Mismismo

El mismismo no es seguir siempre en lo mismo... pero se le parece como la mismísima. Es frecuente que, cuando el director de una revista, o un corrector, formulan una indicación al autor de un artículo odontológico, la respuesta del investigador – prestigioso en lo suyo – desconozca la autoridad del asesor idiomático y conteste, simplemente: “Yo lo digo así”. Tipo magíster dixit [Frase proverbial entre los antiguos autores, popularizada por los comentaristas medievales de Aristóteles, para quienes la opinión de su maestro no admitía réplica.]

Este mismismo, este persistir en el error pese a conocer la verdad, se aplica también en la vida (“Yo lo hago así”), en el ejercicio profesional (“Siempre lo hice así”) y en casi todo cuanto alguien crea o suponga erradamente que es maestro en todo cuando sólo lo es en una pequeñísima parte del conocimiento actual. Si por ellos fuera, estaríamos hoy ejerciendo la medicina aristotélicamente, la odontología fauchardianamente, la vida cavernariamente y la lengua vulgarmente.

Porque, aparte del mismismo cotidiano, existe el mismismo idiomático, sobre el cual se expresó no hace mucho la sapientísima Lucila Castro desde su rincón lingüístico de La Nación. Escribió, con ligero retoque, lo siguiente:

Leemos en el Diccionario Panhispánico de Dudas: “A pesar de su extensión en el lenguaje administrativo y periodístico, es innecesario y desaconsejable el empleo de mismo como mero elemento anafórico, esto es, como elemento vacío de sentido cuya única función es recuperar otro elemento del discurso ya mencionado; en estos casos, siempre puede sustituirse mismo por otros elementos más propiamente anafóricos, como los demostrativos, los posesivos o los pronombres personales; así, en “Criticó al término de la asamblea las irregularidades que se habían producido en el desarrollo de la  misma”, pudo haberse dicho “durante el desarrollo de ésta” o “durante su desarrollo”; en “Serían citados en la misma delegación a efecto de ampliar declaraciones y ratificar las mismas”, debería haber dicho simplemente “ratificarlas”; en “el que su acción fuera efímera, innecesaria, no resta a la misma su significado”; hubiera sido mejor “no le resta su significado”. A menudo, su simple supresión no provoca pérdida alguna de contenido; así en “este año llegaremos a un billón en exportaciones, pero el 70 por ciento de las mismas se centra en el mercado europeo” pudo decirse simplemente “el 70 por ciento se centra...”

Es característico, comenta Castro, de un lenguaje burocrático, rebuscado, con pretensiones de elegancia, que lamentablemente ha conquistado imitadores en otros ámbitos.

Un editorial no es el lugar más propicio para comentarios idiomáticos y suele cerrar con una propuesta, que hoy será apuesta. Apuesto a que muchos lectores ya estarán diciendo o pensando: “Yo lo digo así”, “Yo lo hago así”. Y así piensan seguir haciéndolo. Y así no nos movemos, y así nos hemos quedado los odontólogos argentinos en ciencia, en gremialismo, en interés por la salud pública, en odontología social, y demás.

Y así marcha este mismísimo mundo nuestro.

 

  Dr. Horacio Martínez            Dr. Emilio Bruzzo

 

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