La ‘patafísica no tiene nada que ver con la odontología ni tiene por qué estar en un editorial de este Odontológico Universo. Si usted no vive con hambre la curiosidad intelectual, no siga adelante.

Vino a parar aquí la ‘patafísica porque hace de la teoría y métodos de la ciencia moderna una cómica parodia, que aparece en Los Beatles en "Abbey Road" y en Julio Cortázar en "La vuelta al día en 80 mundos", y en Charly García y Groucho Marx. Por mirar la realidad con ánimo de risa, se expresa en un lenguaje sin sentido aparente. Afirma “dedicarse a soluciones imaginarias para problemas inexistentes y a las leyes que regulan las excepciones.” Y por si fuera poco, dice que está más allá de lo que está más allá de la física, o, en griego apretado, ‘epí ta metá ta physiká. (Ver la historia en históricas.)

El apóstrofo superfluo que precede su nombre habría sido pegado allí por Alfred Jarry, su papá espiritual, con la excusa de evitar calembours, como patte à physique (pata de la fìsica), pas ta physique (no tu física), o aun pâte à physique (pasta de fìsica).

‘Patafísicos serían algunos científicos y articulistas de entrecasa, por tan pero tan serios que dan tanta risa. Aunque, en el fondo, tan pero tan poco serios que apenan. Esta ‘patafísica huele un poco a Dalí y mucho al surrealismo; con plan desubicar, y ubicarse en esa función del arte que es provocar ideas, imágenes, fantasía, no mero copiar la vida cotidiana. La  ‘patafísica es capaz de poner una flor en el torno en vez de una fresa.

Hay que entrenar el ojo para en lo usual hallar lo extraordinario, lo insólito, lo impensable, que es la regla, que está en todos lados. Convalidado sea con estas noticias realmente reales: en un parque de diversiones prohibieron levantar los brazos en las montañas rusas para evitar el mal olor, en un avión hubo pánico por por haber hallado a bordo un cocodrilo bebé, caminantes nudistas reclamaron un sendero exclusivo para hacer turismo sin más atuendo que sus mochilas. Realmente reales.

Jarry considera que la regla es lo anormal, todo es extraordinario, todo lo existente, incluso usted y yo. Ejercita la mirada en busca de la rareza que reside en lo cotidiano, sabiendo que lo extraordinario está allí, listo para ser descubierto.

A diferencia de la ciencia habitual -- a la que sólo importa establecer reglas -- no viaja ida o vuelta entre lo particular y lo general, y excluye cualquier reminiscencia o pretensión de una generalidad o universalidad. Ni siquiera teoriza ni de sus contenidos ni de ningún otro aspecto, sólo "teoriza" sobre las particularidades. Es una ciencia que considera reglas a las excepciones, que son el universo complementario.

[Lector, no es fácil cambiar la mente esquemática, pero usted puede: haga un  esfuerzo, siga adelante y relea hasta captar la gran broma y la gran seriedad. Le hará bien a la salud. Ejercite sus músculos neuronales con la ‘patafísica.]

Esta ciencia funciona como una máquina para explorar el mundo con un gran juego de burla intelectual. Por eso Boris Vian habló de “pensar en cosas que pienso que los demás no pensarán.”

Buscar lo insólito y lo extraordinario obliga a distinguir lo que se ha vuelto estándar y "normal.” Estudiar lo inútil permite reconsiderar lo que una sociedad considera valioso e indispensable (como la inútil vestimenta del verano).

Todos los saberes conspiran para que todo sea útil. Todos nos quieren muy cómodos, cerrados los sentidos muy rápido y sin pensar más. Si recapacitamos en términos de inutilidad, ciertas incomodidades empiezan a atravesarnos. Pero son incomodidades amables, que nos resguardan una sana vigilia, un alerta a una nueva visión de lo cotidiano. Por otro lado, la comodidad puede ser muy poco amable, porque es mucho más cómodo dejar hacer y dejar pensar que tomarse la molestia de pensar y hacer uno mismo.                                             

                     Horacio Martínez

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