Propósitos para el próximo año

 

Nota previa: No comience el brillante editorial de este título si antes no lo alimentó con las oportunísimas DIGRESIONES (ver esta sección). Pues allí recordará eso que quizá miró en la TV, el programa Desde el Actor’s Studio, donde el entrevistador presenta famosas estrellas y termina haciéndoles diez preguntas que atribuye a Bernard Pívot, las de su famoso programa, Bouillon de culture, que debían contestarlas sin reflexionar, espontáneamente.

 

 

EDITORIAL: Ustedes y nosotros nos hacemos propósitos para cada año venidero, y a veces plasmamos alguno, a veces. No siempre por falta de voluntad, sino porque para cumplir es preciso un poco de “conócete a ti mismo,” que. No es igual, por ejemplo, tener la imagen de uno mismo depreciada que sobrevalorada, honesta o mentirosa. Digamos que, si me creo gran cosa, puedo proponerme inmerecidos altos cargos. Si carezco de autoestima, apenas si me atreveré a pensar en ganar algún pesito extra.

Supongamos que usted ha sido designado presidente de una institución odontológica o director de un departamento gremial y que sus actividades oficiales comenzarán en el 2008. ¿Qué se propone? ¿Lucir las medallas y perdurar? ¿Dejar el cargo por otro de más renombre? ¿Pensar en la salud de la población y en el bienestar de los colegas? ¿Achancharse? ¿Bregar por un futuro mejor para todos? ¿Dejarse llevar por el pesimismo y pensar que no tiene sentido molestarse por los ingratos colegas?

Conózcase a sí mismo, pregúntese qué careta se pondrá o si se quitará todas las máscaras y será honesto, por esta vez.

Vayamos a ejemplos. No surgirán proyectos iguales con palabras favoritas profundamente distintas: amor, dinero, solidaridad, hijos, paz, dulzura, chocolate, lolita, etcétera. ¿Se da cuenta de cuánto dice de sí quien elige una en vez de otra? ¿Pueden hacerse los mismos propósitos con cualquier respuesta?

Al meditar sobre sus contestaciones espontáneas se encontrará en camino hacia una norma para la vida práctica, objetivo de Sócrates cuando adoptó la frase délfica. Habría dicho, según Platón, "todo lo que el hombre aprende está ya en él," e insistía en que el hombre debe encontrar eso, a sí mismo, que ningún conocimiento puede ser adquirido sino mediante la propia  comprensión, un tomar conciencia de lo que hay en uno mismo, “reminiscencia” le decía.

Cumplirá el objetivo si es realmente espontáneo, sincero. Imagine que contesta que lo enciende la creatividad de los otros, o un hermoso par de piernas, o un verdoso par de billetes, y que lo apaga ver la miseria, la niñez abusada, su vocación errada. Unas u otras palabras cambiarán sustancialmente el propósito auténtico que se haga para el 2008, ¿no?

Del cuestionario original de Proust, la pregunta sobre cuál es su ideal de felicidad terrestre podría ser, por ejemplo, el clásico carpe diem,  “disfruta el día,” que a HM y EB nos atrae bastante, pero no podríamos disfrutar una comida (ni HM ni EB) si desde la ventana del restaurante estuviéramos viendo a un menesteroso que nos mira. La indiferencia no es para nosotros, no disfrutaríamos el día si calláramos la triste situación de los profesionales en la Argentina.

Entendemos en Universo Odontológico que un editorial debe exponer un tema, desarrollarlo y procurar darle una resolución, solución o respuesta o propuesta; pero esta vez nos circunscribimos a una sugerencia previa a sus propósitos para el 2008:

Conózcase a sí mismo.   

            Dr. Horacio Martínez                      Dr. Emilio Bruzzo

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