Juventud, divino tesoro...  

Hacen muy bien los jóvenes en no prestar la menor atención a los consejos que a veces pretendemos darles los viejos. Sería una pena, en cambio, que se perdieran los consejos en forma de ejemplos que les da la propia vida. Si miran a su alrededor, y realmente ven, verán viejos que desperdiciaron su juventud, que vejetan, que son la consagración del otoño y del invierno, la consolidación de la mediocridad, congelados en la mirada hacia atrás.

No hay momento más triste, en la mitad del camino de la vida, que mirar para atrás y ver los errores irreparables, las oportunidades perdidas, el infierno en la Tierra. Juventud, divino tesoro, / ¡ya te vas para no volver! / Cuando quiero llorar no lloro / y a veces lloro sin querer. La maravillosa juventud se va, se acaba y no hay marcha atrás. Salvo improbables reencarnaciones, la vida es una sola, pero ofrece mucho más que el horaciano carpe diem, más que el puro goce del día sin perspectiva de mañana.

Para no tener que llorar con Rubén Darío, mil puertas al porvenir esperan a ser abiertas con dedicación y esfuerzo. Los hombres deben probarse a sí mismos, para lo que cuentan con la carta ganadora que es la juventud. Cada cual emprende un viaje iniciático en más de un sentido, en el que aprenderá sobre la condición humana general y la propia, que el hombre ha nacido para enfrentar los problemas y resolverlos,como el del mar se lo confirmará a los marinos, y a todos los personajes de las atrapantes novelas de Joseph Conrad (tenía por delante todo el oriente, y toda la vida), como la respectiva actividad a cada joven: las amenazas y asperezas de la vida y la solidaridad frente a ellas pueden marcar la vida y darle un resplandor sin igual o a los seres resignados conducirlos al triste crepúsculo de la mediocridad. Mientras haya lucha habrá juventud y se retirará la medianía. ¡Oh, encanto de la juventud!¡Qué fuego hay en ella, más ofuscador que las llamas del barco incendiado, que arroja una luz mágica sobre el ancho mundo y salta hasta el cielo, para ser apagada luego por el tiempo, más cruel, más despiadado, más amargo que el mar...

Cuando veo a los jóvenes dentistas que fabrica la facultad, no me cabe en la mente que salgan ya resignados a magros salarios, a un pobre ejercicio profesional y a ser carne de cañón de los mercaderes de la salud, pantagruélicos devoradores que los engullen para engordar sus vientres insaciables de egoístas supremos. Sería hermoso que todos sintieran esta frase textual de un lector nuevo de U. O. : como, vivo y duermo con la odontología es mi pasión. ¿Dónde está ese fuego? (¿Qué se hizieron las llamas / de los fuegos encendidos /  d’amadores? ) ¿No sueñan ya por una vida feliz para sí y para los suyos? ¿Dónde quedó la vocación de luchar por la salud, en vez de destruirla?

¡Vamos, juventud, que hay mucho por lo cual pelear! Mientras haya vigor, imaginación e inteligencia, se debe ponerlas en juego por el bien común, por la fraternidad, por la igualdad de oportunidades, por la libertad de elección. Para no llorar mañana sin querer... cuando ...nuestros rostros, ajados, arrugados, nuestros rostros marcados por las fatigas, por los desengaños, por los éxitos, por el amor; nuestros cansados ojos que miraban aún, que esperaban ansiosos algo de la vida,, que mientras se aguarda ya se ha ido, ha pasado inadvertida, en un suspiro, en un relámpago, junto con la juventud, con las fuerzas, con la aventura de las ilusiones...

Decía Séneca: yo te digo que desde que naciste caminas hacia la muerte.  No aclaraba que hay muchas maneras de hacer el camino y aun de  hacer camino al andar. Lo triste es en el medio del camino volver la mirada y ver cuánto se anduvo en el vacío, en la soledad –aun acompañada— y en el desperdicio de la única oportunidad que da la vida. Hay que renovar las instituciones, hay que derribar las  mercenarias empresas de salud, hay que volver al respeto por el cuidado y la prevención en salud bucal, hay que unirse y trabajar, con todo el vigor y la imaginación de la juventud, divino tesoro que no merece verse disipado. No deben preguntar qué están haciendo por ustedes, hay que hacer.

Reconsideren, jóvenes colegas, miren a su alrededor, no escuchen más consejo que el cruel espejo de la realidad, que muestra en los derrotados, en los resignados, en los mediocres la imagen que mañana podrá ser la que ustedes mismos se hayan construido, inalterable, para siempre solidificada, ya con esfuerzo y solidaridad, ya con desidia y egoísmo, ya tesoro, ya miseria.

              Universo Odontológico

               

                  Dr. Horacio Martínez     

 

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