PLANETA DE SIMIOS     3-9-2001

                                                                             

En uno de tantos mundos paralelos al nuestro, en un país igualmente paralelo, los simios (eso que acá llamamos “monos”) tienen esclavizada a la especie humana. ¡Vaya novedad!

¿Cómo llegaron a dominar al ser humano>? ¿Qué les faltó a los hombres? Sin entrar en disquisiciones antropológicas o filosóficas o psicológicas sociales, se me ocurre que los monos tuvieron voluntad de poder, y cohesión, y fines comunes, y solidaridad. A los hombres les faltó todo eso y les sobró individualismo y egoísmo y resignación y apatía.Un puñado de monos pudo aplastar al hombre con sólo unirse y hablar. (Como la guerra que ganaron las salamandras, escribió Karel Capek, cuando aprendieron a hablar y se unieron.)

Cuenta que un día llegó a ese planeta de simios un hombre del espacio exterior, un ser del futuro que al parecer había aprendido (tras largos siglos) que es mejor estar unidos que dominados. Tras ese líder se unieron los andrajosos y esclavizados componentes de la especie humana y, juntos, unidos, sumados, agrupados, unidos, unidos, pudieron vencer a los monos y lograr la paz en una situación de mutuo entendimiento donde ninguno habría de medrar a expensas del otro. Donde una moral kantiana elemental no permitiera dolorosas diferencias sociales o ajustes sobre los que viven ajustados.

A un norteamericano, esta historia le puede hacer pensar en su conflicto entre negros y blancos y en que deben reforzar los lazos humanos por un bien común. A mí, argentino, me señala el triunfo de los mercaderes sobre la especie humana, odontólogos, médicos y pacientes. Una cita de Jorge Luis Borges se me planta en la mente: “El argentino suele carecer de conciencia moral, pero no intelectual; pasar por un inmoral le importa menos que pasar por un zonzo. La deshonestidad, según se sabe, goza de la veneración general y se llama viveza criolla.”

A los mercaderes argentinos, según se sabe, les importan un rábano la moral y la salud de la población. Exxel, prototípica, sólo piensa en el dinero que le da poder en el mundo globalizado. Unidos en asociaciones que los defienden con garras y colmillos, solidarios para el mal y la dominación, fácilmente derrotaron a la especie homo dentisticus, caracterizada por el individualismo, la resignación, la apatía y una errada y desvaída viveza criolla, que humillaron a los a los humanos del planeta de simios.

Dijo Monseñor Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, en el mes de julio: “Gente pobre en la calle y gente rica festejando fastuosamente; pobres perseguidos por reclamar trabajo y ricos que eluden la Justicia y encima los aplauden; gente que llora por la violencia y gente que tira comida.” “Duras palabras, sin vueltas, tan duras como la dolorosa realidad a la que es inmoral acostumbrarse.”

Sin embargo, mal puede extenderse el sentido moral en una sociedad que no lo inculca, salvo un puñado de sinceros creyentes (de cualquier religión). Si no se le enseña al niño el sentido moral, mal puede reconocer y pronunciar juicios en ese terreno, ni siquiera captar que otros le están poniendo límites a sus oportunidades de una vida decente.

Me pregunto si alguna vez aterrizará un líder en la Argentina, un dirigente que se juegue sin inmorales dilaciones, sin pelos en la lengua, sin miedos, ni a perder posiciones, ni a nada; un conductor que aglutine a los que son más y mejores para que pueda haber una conjunción moral (¡utopista!) entre capital y trabajo con conocimientos, entre propietarios y mano de obra especializada. Algo muy distinto de la inmoral relación entre mercaderes –nada monos- y población sufriente y sometida.

(A veces, ideas simples abren caminos. Un distinguido profesor cordobés envió un e-mail a una lista pidiendo a los demás dentistas que, como contribución contra el desempleo, prefiriéramos “comprar argentino”. Si Philips, escribió, se va del país y deja miles de desocupados, no compremos Philips importado. Es para meditarlo. Cumplo con difundirlo.)

La salud dental de la población está en franco deterioro porque el dinero que gasta en prepagas, clínicas y obras sociales se despilfarra en administración y personal. El odontólogo que regala conocimientos y trabajo a los mercaderes se está cortando las piernas, pues cada pacientes que acude engañado a los antros de destrucción dental es un paciente menos que visita su consultorio particular. (Es preferible que atienda gratis a un necesitado, por hacer el bien y porque mañana puede recomendarle a alguien más solvente.) Los recién graduados que sacrifican su juventud y sus estudios por una paga horaria inferior a la de mucamas están inmolando su futuro en el mortecino fuego de su ilusoria salvación, pasto de mercaderes.

La solución es que ingresen en la atmósfera argentina dirigentes auténticos que aglutinen en vez de separar y que conduzcan a la masa profesional a una lucha que debiera terminar sin vencedores ni vencidos, pero con justicia para todos. Que hagan entender a los mercaderes que deben ser empresarios con ganancias adecuadas a su inversión. Que transformen a sus dirigidos de esclavos, mal pagos y en negro, a profesionales dignos apropiadamente recompensados. Y que, en vez de “beneficiarios”, haya verdaderos beneficiados con una atención digna y sobre la base de las evidencias más actualizadas en el mundo científico.

                                                                              Dr. Horacio Martínez

 

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