La falacia del éxito

It is perfectly obvious that in any decent occupation (such as bricklaying or writing books) there are only two ways (in a special sense) of succeeding. One is by doing very good work, the other is by cheating. G. K. Chesterton: Essays (sel by J. Guest)

Está pasando un poco el furor de los libros de “autoayuda,” que ya no son como el precursor Cómo ganar amigos, sino que apuntan todos a cómo ganar dinero, cómo tener éxito sin esmero, cómo adelgazar sin dejar de comer, cómo volar sin tener alas. Hubo siempre gente dispuesta a poner grandes energías en no esforzarse. Como los estafadores, que podrían ser genios de la ciencia, de las invenciones, casi de cuanto se propusieran, si pusieran sus ingeniosos bríos en tener éxito “haciendo un buen trabajo” en vez de “haciendo trampa.”

Al frente de nuestras organizaciones odontológicas hay buena gente, hombres capaces que podrían haber ganado decentemente sus cargos, si la misma voluntad  puesta en pisar cabezas, en corromper y comprometer subordinados (empleados pagados por todos los socios), en esconder padrones, en presionar avisadores, amigos, colegas, alumnos, la hubieran puesto en tener éxito “haciendo un buen trabajo.” Quizá son los mismos que se quejan de que el gobierno nacional, o el provincial, o el municipal, “hacen trampa” tergiversando y retorciendo constituciones y reglamentos con tal de perpetuarse ellos, o sus esposas, o sus descendientes, o sus acólitos.

Son ganadores. Han tenido éxito. Han usado a sus asociados como escalones al éxito, han abusado de su personal para llegar, han usado artimañas en vez de arte. Son ganadores. En estos tiempos en que el éxito se mide por la varita de transformar implantes de titanio en oro, por ejemplo, o en ganar presidencias lamiendo culos (sí, cada tanto, cuando cae justa, cabe una “mala” palabra). Son ganadores.

Los demás somos perdedores. Pensamos en el bienestar ajeno, no solamente en el propio. Preferimos tener éxito “haciendo un buen trabajo,” o no tenerlo, pero sin usar el confesionario como pobre refugio de quienes no recuerdan que Dios lee sus almas, en vez de escuchar sus falsos arrepentimientos; o que el Día del Perdón necesitan más pedirlo que concederlo. Así perdemos posiciones, perdemos elecciones, osamos rebelarnos contra la injusticia, que sigue entronizada, nos refugiamos en artículos editoriales para gritar las verdades que no escuchan (aunque las oyen) y aportamos nuestra pequeña cuota de buenas intenciones y una buena palabra. Y también procuramos que no falte la invitación a la risa, que según recientes estudios es neurológicamente contagiosa.

De todos modos, somos perdedores.

Perdedores... ¡gracias a Dios!

¿Arrepentidos? Jahvé no lo quiera y Allah lo comprenda.

Dr. Horacio Martínez             Dr. Emilio Bruzzo

Es perfectamente obvio que en cualquier ocupación decente (como apilar ladrillos o escribir libros hay sólo dos maneras (en un sentido especial) de tener éxito. una es hacer un muy buen trabajo, la otra es trampear. G. K. Chesterton: Ensayos

   

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