¿De qué especialidad me hablan?)

Como memo sin remedio, insisto con temas intocables, como el preguntarme de qué especialidad me hablan. Se me ocurre que hay quienes olvidan que la odontología es una especialidad de las ciencias médicas y se me hace cuento que alguna vez haya existido una matrioshka dentro de la matrioshka, como las muñequitas rusas.

Bueno, tampoco nos creamos los inventores de la rueda, como que casi nos endilgan traumatólogos de la mano, pero de la izquierda o de la derecha.

Cuando nos dieron el título de doctores en odontología (dentistas, bah), nos habilitaron para ejercer todo cuanto se nos había enseñado en las distintas cátedras; por caso, cirugía dentomaxilar, endodoncia, odontopediatría. Es más, recuerdo que en mi paso junto a maestros de la odontología para niños, en las cátedras y en los cursos de las organizaciones profesionales, se decía que el objetivo no era formar unos pocos especialistas, sino propender a que todo odontólogo atendiera bien a los niños.

Hoy, cuando en vez de escuelas de mejoramiento profesional veo cursos de especialización de alguna universidad, la duda me carcome el pecho. Los grandes profesores que tuvimos otrora buscaban el mejoramiento profesional. Hoy los dictantes buscan el renombre y el título de especialistas que los habilite para mejores aranceles en la obra social o prepaga.

La verdad es que no sé qué le queda al OG si no puede hacer un conducto, si no puede extraer un tercero, si debe derivar un niño o no puede colocar un implante. ¿Le permite, Señor Decano, colocar una amalgama de una sola superficie? Quizá puede hacer un composite de Clase V sin especializarse. Porque las prótesis fijas las tiene que hacer el prostatólogo – perdón, quise decir, el prostodontólogo, o especialista en “próstise” – y las completas y removibles el completólogo.

Me pregunto – en mi condición de pánfilo, claro – si no le estará pasando a mi profesión, que aprendí a hacer con cariño, como a mi país y mi ciudad (argentino hasta la muerte, y estúpido también) donde cada vez es más cerrado el acceso a la política (gobierno del pueblo) y cada vez son más incapaces y soberbios los que gobiernan país, ciudad y organizaciones.

¿No se siente, colega, un poco así cuando lo quieren convencer de que sólo puede hacer endodoncia el especialista en cuarto conducto o un puente ceramometálico de más de tres piezas el especialista en CAD/CAM? ¿O que para entender por qué puede haber trismo consecutivo a una local haya que ser bioquímico? [ver terapéutica sobre esto de la anestesia.]

¡Ah, si Maisto, Carranza o Saizar revivieran!… Seguro que querrían volver a morir si se viesen tan desvirtuados. También los haría revolverse en su morada final la visión de Su revista sin artículos científicos de los capitostes propietarios de la AAO.

Por lo menos, así lo veo yo, memo, estólido, pánfilo, estúpido, lerdo, tardo, y más, hasta la muerte… pero nacido en Buenos Aires… hace mucho, mucho, cuando todavía creíamos en los pajaritos de colores y en la honestidad de los dirigentes.

                Dr. Horacio Martínez

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Diseminación de la ciencia

No solamente por casa se cuecen habas, que el resto del mundo no se queda atrás cuando de money, money, money se trata, y si no que lo digan o el más grande estafador de todos los tiempos, yanqui de ascendencia rusa, o miembros coimeros de alguna realeza europea.

Publicamos en julio algunas directivas para llegar sanos de boca y cuerpo (¿y de mente no?) al 2020, emitidas por consenso por las mentes más brillantes del universo odontológico (¡me suena!). Entre otras sugerencias a los gobiernos de todo el mundo y a las organizaciones profesionales figuraba que “deben apoyar la diseminación internacional de los hallazgos científicos” y los clínicos y las revisiones basadas sobre evidencia  destinados a prevenir las enfermedades y a promover la salud.

Repito. Objetivo: diseminar.

Ahora bien, la consulta de un artículo, de un solo artículo, escuche bien, le puede costar alrededor de 30 dólares, si usted no está enganchado en algún cargo de una organización profesional o gubernamental. Sí, eso mismo que acaba de leer ¿Eso es diseminación de la ciencia? Es más barato, por unidad, si usted se dirige a un buen servicio de Biblioteca como el de la AOA; pero si pretende leer el texto completo de varios trabajos científicos empiece a multiplicar y verá qué poderoso caballero es Don Dinero, que ni siquiera acata o respeta los objetivos de las máximas organizaciones odontológicas internacionales [tales como Intnl Assn for Dental Research, European Assn of Dental Public Health, British Assn for the Study of Community Dentistry y World Health Organization(WHO)], que emitieron la llamada Declaración de Liverpool

Y no estoy hablando de las revistas locales, sino de las grandes publicaciones norteamericanas y europeas, en manos de editores que se ciscan en la declaración citada [Ver nota al editorial de junio] e imponen su criterio crematístico por sobre la salud de los habitantes de los países emergentes, que no disponen de tanta moneda fuerte (salvo los empleados de OS y clínicas, que nadan en opíparos sueldos).

La verdad, dígame, lector amigo, ¿no cree usted que soy un reverendo estúpido cuando clamo por justicia en el mundo globalizado presidido por Mamón y por la ineficiencia y por la insensatez?

Tiene razón, mi amigo, lo soy y lo seré hasta la muerte y no me importan los desaires con que me trate la gente. ¡Arre burro, coño sí! Y con el mazo dando, y a Dios rogando que nos libre de este maldito libre arbitrio, que invita a tantos al abuso.

                                                               H.M.

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