marzo 2012

Fauchard fue todo un hombre

 

Fue nada menos que todo un hombre de su tiempo, cabe decir de Pierre Fauchard, a 250 años de su muerte. No un pelucón, ni una figura de cartón estampada en la historia de la odontología.

Fue más que un cirujano dentista, y nada menos, digno de que el colega de hoy se detenga a enterarse de que nuestro prócer tuvo una rica vida fuera del consultorio. Existencia que llenó de coloridas vivencias desde su primer incierto día de 1678  hasta el 31 de marzo de 1761, fecha de su desaparición, cuando ardía ya el fuego intelectual que conduciría al incendio definitivo de la despótica monarquía.

Fauchard fue un hombre que poseyó la osadía intelectual requerida para  quitar las telarañas de las enseñanzas trasmitidas de maestros a aprendices y para divulgar los secretos del gremio. En 1728, hizo públicas las intimidades de su arte, adelantándose así a la polifacética y progresista Enciclopedia, magna labor esclarecedora  de filósofos coetáneos suyos. Al aparecer ésta, Fauchard ya había legado una obra basada en la evidencia, fruto de haber acudido incluso al último grito de la ciencia, el “delatador de minucias” de Leeuwenhoek, con el que observó “gusanos” mucho más pequeños que los supuestos culpables de las caries.

Fauchard se casó tres veces y tuvo un hijo de su segunda esposa,  actriz e hija de los Duchemin, reconocidos actores de la Comedia Francesa. Elizabeth se unió a PF un año después de la publicación de Le Chirurgien Dentiste. La joven – muchos años menor que él – era cuñada de “la Duclos,” una renombrada dramática, que Fauchard atendió, de vida tan agitada que hoy sería invitada a todos los shows televisivos.

Pierre Fauchard vivió y trabajó al lado de la Comédie, en la actual rue de l’Ancienne Comédie, y enfrente del aún existente Café Procope, frecuentado por turistas de hoy y por Voltaire, Diderot y otros sabios y científicos de entonces, con quienes, seguramente, compartió tertulias. Ellos formaron los pensadores que infundieron las ideas de independencia entre nosotros y el concepto de esa libertad que hoy goza nuestra democracia.

Se suele poner énfasis en que Fauchard hizo una de las primeras descripciones minuciosas de la periodontitis (“enfermedad de Fauchard”), pero destaquemos asimismo que, cuando posó para su retrato, con orgullo quiso hacerlo delante de su biblioteca. Fauchard muy probablemente dedicó tiempo a la lectura general, a los grandes escritores que dio el París prerrevolucionario  y a mucho más que los latinajos que por siglos repetían la ciencia de Aristóteles.

Fue nada menos que todo un hombre, como usted y como yo, un hombre de su tiempo, estudioso y vital, aplicado en su profesión, y, tan vecino de la Comedia, no pudo dejar de ver y apreciar el teatro de Racine, Molière y demás glorias de la dramaturgia francesa. El hijo de Fauchard, fruto de madre actriz y padre afecto a las representaciones teatrales, llegó  a ser uno de los más destacados actores de Francia, con el apellido Grandmesnil.

Con sangre y ambiciones humanas corriendo por sus venas, cabe decir con uno de sus biógrafos: Al comprarse un castillo [del s XIV, en agosto de 1734] que venía de prestigiosos propietarios, Pierre Fauchard se compra un nombre, “seigneur de Grandmesnil, colmando así sus ambiciones sociales al mismo tiempo que sus ambiciones intelectuales. Humanamente se comprende que silenciara sus orígenes modestos.

En la vida artística e intelectual de su tiempo, donde las damas de la sociedad se preciaban de los invitados a sus salones cultos, no es caprichoso  suponer que nuestro hombre, que tuvo por pacientes a los personajes más encumbrados y a los no tanto, haya sido invitado a esas reuniones en que se cocían innovaciones, se cultivaban rebeliones y se apadrinaban uniones lícitas y de las otras. En esas tertulias, D’Alembert  o el longevo filósofo, astrónomo y científico y enamoradizo Fontenelle  habrán hecho su aporte a Pierre Fauchard y recibido de él, por partes iguales.

Perteneció a un mundo de alegres vinerías al aire libre, donde cabían bandas de ladrones, como la del cinematográfico Cartouche, y estafadores como John Law,  el escocés de fraudes multimillonarios, precursor de Bernard Madoff, el guante  blanco norteamericano contemporáneo. En ese medio trabajó, pensó, escribió y gozó Fauchard, y sufrió, con la muerte temprana de su  Elizabeth

Con la música que sonaba entonces, la del notable Jean-Philippe Rameau, como la de Piazzola hoy, se puede cerrar esta evocación. Remembranza más de la carne y el espíritu que de la mente científica de Pierre Fauchard, cirujano dentista certificado, Padre de la Odontología, recordado aquí en su carnadura y meollo humanos, a dos siglos y medio de su desaparición material, a los 83 envidiables años.

 

                                                    

         Dr. Horacio Martínez    

    Autor de la ficción histórica 

       Fauchard enamorado

 

         CASTILLO DE GRANDMESNIL

Cartes Postales Photos Château du Grand Mesnil 91400 ORSAY essonne (91)

 

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