junio 2013

¿Sabe usted que el escepticismo lleva a la  ciencia?

El escepticismo ante lo aceptado hasta la fecha pondrá en juego la razón y abrirá el camino hacia nuevas verdades. D. D.

 

Denis Diderot (5/10/1713-1784) cultiva la sabiduría del escepticismo y cómo puede llevar a la ciencia. Hace 300 años asomó en Francia para iluminar todo el Siglo de la Ilustración con propuestas demoledoras de perimidas tradiciones. Dio bases para esa ruptura y para el desarrollo del conocimiento en su colosal Enciclopedia (17 volúmenes). En ella salieron de las sombras del secretismo las actividades profesionales y quedaron a nuestro alcance la ciencia, la filosofía y el arte.

Ya en su primer libro, Pensamientos Filosóficos (1746), se aprecia  cuánto adeudan la ciencia y el pensamiento actuales a sus ideas de independencia intelectual y del poder, y cuán merecida es su evocación en su tricentenario.

Sirvan de muestra y prueba unas pocas frases:

Un niño que es obligado a asumir un dogma está condenado a aborrecerlo o a convertirse en un fanático. El hombre de ciencia no puede aferrarse a las ideas recibidas, porque de hacerlo no habría descubierto nada ni siquiera habría inventado la rueda. El escepticismo ante lo aceptado hasta la fecha pondrá en juego la razón y abrirá el camino hacia nuevas verdades

O:

Lo que jamás ha sido puesto en duda no puede ser de ningún modo probado. Lo que no ha sido examinado sin prevención no ha sido jamás bien examinado. Por consiguiente, el escepticismo es el primer paso hacia la verdad. Debe ser general, porque es su piedra de toque. 

Pensamientos guía que merecen un buen marco y colgar en una pared del laboratorio ante las narices del investigador.

Diderot se esforzó con sus acciones y sus escritos – ejemplarmente claros y concisos – para que los hombres confiaran en su propio razonamiento y que repudiaran la fe ciega en los textos del pasado, aunque fueran del propio Aristóteles o de cualquiera que no sustentara sus dichos con demostraciones. Asimismo, se debe ser escéptico frente a las instituciones y a los prejuicios heredados e impuestos por los maestros supuestamente intocables...

La duda es fuente de conocimiento cuando se acepta la parte que corresponde a la ignorancia y se la convierte en motivación para el progreso  mediante el estudio crítico y la investigación que corroboran o innovan.

No es preciso decir más: Diderot lo dijo mejor.

Si estos pensamientos no complacen a nadie, no podrán ser sino malos; pero los consideraría detestables si complacen a todo el mundo. 

                                                                 Horacio Martínez

 

¿ Sabe usted para qué le sirve un editorial?

 

Quizá para hacer mejor una carilla a mano alzada, si se trata de una publicación odontológica. O para saber qué opina el Director del último avance científico y si tiene aplicación práctica en la lucha cotidiana por el pan, y la manteca, y hasta el dulce. Si es que el Director tiene alguna opinión propia, no impuesta.

El Director de un órgano de divulgación profesional debe ejercer o haber ejercido la profesión para estar al tanto de los temas inherentes y de todas sus circunstancias.

Pero las circunstancias van mucho más allá de comentar la última encuesta yanqui sobre el uso de dique de goma entre los OG de USA. (Que es interesante, por cierto.)

Pero…

¿Qué es un editorial?

Para comenzar, es macho. Aunque lo redacte toda una hembra. Porque es el artículo editorial, no la editorial u organización que lo publica. Para los latinos, y alemanes, p ej, hay un Director que piensa (o lo intenta) y una empresa editorial que publica el producto de sus pequeñas células grises, como diría Poirot.

Para anglófonos, el Director es el editor – que editorializa – y el editor es el publisher – que da a luz, hace público.

En latín, el mismo verbo (edere) que significa “hacer público” quiere decir también – entre muchas más definiciones que da Corominas –  “dar a luz,” “parir,” “sacar afuera.” ¡Y por cierto cada número es un verdadero parto! ¡Y no por cierto para la empresa editora (que “solamente” paga la parición)!

Volviendo al torno, el pan, la manteca y el dulce

El entorno del torno y demás adminículos puede extenderse hasta las fronteras de un país o aun del globo terráqueo en la medida en que, directa o indirectamente, eso afecte nuestro “sacerdocio”(!) cotidiano. ¿O no es apropiado opinar sobre las normas aduaneras si hubiere dificultad para importar productos?

 Este amplio alcance no apunta a despachar comentarios sobre la bomba nuclear de Corea o la renuncia de un Papa. No debe ser, sin duda, material informativo, noticia o entrevista. Es una opinión personal o institucional – que va como Editorial (no firmado, o sí) o como Carta del Director (firmada por él, o por su invitado) –  sobre un tema que, en general, debiera estar vinculado con la actualidad. O ser atemporal, las menos veces. La (supuesta) objetividad da paso a la subjetividad

Este artículo no firmado – o sí – presenta un análisis y refleja la línea ideológica y la postura del medio. En Universo es siempre la voz de uno de los dos directores o la de ambos, y según el caso va la firma.

En una organización profesional, el editorial no lleva firma, porque resume una opinión colectiva. Si el Director tiene alguna vez alguna opinión sobre algo (si es que alguna vez la tiene) entonces incluye la Carta del Director. En las mejores revistas odontológicas del mundo, los directores no dudan en firmar los editoriales; pero se sobreentiende que no es la opinión de la institución editora.

Las funciones del editorial son explicar los hechos y su importancia, su relación con  el ejercicio profesional, sus antecedentes y consecuencias, generar un cuadro simplificado de los acontecimientos para la comprensión del lector, formular juicios morales o de valor y sugerir acciones como conclusión de lo expuesto. Todo puede o debe estar muy conectado con el pan nuestro de cada día. Por ejemplo, es pertinente un editorial que presente una imagen global de los medios de limpieza de caries (láser, solventes, fresas con ultrasonido, etc.) y comente su mayor o menor practicidad. El editorialista debe distinguir entre lo que en un hecho hay de pasajero y accidental de lo que es decisivo.

El papel del lector

El lector no es un papanatas que pasea su mirada por los textos y no piensa. Siempre me gustó la frase de Miguel de Unamuno sobre que él no escribía para ayudar a la digestión de los lectores, sino para hacerlos pensar, aunque fuera para contradecirlo.

Un buen odontólogo no saltea los editoriales para ir directamente a los artículos prácticos que lo ayudarán en su labor o en sus ganancias. Los editoriales, como los libros, terminan de quedar escritos cuando un lector los leyó – en serio – y aprovechó, aprobó o refutó los dichos del editorialista.

Parafraseando: escribe que algo queda, si es que el lector lee y medita.

Y qué miseria intelectual la del director que no tiene nada que decir, porque no piensa nada, porque sólo piensa para su propio provecho, porque no ve en el lector a un colega, su semejante.

                          Horacio Martínez

                                  Emilio Bruzzo

 

Coda. Cuando el último lector ya no lea más (OWH), ¿sabe usted para qué servirá tanta vanidad?

Coda, en poesía es un conjunto de versos que se añaden como remate a un poema

Más coda… Pura coda (del ital = cola)

Tipos de editoriales

Explicativos: en los que no se deduce ninguna opinión directa.

De tesis u opinión: en los que se expresa claramente la opinión favorable o desfavorable.

Informativos: se dirige al conocimiento o la percepción

Interpretativos: introduce causas, efectos, futuro, conjeturas, etc.

Para convencer: se dispone en forma retórica, con argumentaciones y contraargumentaciones, para tratar de llegar al ánimo del lector.

De acción: en el se trata de poner en acción todos los resortes por los cuales se pueda mover la voluntad del lector. [Los preferidos de Universo Odontológico.]

 

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