Los mercaderes, la salud y la evidencia

 

Lo que menos interesa a los mercaderes de la salud es la salud y la evidencia en que se sustenta su cuidado. Vale para todos los adoradores de Mammón, el dios del dinero,  desde el dueño de la clínica, pasando por el gremio que regentea un prostíbulo (perdón, obra social), siguiendo con la empresa de mayor o menor “alcurnia” que bastardea al profesional, hasta llegar a este mismo, pobre y lastimoso último eslabón de una cadena que reverencia el dinero y no el estudio, el progreso y la actualización con base en evidencias científicas, como debiera ser.

Se agrega al bastardeo una literatura biomédica que no siempre está a la altura de su deber con la salud de la población, dice Michael Glick, director del JADA. Como ocurre en el periodismo general, los valores de veracidad y ética que debieran enaltecer nuestras publicaciones profesionales se han visto manchados gravemente por conductas impropias y fraudulentas.

Ni que hablar de los mercaderes de las mafias farmacéutica y gremial que han vendido medicamentos falsos, vencidos o robados, a sabiendas del grave daño a la salud, letal inclusive.

Cuando se nos pide a los clínicos que apliquemos la información científica recibida debemos tener en cuenta que no todo lo leído es buena odontología basada sobre evidencia. Los autores deben ser confiables (ajenos a todo conflicto de intereses) y los directores deben recurrir a árbitros reconocidos en su especialidad y debieran solicitar y publicar revisiones serias de cada tema.

Los lectores debemos aprender a leer y debiéramos saber distinguir los trabajos prudentes de la chatarra patrocinada por los mercaderes de la salud (estar atentos a si los AA reconocen su relación con laboratorios o industrias odontológicos). “Hoy, las industrias comerciales están directamente embarcadas en investigaciones en sus propias instalaciones o están sustentando financieramente proyectos externos” (Glick)

Hay que fijarse si son revisiones creíbles, que incluyan estudios aleatorios controlados. Y ver estos detalles en las investigaciones clínicas: número de sujetos, experiencias sistematizadas, doble ceguera, interpretación no deformada, nada de porcentajes sobre 20 casos apenas.

Las observaciones empíricas deben estar documentadas y resultar de experimentos sistematizados bien diseñados. El buen clínico, aun con amplia y larga experiencia, debe basarse en evidencias.  Una mala representación de los datos y un mal uso de los hallazgos pueden tener el efecto opuesto, lamentablemente.” El odontólogo experimentado sabe discernir y puede salvar la brecha entre la evidencia escasa y una práctica extensa. Por más evidencia que se presente, el clínico sabe en qué caso es aplicable.

Directores y lectores deben cuidarse de los conflicto de intereses, como cuando el investigador actúa de manera sesgada, por dinero, por afán de escalar posiciones, de quedar bien con los patrocinadores, de obtener reconocimiento del público general. Los laboratorios farmacéuticos y los fabricantes de equipos y productos tienen mente de mercaderes y ni en ellos ni en las obras sociales existe otro interés fuera de Don Dinero y, de ningún modo, el bien de la humanidad.

En fin, entiéndase que no todo autor está atado a codiciosos mercaderes, y que lo nuestro es aprender a distinguir y a aprovechar a los que adhieren al rigor científico y la integridad. [Ver más en clínicas.]

 

                                                 Horacio Martínez

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