Riéndonos de nosotros mismosLaughing Gas

 

 

                                

 

 

 

 

                                             Carlitos y el gas hilarante

 

 

Con ayuda del gas hilarante, la risa bien entendida puede comenzar por casa. Al histórico año 2010 le cae bien una burla de este papel de próceres de la odontología que tantos dentistas nos asignamos (¡no sé de dónde, pibe!). ¡Vamos!, a quitarse el cuello duro (que ya no se usa) y a gozar -- en vez de quejarnos de las brutas flechas que nos lanzan los cómicos buenos y malos. [Ver digresiones, con los dentistas del cine.]

                 Bob's Birthday
                                        Dibujo canadiense sobre un dentista (ver sus pósteres).

                     Jefe de una familia disfuncional, es el protagonista de un dibujo animado para adultos:

                    Three Stooges
                 Moe y Shemp Howard, + Larry Fine = Los Tres Chiflados (dentistas disfuncionales) 

              Con cruda comicidad, dos hermanos y un tercer chiflado remedan nuestro accionar profesional:

Al ver cómo nos satirizan, no es mejor bajarse del caballo de bronce (¿no estamos acaso  subidos a la banqueta como a un pedestal?) y en vez de mirar desde arriba al paciente – sobre todo si está con miedo –ponerse en su lugar, sentarse en el sillón y  reír con ganas de lo realmente desubicados y disfuncionales  que somos ignorando los temores (obsoletos) de nuestros pacientes..

No me digan que no es para matarse de la risa verse disfrazados de cirujanos de trasplante de corazón, recubiertos de los callos a la caspa... y hablando por teléfono con los guantes puestos. Sólo falta la enfermera que nos seque con una gasa la frente – si la encuentra.

                                      Dentist in the Chair
                       Humor británico con un dentista en el sillón (Dentist in the Chair)

Para el dentista en su sillón, me acude a la memoria El Burlador de su Silla, o Don Juan Tenorio, o algo así, clásico del teatro español, donde decían aquellos románticos versos: ¿No e’ verdad, anquel de amor / que en esta apartada orilla / se se nos rompe la silla / se vamo’ al suelo lo’ dos?

 

Los sedicentes disfrazados padres actuales de la odontología tuvieron padres que atendían así: Cuando yo trabajaba con Fauchard, al ladito de la Comédie Française, no usábamos anestesia. No sé cómo me salvé de la guillotina, que más de uno nos habrá tenido ganas. Por suerte nunca fui muy aristócrata. Bah, más menos que más.

Quizá riendo se aprenda a ser serio en serio, no de almidón para afuera, sino tomando a pecho (no lo digo por las colegas) el juramento hipocrático que cambió tanto de cuando lo redactamos con el griego ése que ya es más perjuro e hipócrita (lo dicen en todos los idiomas)  que hipocrático. Fijate que ni siquiera figuraba eso de primum non nocere (ante todo no dañar) y muchos creen que sí. En lo que cumplimos es en no hacer abortos y a veces recordamos que donde se trabaja no se... ¿cómo era?

Les contaría chistes a mis lectores para ver si ríen o si tienen el diploma tan metido que no les deja estirar los labios para una sonrisa o una carcajada de alma. Este editorial termina sin las debidas “sugerencias,” pero vale recordar el asno que tocaba la flauta sin saber música, pero creyéndosela, el de Buridán que pretendía pasar todo por la razón, o el asno de oro de Apuleyo que termina desechando los placeres de la carne (la de exportación, claro).

Si seré burro que me engolosiné con mis congéneres cuadrúpedos y los tomo en “coda.” No debiera, porque hoy es fácil tropezar con asnos, de los que creen saber música y lucen pajarita al cuello.¿No les pasó?

                                                                                                                                                                                                                                         Horacio Martínez

CODA.- En Roma antigua, el asno, por las dimensiones de su falo, estaba consagrado a Príapo a quien era ofrecido en sacrificio. En la Argentina, a contrario sensu, los asnos están consagrados a Don Dinero.   Como para los romanos, el encuentro con un asno de éstos sería presagio de calamidades.

Por pensar sólo con su pene, o sólo con su bolsillo, se le da el calificativo peyorativo de burro o asno al  ignorante o de poca inteligencia. Así como a los adultos por ambiciosos, en Pinocho los niños los convierten en asnos por dejar los estudios y conocimientos a un lado por la jauja. Lawrence de Arabia cargó en su mochila una copia de El Asno de Oro durante toda la Revuelta Árabe. Él se lo dio a conocer a Robert Graves, quien luego lo tradujo.

En el Sueño de una noche de verano, se aprecia  cómo Shakespeare recurría a la literatura antigua; pues allí el no muy lúcido Bottom (“posaderas”) es transformado en asno.

Rescato dos asnos que no merecen el peyorativo de burros: el famoso Platero, de Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez. Y el asno charlatán de Shrek.

* El ministro de salud advirtió que la saliva produce cáncer de estómago. Pero, al parecer, sólo cuando es deglutida en pequeñas cantidades a lo largo de un extenso período.  (Napakm & silly putty, por George Carlin.)

 

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