mayo 2011

Cartonero y/o dentista: empresarios

El cartonero Lionel había recibido de la vida los dones que Natura da, de la sociedad nada, ni educación, ni bienes, nada. Estaba enamorado, quería casarse, necesitaba ganar más plata. Trabajaba mucho y no le alcanzaba ni para vivir él. También, con $0,65 por Kg se hace difícil.

Tuvo entonces la idea de incrementar su actividad mediante el pago de unos pesos a unos chicos que ni eso tenían. Pese a lo poco que juntaban, si lograban reunirle digamos 20 Kg cada uno, bien podía desprenderse de unos pesos y aumentar sus entradas. Así nació el espíritu empresario en él, que le permitió crecer y cumplir sus sueños iniciales.

El dentista Lionel había recibido de la vida los dones que Natura da, de la sociedad nada, ni educación, ni bienes, nada. Apenas los estudios que los padres pudieron permitirle, con penoso esfuerzo. Estaba enamorado, quería casarse, necesitaba ganar más plata. Trabajaba mucho y no le alcanzaba ni para vivir él. También, con la limosna que pagan las obras sociales, se hace difícil.

Tuvo entonces la idea de incrementar su actividad mediante el pago de unos pesos a unos recién recibidos y latinoamericanos que ni eso tenían. Pese a lo poco que juntaban, si lograban reunir digamos unas cuantas prestaciones cada uno, bien podía desprenderse de unos pesos y aumentar sus entradas. Así nació el espíritu empresario en él, lo que le permitió crecer y cumplir sus sueños iniciales.

¡Qué grande el espíritu empresario!

¡Qué lejos se puede llegar! (Mediocre y rastrero, y se llega a todo (Barbero de Sevilla, acto III, escena 7) 

Y nadie obliga a la mano de obra subcontratada a deslomarse por monedas, ¿no? Si lo hacen y hasta lo piden, no hay por qué tener la conciencia sucia, ¿no? Recibir, tomar y  exigir, he ahí el secreto en tres palabras (Beaumarchais)

  ¡Todos contentos!

Éstas son historias de la vida real, como bien lo saben el cartonero, el odontólogo, sus esclavos voluntarios, los mercaderes de la salud. ¡Y que viva el capitalismo salvaje!

Hay muchos ejemplos de espíritu empresario. Vn dos.

Una colega dijo a su paciente que la OS le cubría la corona molar de porcelana sobre metal. Pero que por $1200 podía tener una de zirconio… ¡que era muchísimo mejor!

Una colega dijo a su paciente que si no dejaba el cigarrillo ya en un año tendría cáncer incurable. Y le sugirió una limpiza. ¡¡?¡Y no tenía ni una mísera leucoplasia!!! [Amigos lectores, pueden enviar más ejemplos que los publicaremos. ¡Sobran!]

Suelo cerrar mis editoriales como corresponde, con una sugerencia, una propuesta y a veces hasta me atrevo a un consejo no requerido. Por lo tanto, no haré menos esta vez y sugeriré a los devotos de cualquier religión mayor y a los ateos de cualquier color que piensen que el día llegará en que serán premiados o castigados, con el Paraíso o el Infierno, con una conciencia tranquila o con una conciencia que ya no blanquearán ni con peróxido cuando les llegue el último minuto.

¡Y recuerden que ni a Dios ni a la conciencia los engaña nadie: no hay arrepentimiento del último instante que valga!

                                                                                  H.M.

 

Una pregunta: ¿alguien me prestaría un púlpito?

El lector curioso puede releer la lista de los inquisidores más famosos, comenzando por Tomás de Torquemada (1483-1498),   Prior de los Dominicos de Segovia, y siguiendo con la lista que da Jose Aboal , cuyo  nombre puede cliquear y ver qué bien acompañados estoy.

Un consejo: piense un poco en los demás. Sencillo.

Me cuesta cerrar el tema y agrego unos versos del libro del mes, que vienen al caso, creo: Por la suerte del nacimiento / uno es rey, el otro es pastor:/ el azar creó la distancia; / el alma puede cambiarlo todo. (Beaumarchais, las Bodas de Fígaro, Acto V, escena xix).  

Quentin Anderson comenta a Nathaniel Hawthorne, uno de los tres grandes escritores del s XIX en USA, con estas palabras: Las cuestiones que plantea son simples pero fundamentales: ¿Cómo podemos preservar nuestra humanidad esencial? ¿Cómo podemos perdonarnos a nosotros mismos y a los demás las imperfecciones radicales del hombre – codicia, lujuria, el impulso a tiranizar y, lo más terrible, el orgullo intelectual? Inundados por ese orgullo,. Tratamos a los demás hombres como materiales con los cuales podemos realizar nuestros programas o como meros sujetos de experimentación...

 

 

                                           Dr. Horacio Martínez

 

 

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