julio 2015

          

EDITORIAL I

                   Hacer el bien

El clamor del que muere empieza en el almirez del boticario, va al pasacalles del barbero, paséase por el tableteado de los guantes del dotor y acábase en las campanas de la iglesia. Quevedo

El dentista tiene el deber de  promover el bienestar del paciente” (American Dental Association, Código de Ética, capítulo “beneficencia”). Deber profesional de actuar en beneficio de los demás, de beneficiarlos. A pesar de los barberos de Quevedo.

“Beneficiar”. Nada que ver con caridad que es la connotación que “beneficencia” evoca de entrada en nuestras mentes. Beneficiar quiere decir “hacer bien” literal y etimológicamente[Juglar de las palabras. Lanzarlas al aire y verlas c.aer con ropaje tan distinto según el que las recoge y hasta según su estado de ánimo.]

(Maleficencia no tiene su verbo “maleficiar”, que  sería hacer el mal, que da para otro editorial.)

¿Hacer el bien sin mirar a quien?* El dentista no sólo debe mirar a quien, sino además preguntarle a ese quien cuál es el bien que quiere. Se ha de proceder dentro de los límites de las circunstancias clínicas de cada caso, recordando que tratamos con personas, no maniquíes, no ratitas de laboratorio. Y sin diferenciar según los honorarios o el ámbito, hospital, clínica, empresa, consultorio personal.

Cada cual tiene sus motivos para haber elegido odontología. Aun con esa diversidad de razones, todos sienten un toque de felicidad cuando alivian a éste o embellecen a aquélla o calman y conquistan al niño temeroso. Eso es hacer el bien. Ése es nuestro objetivo, como todos sabemos. Es la manera de hacernos a nosotros mismos un bien. Es como el placer que se disfruta al dar placer a la persona amada.

Y, como decía mi abuela indígena, en su lengua autóctona, “de paso cañamazo”**… méritos para el mercadeo y rublos para la cartera.

                                                   Horacio Martínez

*Un párrafo de Mario Vargas Llosa, publicado en la nación, ilustra maneras inauditas de hacer el bien: ¿Sabía usted que los murciélagos que salen a cazar en la noche regresan a la gruta con la boca llena de un sangriento alimento para dar de comer a sus congéneres incapaces de valerse por sí mismos? Ahora bien, pregúntese usted, después de enterarse de este hecho objetivo, si semejante conducta de esos roedores volantes, silentes y ciegos podría llamarse "conciencia" o "piedad" y ser, por lo tanto, algo equivalente a lo que hace, en Las viñas de la ira, de John Steinbeck, ese personaje apodado Rose of Sharon que amamanta con la leche para su hijo (que nació muerto) a un anciano agonizante.

**Mi abuela decía cañamazo, no cañazo, y no voy a discutirle a mi abuela, y menos siendo  que está contando raíces de lirios desde abajo.

Nota a la nota.- La frase quiere decir que alguien aprovecha una circunstancia para obtener un beneficio extra. El término cañazo, alude a los castigos con una caña que se dan a las bestias de tiro, pero me parece mejor que se refiera a tomarse una caña.  Y aquí la tienen.  Invita la casahttps://dalelikealperu.files.wordpress.com/2014/11/cac3b1azo.png

 

 

 

 

Beneficencia

Beneficencia es parte de un trabajo sobre Bioética en medicina, de la Dra. Clara Magdalena Martínez Hernández aplicable universalmente que aparecerá en agosto.

Beneficencia tiene entre sus acepciones la realización activa del bien y la protección de los intereses del enfermo. La beneficencia implica tres conceptos: el de procurar los mejores intereses para el paciente como tal y como lo entiende la medicina, la definición del bien como abstracción y la advertencia de prevenir el mal innecesario. La ciencia sin conciencia puede ser quizás más peligrosa que la conciencia sin ciencia. La posesión de las dos, sin duda, hará del médico el profesional ideal, el verdadero médico virtuoso. El fin moral último del principio de beneficencia será promocionar los mejores intereses del paciente desde la perspectiva de la medicina. Esos intereses no son otros que su vida, su salud y su felicidad. El beneficio positivo que el médico está obligado a alcanzar es curar la enfermedad y evitar el daño cuando haya esperanza razonable de recuperación. Al médico, en principio, le está vedado hacer daño a no ser que éste sea la vía para llegar a la curación. La beneficencia se refiere a la obligación ética de aumentar al máximo los beneficios y reducir al mínimo los daños y perjuicios, es decir que los riesgos de la investigación deben ser razonables teniendo en cuenta los beneficios esperados.24

Aunque un acto no beneficie, puede ser éticamente positivo en la medida que evite dañar. Desde los escritos hipocráticos, ha sido precepto fundamental del médico el ayudar o al menos no dañar. Quien solicita o recibe un beneficio sabe cuanto significa para él, sólo quien sufre un daño puede acusar la gravedad de lo acaecido. Consecuentemente, es el afectado por la beneficencia o no maleficencia quien debe autónomamente decidir sobre la conveniencia y oportunidad de actos que atañen principalmente sus intereses. Bajo el mismo criterio, le corresponde también evaluar si la omisión o la negativa a ejecutar un acto tienen consecuencias tolerables o un riesgo sustentable.

Es imprescindible la capacidad que posea un médico para evitar incurrir en un error médico, ya sea al realizar una conclusión diagnóstica o al emitir indicaciones terapéuticas no correspondientes con la afección verdadera que padece el enfermo.

 

 

 

 

”SUBEDITORIAL”

Donde decimos lo que ocultamos

Sí, ocultamos. Siempre que podemos, ocultamos marcas, fabricantes y demás detalles comerciales que no son para nada imprescindibles cuando se está transcribiendo artículos destinados a orientar al lector de U.O, lo cual nos ayuda a mantenernos impolutos y a dar seguridad a nuestros seguidores de que no estamos introduciendo chivos en este campito nuestro, gratis y no vendido al mejor postor publicitario.

En un interesante artículo sobre uso del láser en boca, señalamos la posibilidad (a quien tenga la posibilidad) y no señalamos la marca, ¿estamos?

 


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