Libertad de prensa      octubre 2001

 

(Hace tantos años que prefiero no recordar cuándo fue publiqué que un editorial sobre la libertad de prensa, siendo Director de la Revista de la Asociación Odontológica Argentina. Es increíblemente actual, razón para reproducirlo.)

Pretender una definición de la libertad de prensa sería tan osado como querer una definición de la libertad, de la que aquélla no es sino una de sus señales, quizá la más importante. Sería imaginarse que es posible asir con las manos un arroyo cristalino o atrapar la flecha en su vuelo.

La libertad para expresarse es lo último que puede perder un ser humano. Y es lo primero que se intenta arrebatarle. Es tal su fuerza que sólo la quiebra la muerte. Y es tan frágil que la quebranta un silencio. Es indefinible, como el ser, como la nada, como la libertad.

(Escrito en mis años mozos de existencialista, me quejaba por la mala prensa y, peor, la nula prensa que nos dieron los medios en ocasión de una huelga profesional. Como hay que aprender a medida que se camina, para la próxima huelga es importante recordar que pretendemos la mejor salud para la población y, seundariamente, nuestro bienestar. La continuación del editorial podrá ser vista, después del 15 de octubre en:

La única posibilidad de ubicarla, de apenas esbozar sus contornos sería mediante un sombreado de sus límites, con una demarcación por lo negativo: se puede expresar lo que no es libertad de prensa.

No es solamente lo impreso en papel de diario, revista o libro. Ni lo dicho por radio, ni lo que se ve y oye en el cine, en el teatro o en la televisión. Porque puede ser mentira. O por lo que no se dijo ni se escribió.

No es un punto de vista, ni muchos todos juntos. Porque no a todas las voces les conceden el mismo volumen.

Ni es un semanario político que vocifera, porque su vocecilla no llega muy lejos. Y tampoco es el vozarrón del gran diario, por demasiado mesurado.

No es lo que se dice, cuando queda mucho por decir.

No es libertad de prensa lo que hemos conocido los médicos y los odontólogos. Por lo que se calló, retaceó, midió y mintió. Para nosotros no hubo libertad de prensa. Y si la libertad de prensa muere en un solo hombre, muere en todos. Sólo la sustenta el viento hasta que bajan las aguas que quisieron ahogarla. FIN

(¿Pretendió algún lector emitir opinión en un medio profesional? ¿O en algún diario? Si hasta el diario más serio se vende por un avisito y la institución odontológica se reserva para los amigos. Ejemplo concreto: ni un antiguo mensuario de noticias odontológicas ni la mayor asociación del país quisieron difundir la existencia de “Universo Odontológico”, que es un esfuerzo no comercial de dos odontólogos para bien de todos los odontólogos, sin excepciones. H. M. y E. B.)

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