es una rareza y que es terreno fértil donde la semilla podría fructificar e iniciar una división multitudinaria. Los pocos maestros que en el mundo han sido tuvieron esa suerte, la de un discípulo inicial y una multiplicación como la de los panecillos y la Verdad revelada.

¡Qué me importan los desaires con que me trata la gente!  Estúpido hasta la muerte, he nacido con estos aires. No de maestro, a lo sumo Maestro Ciruela, y no pretendo tanto, me basta con un alumno bien abastecido de ilusiones y dispuesto a luchar por concretarlas por el bien de todos y no por el de unos pocos, quijote contra causas perdidas y campeador para ganarlas hasta después de la muerte. Algo así como la simiente diminuta que tiene el impulso vital de transformarse, digamos, en un colosal ombú.

                Dr. Horacio Martínez

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