febrero 2012

Febrero, mes del ocio ¿útil?

 

 El modo más provechoso de emplear el ocio es haciendo algo que beneficie a nuestros iguales: actuando en política, con lo que se elaboran leyes y se trabaja para una pequeña comunidad; contemplando la naturaleza y haciendo indagaciones sobre ella, con lo que se logrará descubrir leyes científicas que aprovecharán a la ciudadanía universal. Séneca: De otio

 

El ocio, Catulo, te es molesto:

el ocio crea en ti demasiados

arrebatos de excitación,

el ocio, antes que a ti,

perdió a reyes

y a ciudades felices.

Catulli Carmina

 

Febrero. Llegó el ocio, váyase el negocio.. A vivir, no a trabajar y menos aún a filosofar.

Allá queda el consultorio, acá se nos viene la playa, la montaña, o Europa o USA para los menos. Vamos a vivir, no a trabajar y menos aún a filosofar.

Panza arriba, dejo que el sol me caliente y me tuesto vuelta y vuelta. Eso es vida. Eso es descanso de la turbina y el composite y el plan enrevesado.

Sólo me faltaría dejar el seso (con s, no con x) dormido en el sillón dental y no filosofar por todo un mes. Nada de negocio, puro ocio.

Pero es más fuerte que yo.

Y recuerdo, de lo poco que estudié de latín, que otium  se opone a trabajo, el nec otium. "no ocio."  En inglés, leisure, en francés, loisir, a menudo significaron oportunidad u ocasión. Hoy hasta existen publicaciones al caso, como  Leisure Studies y Journal of Leisure Research. Fuera el trabajo serio, en febrerio (o enerio), en este hemisferio.

Desde la Bíblia, y el calefón, el trabajo es castigo, lo  opuesto al paraíso y su feliz ocio, ocio origen de todos los males, engendrador de vicios. Nos queda de recuerdo de la visa adánica o edénica un regresito anual o semestral al primigenio vergel .

Para los escolastas del siglo XIII, fue una de  las ociosas variedades: la de reparación del esfuerzo físico (de la pinza exodóncica); seguida por la del deleite o distracción, para alivio del estrés del consultorio; junto con la dedicada a las artes –  para renovar nuestro criterio artístico –  completando los ocios con el fértil, el que cosecha los frutos de la contemplación (de bronceados ellos y ellas), y, redondeando orondamente, la simple y vulgar fiaca o pereza.

Hay, entonces, un ocio, que no pueden disfrutar los “parados” ni los indigentes, que se identifica con el descanso y las distracciones difuminadoras del no ocio, que se presume agotador.

Reconozco: es más fuerte que yo pensar, aunque sea considerado delito, aunque medite pavadas, como pensar si hay que pensar o no. En las horas libres de ganarnos el pan con el sudor de la frente (del paciente), elucubrar si debemos – como quería Cicerón – dedicar el ocio a investigar y a enseñar, o a estudiar y cultivarnos.

Porque las "vacaciones," del  latín vacare, fueron en griego scholázein (no escolazo), que da escolástica,   escuela de pensamiento, que requiere vacar "estar libre," dejar el no ocio y entrar en el ocio útil (¿útil?) de pensar.

Quizás usted, amigo lector, como Séneca, prefiera el ocio activo frente al ocio inactivo: El ocio sin letras es muerte y sepultura del hombre vivo.  ¿Será por eso que tanta gente retoma los libros (best-sellers, claro) durante las vacaciones? [Algunos títulos sugeridos, en libro del mes] El buen ocio es el de la vida contemplativa, dice el cordobés filósofo.

Para otro ibérico, el marqués de Santillana, sería ocio simplemente dejar de trabajar o de hacer cualquier actividad, mientras que Góngora lo veía como diversión u ocupación reposada, un descanso de lo considerado como “negocio.”

Como subrayé en enero, no hay deber que subestimemos tanto como el deber de ser felices, según Robert Louis Stvenson, felicidad que se rebusca donde mejor le parece a cada uno e importa un rábano que Aristóteles para el ocio privilegiara la vida filosófica, como la forma más elevada de búsqueda de la felicidad.

Leon Battista Alberti (1404 - 1472) , como sacerdote que fue, identificó el ocio intelectual como honestísimo, frente al ocio inactivo que siempre fue nido y cueva de los vicios (...) Del ocio nace la lascivia, de la lascivia nace el desprecio de las leyes; de no obedecer las leyes sigue la ruina y el exterminio de las tierras. Petrarca alabó el ocio positivo,  ocasión para el estudio y la reflexión, al que opuso el ocio negativo u ociosidad, que identificó con la pereza.

Y hablando de pereza… Me voy a echar una siestita y dejo para marzo, quizá, la “moraleja” editorial.

O sáquela usted mismo… si tiene ganas de filosofar.

                                                           Dr. Horacio Martínez

 

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