mayo 2014

                                    

Historia de dos cuidados

Fue el mejor de los tiempos, fue el peor de los tiempos Charles Dickens: Historia de dos ciudades

 

La historia de los dos cuidados -- el cuidado del bolsillo y el cuidado de la salud dental -- nos enfrenta en la Argentina al mejor de los tiempos, al peor de los tiempos.

El mejor, por los progresos; el peor, por la falta de educación para la salud, algo que no rinde a los mercaderes de la salud – corporativos o individuales – y por los chupasangres mercaderes.

El progreso llega al punto de que pronto a los implantes serán piezas de museo o al de recolectar células madre en los dientes de leche.

La deseducación – no ignorancia --  prolifera en los consultorios ávidos del contenido de los bolsillos, no del bien de la cavidad bucal. ¡Mercaderes!

El odontólogo sabe muy bien que no siempre el tratamiento más costoso es el mejor ¿y aconseja de acuerdo con eso? ¿Piensa en el hoy de su conveniencia o en la salud del paciente? No muchos cumplen  con el precepto hipocrático primum non nocere: prima el implante por sobre la conservación de los dientes, que solía ser el objetivo primordial de la odontología. Así como en otros tiempos se sabía que es mejor una buena y económica completa que una parcial fija sobre dientes dudosos.

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Los dos cuidados marchan en sentidos opuestos…

pero no necesariamente

Hoy, podría ser bueno para la salud de una familia, así como para el bolsillo del odontólogo, la previsora recolección de las células madre de un diente de leche, o de un tercero sano, o la de un premolar extraído por razones ortodóncicas. Ninguna conferencia del último gran congreso de odontología en el país – y en unos cuantos alrededores – menciona una práctica que se realiza en el Primer Mundo y en países de América hispanohablante (informan nuestros corresponsales), con beneficio para ambas partes.

Puede ser que el dentista no sepa educar al paciente en las ventajas de la odontología mínimamente invasiva o del sellado de fosas y fisuras. Pero el paciente – mal asesorado -- no estará dispuesto a pagar más por esto que es mejor para su salud y la de su familia; no es capaz de apreciar el consejo del buen samaritano que pretende cobrar lo justo por algo menos aparatoso, menos manifiesto que un implante o una porcelana (¡da nivel!), aunque sea más adecuado para el futuro de la dentadura.

En fin, éstos son temas para meditar, para conversarlos con la conciencia en forma de almohada, nunca pensando en el propio patrimonio o en la mala disposición del paciente a invertir de su cuidado bolsillo para su descuidada salud. En ambos casos, asistimos a la lamentable historia de los dos cuidados mal entendidos.

Horacio Martínez

 

Nota: Sobre la Historia de dos ciudades

http://www.librosyliteratura.es/wp-content/uploads/2012/07/dos-ciudades.jpgLos dos cuidados evocan, de oído nomás,  la novela Historia de dos ciudades, de Charles Dickens, donde un amor florece en dos urbes en plena Revolución Francesa, y un acto heroico, hoy absolutamente incomprensible, lleva a que un abogado inglés toma el lugar de un aristócrata francés en la prisión y muera en la guillotina.

http://t2.gstatic.com/images?q=tbn:ANd9GcTyjsDfxhWYBnJ-7jkwbYZUEgBnsBPXzsQgw1WkG3KFhitzZa08vcrTW_0GPero la novela apasionó a generaciones ávidas de leer aventuras y penurias y, por ello, mereció varias versiones cinematográficas, desde la primera en 1935 con Ronald Colman, y otras en 1958, 1980 y 1989.

Este párrafo inicial, completo, marca la calidad de Dickens, que no decae ni aun en una novela de aventuras.

Fue el mejor de los tiempos, fue el peor de los tiempos, fue la edad de la sabiduría, fue la edad de la estupidez, fue la época de las creencias, fue la época de las incredulidad, fue el tiempo de la Iluminación, fue el tiempo de la Oscuridad, fue la primavera de la esperanza, fue el invierno  de la desesperación, lo tuvimos todo ante nuestros ojos, no tuvimos nada ante nuestros ojos, iríamos todos directo al Cielo, iríamos todos directo en sentido contrario…

 

 

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