julio 2011

¿Que se vayan todos?

 

A veces, cuando leo inconducentes aunque sesudos trabajos de investigación, de esos en que colaboran de buen ánimo ratas y perros, concuerdo en que los fondos invertidos en esos estudios deben encarar ciencias básicas, sí, pero no vendría mal un cierto afán puesto en hallar soluciones para los grandes males que afectan la boca de prácticamente toda la humanidad

Por ejemplo, en el mundo científico, se está enfocando mejor la mirada sobre la placa dental, ya señalada por Pierre Fauchard.* Esta película que recubre nuestros dientes viene evolucionando con nosotros desde tiempos inmemoriales y, mes a mes, se multiplican merecidamente las investigaciones. [Varias de ellas han sido incluidas también este mes en  esencias]. Esa prolongada convivencia, por una ley natural, se debe a un mutuo aporte entre placa y huésped.

El biofilm llamado placa dental conforma una comunidad de muy  diversos microorganismos que no todos son enemigos de los dientes.  Entonces, no es cuestión de que se vayan todos. Cuando se encuentra en equilibrio la totalidad de los gérmenes, son capaces de proteger los tejidos dentarios de las caries, así como de proteger los tejidos blandos de inflamaciones como la periodontal, e impiden, hasta cierto punto, la intromisión de los microbios capaces de causar daños.

Nuestros investigadores debieran prestar más atención a la biopelícula dentaria y preguntarse, por ejemplo, si es prudente emplear recursos para que se vaya la mayor parte de los microorganismos o si no habría que buscar una forma de armonía que refuerce la presencia de las bacterias que coexisten favorablemente con nuestros tejidos duros y blandos.

Está emergiendo este criterio, observable desde el mismo nacimiento de un bebé por cesárea. Hoy suele reconocerse la utilidad de hacer un hisopo en su boca con gérmenes recogidos del conducto natal. Siendo así, quizá convendría que la búsqueda científica mirara si es acertado o loco el intento de desinfección de la flora normal mediante pastas dentífricas, colutorios antimicrobianos o con alcohol.

Un editorial de Derek Richards y otros sugiere que miremos al granjero orgánico que, a través de la mejora de los suelos, procura una mejor cosecha, sin necesidad de pesticidas químicos. Desde los primeros pasos que dio el buen Pierre, cuando señaló algunas causas reales de caries, en vez de la muy en boga teoría del gusano babilónico, quizá avancemos unos cuantos más si buscamos la manera de proteger la flora bucal inodora, provechosa y amigable y de hacer extremadamente difícil que se generen condiciones degenerativas desfavorables desde la placa.

Según los autores mencionados, el camino hacia un biofilm dentario homeostático pasa, uno, por tener presente que una placa muy fina o atrófica conduce a sensibilidad dentinaria o ulceraciones bucales o ambas; mientras que una placa demasiado gruesa, de respiración anaeróbica, produce concentraciones de pH bajo en la interfaz o un estrés oxidativo  de la membrana de los tejidos blandos. Dos, la acciones químicas predominantes alteradas y sus consecuencias perniciosas debieran ser llevadas a un punto neutro mediante agentes terapéuticos que enriquezcan el “suelo” y mejoren la “cosecha” de dientes sanos.

También se podría volver a los tiempos medievales en que, dice el arqueólogo Trevor Anderson,  había algo más contundente que  “líquidos para blanquear dientes, métodos para eliminar placa y sarro…” y otras minucias. [Ver históricas]

Dicho sea todo sin ánimo de polemizar con los defensores ultras de la investigación básica.

                                                                                  Horacio Martínez

*Éste no es el Año Fauchard por mera coincidencia de fechas. Pruebas al canto. Del Cap. IV (ed 1746), traduzco: Las confituras, las grageas y todos los alimentos azucarados no es poco lo que contribuyen a la destrucción de los dientes; por el jugo pegajoso que proviene de ellos que se insinúa entre las encías y el cuello contra los dientes, y del azúcar proviene un ácido penetrante y corrosivo, tal como lo hizo conocer el análisis químico, que causa tarde o temprano la debacle. […] Quienes aman los dulces y los consumen con frecuencia, rara vez tienen dientes hermosos o son de apenas mediana calidad.

Mucho mejor que “…esas frases sentenciosas en las que caen inevitablemente algunas vez… o esos oscurantismos mentirosos que disimulan la indigencia de ideas y su vanidad.” Mario Vargas Llosa se refiere a ineptos críticos y yo a editoriales pretenciosos y hueros que frecuentan las páginas de nuestras revistas.

 

 

 

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