noviembre 2003

  

Píldora antiedad

 

 

Peor que monos...   Los hombres, mucho peores. Experiencias realizadas por Sarah Brosnan, de la Universidad Emory, según la recomendable revista Nature, muestran que ellos poseen una aptitud innata que nosotros perdimos -los argentinos, por lo menos. Poseen un sentido de equidad necesario para vivir en grupos grandes, complejos, es decir, en sociedad.

Ella y Frans de Waal enseñaron a unos monos a intercambiar cospeles plásticos por pepino, por ejemplo. Adquirido el hábito, si veían que otro mono recibía algo que consideraban más valioso, como ser, uvas, se ofendían y podían arrojar de la cápsula el cospel o el pepino y no aceptaban el cambio despreciado. Peor aun, si el otro mono recibía las uvas a cambio de nada y manifestaban su rebelión de alguna manera.

La noción de equidad desapareció de nuestro vocabulario o, lo que es peor, de nuestras mentes. Ni siquiera mosquean los odontólogos que por su trabajo reciben una mala paga mientras los mercaderes de la salud, dueños de la clínica o la prepaga reciben las uvas, que debieran ser uvas de ira.

No es negocio...   En el último congreso de Chicago sobre Agentes Antimicrobianos y Quimioterapia se planteó el hecho evidente de que firmas de la importancia de Roche y Eli Lilly estaban dejando de lado la investigación de antibióticos por la de fármacos para las enfermedades crónicas. ¿Sabe por qué? Entérese al final de esta nota (inspirada en información de la revista Nature).

¿Sobran? No. Según la FDA, se están agotando los antibióticos, con apenas dos nuevos por año y con un 20% de infecciones por bacterias multirresistentes. Un poco abrieron los ojos cuando sobrevino el gran susto del ántrax y comprendieron la necesidad de nuevos agentes antiinfecciosos (los profesionales de la salud, no los laboratorios).

Las grandes compañías están manejadas por mercaderes de la salud, su objetivo es la ganancia, no la salud. La salud es un medio para hacer dinero, no un fin en sí. Tal como los mercaderes de la salud de las clínicas, de las obras sociales, de las prepagas. También ellos se quejan de problemas financieros (¡pobres!) y cortan gastos. Frente a los antibióticos, que los médicos reservan para casos extremos de resistencia, los fármacos para las afecciones crónicas, como cardiopatías, siguen en uso hasta el fallecimiento del paciente. En cambio, los antibióticos curan (¡pobrecitos mercaderes!) y se acaba el tratamiento.

Antiedad y probolsillo...   En este momento, los científicos están muy dedicados a buscar la píldora que demore el envejecimiento y alargue la vida. ¿Puedo concluir que así tendrán convenientemente más años vivo al paciente con un mal crónico no fatal?

 

                Dr. Horacio Martinez - Dr. Emilio Bruzzo               

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