¡Cuidado, paquidermos!*

 *Para argentinos, ¿solamente?  Sobre las dirigencias, para lectores con ganas de pensar y de tomarse una pausa en su presuroso andar por la Web.

Miramos, a veces, sin ver que la humanidad que nos rodea, como decía un personaje de Aldous Huxley:** “…debiera ser dividida en dos grandes especies: los paquidermos y los de piel fina y sensible a todas las caricias.” Y a los que llamaba “bárbaros paquidermos” los dividía en  subespecies, como esteatocéfalos, acéfalos, y otras más.

Paquidermo (gr. pachys, denso, y derma, piel). Adj. Zool. Apl. A los animales mamíferos de piel gruesa y dura y tres o cuatro dedos en cada extremidad, como el hipopótamo, el rinoceronte y el cerdo. Ú. t. c. s. Por analogía, podríamos definir a los leptodermos como los de piel fina, delgada, sensibles, ultrasensibles.

Observemos nuestra circunstancia y veremos qué fácil es distinguir unos de otros. Desde allí, será fácil pasar a ámbitos más lejanos, lugares remotos desde donde los paquidermos se arrogan el derecho de decidir sobre nuestras vidas y la de nuestros seres queridos. En el gobierno y en la profesión, sus integrantes, dirigentes abusadores, ni siquiera tuvieron tiempo de estrenar la toga. A éstos, ¿se les adensará la piel como a todos sus predecesores? En enero del 2005 les aplicaremos el “dermómetro”.

El sabio Marx (Groucho) dijo que “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar los remedios equivocados.” Según esto, los paquidérmicos dirigentes son políticos por excelencia, se la pasan haciendo diagnósticos y nunca un tratamiento ni un remedio siquiera equivocado. En el proceso de lucha por la subsistencia, se les va adensando la piel (si es que alguna vez la tuvieron sensible) y cuando culmina su evolución a directivos ya casi no pueden moverse dentro de la coraza dérmica que desarrollaron. Paquidermos, de varios tipos. Hay puercos, que se revuelcan en el chiquero con el resto de la piara. Hay rinocerontes, que no se mueven, salvo para embestir con su gran cuerno, ciegamente, al supuesto enemigo. Hay hipopótamos, que reposan, comen y engordan, alimentados de “amíquémeimportismo” (“manera de vivir en la que cada cual conserva sus propias condiciones respetando, salvo en caso de defensa, las otras individualidades”, según el dadaísmo). Y hay elemmantes, que apenas si mueven las orejas enormes (para escuchar chismes) y la ágil trompa (para retransmitirlos).

¿Se los puede perdonar? “¿Puede alguien ser perdonado y conservar el beneficio de la falta? En las corruptas inclinaciones de este mundo, la mano dorada de la ofensa puede desplazar la justicia, y a menudo con su injusto premio compra la ley, aunque no esté por sobre ella.”*** No, en tanto retengan su ganancia, no se puede perdonar a quienes gozan del beneficio de su paquidermia, de su piel densa y gruesa.

Las paquidermos de pieles gruesas y densas, impermeables a la degradación de la salud bucal, impenetrables a los obuses de los mercaderes que degradan la profesión, consolidados por la degradación del resto de sus colegas, son el producto de un duro trabajo de años de hacer oídos sordos a los sufrimientos ajenos, de embadurnarse la superficie contra las picaduras de los pobres insectos que zumban catártica e inútilmente, y de frotarse las dermis unas contra otras en renovado regocijo por estar ajenos a las penurias del vulgo mayoritario. Paquidermis que recubren a “las personas desdichadas que como nunca piensan nada, jamás tienen nada que decir”. Las pieles finas, para peor, piensan y tienen mucho de qué quejarse y va siendo tiempo de que cambien y hagan algo más que decir. Aun cuando ese decir entre en la bella cualidad de juzgar demasiado mal a los demás, mejor que “el bello defecto de juzgar demasiado bien a los otros.”****

¡Cuidado, paquidermos sueltos! Podría ser un anuncio en la puerta de la jungla cotidiana, como para que al entrar los esclavos cargueros estén advertidos. Me gusta más como advertencia a los paquidermos de que los leptos nos cansamos, espartacos rebelados estamos dispuestos a una acción positiva progresiva, un paso tras otro, todos bien medidos, sin pasos apresurados propios de revolucionarios de papel más que de odontólogos ansiosos por cambiar la situación de la salud bucal y de la profesión.

Dijeron Ernst Fehr y Urs Fischbacher, en síntesis: “Algunas de las cuestiones fundamentales concernientes a nuestro origen evolutivo, a nuestras relaciones sociales y a la organización de la sociedad están centradas en los temas del altruismo y del egoísmo. La evidencia experimental muestra que el altruismo humano es una fuerza poderosa y que es única en el reino animal. Sin embargo, existe demasiada heterogeneidad y la acción entre altruistas y egoístas es vital para la cooperación humana. Dependiendo del medio, una minoría de altruistas puede forzar a una mayoría de egoístas a cooperar o, a la inversa, unos pocos egoístas pueden inducir a una mayoría de altruistas a abandonar.” (Nature)

Comencemos el 2004 abriendo una cuenta de confianza a las nuevas autoridades institucionales, no desesperemos, que –por ahí- no les ocurre como en Rinoceronte, de Ionesco, donde la enfermedad de transformación en el paquidermo del título se iba extendiendo hasta afectar a todos los habitantes. ¡Basta de paquidermos! ¡Discreción con los leptodermos!

                                                Dr. Horacio Martínez

                                                Dr. Emilio Bruzzo

**Antic Hay, de Aldous Huxley, pág. 235, Penguin Modern Classics, 1962.

*** Hamlet.

**** Le sopha, Claude Prosper Jolyot de Crébillon, 1742, 1ª parte, cap 3

 

-----------------------0--------------------------

 

Sobre la paquidermia, las contribuciones más valiosas en listas odontológicas fueron:

 

1. Paquidermo,  elefante, animal grande casi en extinción, el circo de la profesión sigue especulando con él. Dirigentes sin ideas
paquidermos todavía, no en extinción, las Asociaciones, Círculos, Federaciones y Confederaciones los tienen como animales  protegidos.
Los jóvenes, hembras y machos en constante evolución, podrían terminar con ellos, solo tienen que restablecer, en un gran debate, que la dignidad es más importante que un hermoso colmillo, y entonces podrán encontrar la respuesta, si  en su búsqueda determinan que el accionar  político no es una palabra, es un fin. Coco Vignolo
 

2. Hablando de los paquidermos y de seres sensibles a los que alude Martínez citando la obra de A. Huxley, " Antic Hay" ( Danza de sátiros) pienso que, en efecto, en el mundo actual que tiende a la deshumanización ( cito también a A. Huxley en su “Un Mundo Feliz”), hay seres clónicos que han sido programados y no se cuestionan ni se rebelan... son felices así... son los paquidermos a lo que se refiere. También hay otros paquidermos, como los que miran para otro lado ante el dolor ajeno, los que comercian con la carne y trafican con ella, los que engañan a los pobres africanos con la promesa de una tierra prometida en Europa y luego los abandonan a su suerte o los tiran al mar sin éstos saber nadar, en las  aguas del Estrecho de Gibraltar.  Paquidermos es el médico que opera a un paciente de cáncer con metástasis, a pesar de saber que tendrá una muerte segura, también el que comercia con el dolor ajeno, los prestamistas, los banqueros, los usureros... todo aquel cuya meta es única y exclusivamente ganar dinero a pesar de.. o a costa de...  Paquidermo lleva los  nombres de Pinochet y de Stalin escritos con sangre; paquidermo es el profesional que le paga una miseria a un colega aprovechando que no tiene papeles de trabajo ni convalidación de estudios, lo es también el dentista que pone un puente fijo con pilares tambaleantes, sabiendo perfectamente que aquello es un dislate pero que le hará ganar dinero.  Paquidermo es el que mantiene siempre atado a su perro y el que le corta las alas a un pájaro para evitar su vuelo.   

En el otro extremo están los seres que hacen que este mundo valga la pena vivir, los de piel sensible y fina.... los que se estremecen leyendo los poemas de Bécquer, los de Lorca los de Machado, los de José Martí, Alberti, Neruda y José Ángel Buesa; pieles finas las tienen los individuos que sienten el llamado a rebelarse al leer “Olivareros de Jaén", de Miguel Hernández. Piel sensible posee quien que se eriza escuchando la voz de La Divina Callas, es el que siente que "Tristán e Isolda" de Wagner es la mayor historia de amor cantada.  Pieles sensibles tienen los que lloran al escuchar una saeta en una procesión de Semana Santa andaluza, sensibilidad es cante jondo, es también Puccini en su Madame Butterfly, sensibilidad es Martin Luther King ante la injusticia del negro americano, alma sensible la de Itzak Perlman con  su violín, sensibilidad la del dentista que no engaña a su paciente y da el tratamiento adecuado, aunque le aporte menos beneficios, el que hace su tarea a conciencia, con dedicación y esmero.  Y cuando la sensibilidad sobrepasa lo humano y va adquiriendo tintes divinos... se llama simplemente Teresa  ( la de Calcuta... claro). Karen Pico

 

                               volver al indice                         

                                                             VOLVER