enero 2012

La felicidad del dentista

 

"Muchas veces me pregunto qué quieren los hombres y la respuesta es siempre la misma: no importa el credo ni el nivel cultural o económico. ¡Quieren ser felices! Pero ahora viene el gran problema ¿Qué significa ser feliz? O, dicho de otra manera, ¿en qué consiste la felicidad? Porque buscando la felicidad los hombres pueden desencadenar grandes desastres, que incluso pueden destruirlos. ¿Es que la felicidad no existe? ¿Es una ilusión, como tantas otras, de la mente humana?"

"La felicidad duradera [no la efímera, inmediata, de sólo los sentidos], la que nos llena de paz y de amor, empieza en nuestra mente y florece en nuestro corazón. Entonces el ego da un paso al costado y deja su lugar a una auténtica preocupación por el bienestar ajeno; a virtudes como la compasión, el amor, la convivencia, y a una sabiduría que reúne a los hombres en un gran abrazo fraterno."

"Cuando uno reconoce que todos los seres son iguales, tanto en su deseo de felicidad como en el derecho a obtenerla, automáticamente siente empatía y acercamiento hacia ellos." La felicidad que todos buscan y el sufrimiento que se trata de evitar son consecuencia de las propias acciones.”

                                    Dalai Lama

 

Creo que podría transformarme y vivir con los animales. ¡Son tan tranquilos y mesurados

Me complace observarlos largamente.

No se afanan ni se quejan de su suerte.

No se despiertan en la noche con el remordimiento de sus culpas.

No me aburren discutiendo sus deberes para con Dios.

Ninguno está descontento, a ninguno enloquece la manía de poseer cosas.

Ninguno venera a los otros, ni a su especie, que lleva miles de años de existencia.

Ninguno es respetable ni desgraciado en toda la ancha tierra.

                                  Walt Whitman

 

 

En un mundo en el cual se calcula que para el año 2020 la depresión será la segunda causa de discapacidad, la búsqueda del santo grial de la felicidad se volvió una carrera obsesiva, decía una nota periodística reciente. Quizá no sea necesario correr tanto y el pájaro azul de la felicidad esté en casa.

Este 2012, bisiesto, es propicio para pensar en la felicidad del dentista, un ser humano como tantos, que disfruta momentos de felicidad , como los que se le dan en el consultorio cuando un niño por primera vez se despide con un beso o cuando una mujer sonríe al contemplar el trabajo estético en un espejo. Momentos de felicidad, válidos, efímeros, que se han de gozar mientras están ahí. ¿Y?

¿Existe la FELICIDAD, con mayúsculas? ¿Hay un estado o hay nada más que momentos de felicidad?  Colón creyó en el Nuevo Mundo, sin certeza previa de su existencia, y llegó a él. Así debiera ser el deseo de alcanzar la felicidad sin una brújula cierta, y el derecho de lograrla, pero…

Los animales son felices siempre que tienen salud y comida suficientes. Parece que a los seres humanos debiera ocurrirles lo propio; pero en el mundo moderno no es así, por lo menos en la mayor parte de los casos. Esto dice Bertrand Russell al comienzo de su “conquista de la felicidad,” pero…

Si así es, para ser feliz le bastará al hombre sumar a eso un techo  y cuatro paredes y restar todas las desgracias particulares que pueden sobrevenir.

Si así es, para no ser feliz bastará ignorar la sencilla y descansada vida y volcarse a lo pasajero, a ilusorias acumulaciones de bienes, honores o de poder. Todo esto para generar o mantener la imagen exigente de uno mismo ante la opinión del mundo, en vez de la más simple y feliz de ser como uno sabe que debiera ser en el espejo del alma o de la conciencia.

Esta infelicidad cotidiana en un mundo consumista la padecen los dentistas como casi toda la gente. Esta infelicidad nace de conceptos del mundo erróneos, éticas erróneas, hábitos de vida erróneos, que conducen a la destrucción de ese entusiasmo natural, ese apetito de cosas posibles del que depende toda felicidad. Son cuestiones que están al alcance del individuo,

 La felicidad basada en el trabajo en el consultorio, por ejemplo, es una forma accesible de encontrar placer sobre todo a nivel íntimo, mientras no se pretenda el aplauso de los demás y no se enfoque desde la trampa y la ambición material. La recomendación es hacer las cosas bien por el simple placer de hacerlas bien; lo mismo al comer, conversar, estudiar, practicar  deportes o amar. Es preventivo del aburrimiento –  que es fuente de infelicidad –  y nos permite saborear mejor los periodos de descanso. [Del ocio me ocuparé en febrero.]

Otra fuente de felicidad personal (para algunos, la mayor), es el querer y ser querido por el simple hecho de amar, porque sí, de manera espontánea, sin otro beneficio que empañaría la grata sensación de ser feliz. La sensación de no ser querido es una de las causas principales de inseguridad y, por tanto, de infelicidad.  Nada produce tanta satisfacción como un interés general por la vida misma.

El cariño de un padre a su hijo y viceversa constituye uno de los motivos mayores para ser feliz. No se puede negar que el cariño de los padres a sus hijos quizás sea el más fiel y solidario de todos. A los amigos se los quiere por sus cualidades y a los amores por sus atractivos, pero cuando dichas cualidades y encantos disminuyen, la amistad y el amor podrían desvanecerse.

Hacen un valioso aporte los intereses extralaborales para las horas de ocio –  lectura, deportes, teatro, música, artes plásticas, hobbies, etc. – que amenizan el reposo y dan otro color a la vida. Spinoza afirmó: Quien haya comprendido, aunque sea temporal y pasajeramente, lo que constituye la grandeza del alma, no puede ser feliz preocupándose egoístamente por cosas triviales y temeroso de lo que el destino le reserve.

Mucha gente infeliz atribuye su desgracia a factores externos o intelectuales, cuando gran proporción de ella depende de la actitud que uno adopte ante los problemas. Hasta la pérdida de una pierna, decía Sartre, puede ser tanto un estímulo positivo como causa negativa de depresión irremediable. Las cosas indispensables para la mayor parte de los hombres son sencillas: casa, comida, salud,  amor,  trabajo y el respeto a y de los suyos

                                                                        Horacio Martínez

[Ni recetas para la felicidad, ni autoayudas, ni moralinas, sólo un poco del menos común de los sentidos: el sentido común.]

Más sobre el tema en gremiales, digresiones, libro del mes, históricas, misceláneas

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