Sobre la leve inmortalidad de las encuestas…           

Matar las encuestas es algo así como matar al mensajero portador de malas noticias. En la Argentina, quizá por deficiencias de presupuesto, no andan muy bien de salud. Hasta quizá muchos gobernantes hubieran preferido que no existieran, porque de ahí salen los índices de pobreza, de miseria, de costo de vida y otras malas noticias. En los EE.UU., se las ve robustas y prolíficas, dato interesante en un país que no se destaca por desperdiciar el dinero (Irak y vidas aparte). A sus industriales no les caen en gracia, pues los artículos de supuesta investigación, tantas veces interesadamente orientados, se ven desvirtuados por los números. ¿Será que tienen alguna utilidad?

Las asociaciones dentales de casi todo el mundo (no las argentinas, dedicadas al propio ombligo) preguntan a sus dentistas si usan el dique de goma, si prefieren amalgama o composite en Clase II, qué obturación radicular prefieren y qué técnica, etc. Ésta es la realidad de los consultorios, el reflejo de las consecuencias con cada material o técnica o dispositivo. Los trabajos clínicos que pretenden apoyar un método u otro presentan a lo sumo cien casos. Las encuestas pueden dar la imagen de lo sucedido en miles de casos. Cuando el moderador de un foro en la Red se dirige a sus varios miles de integrantes para pedirles su aporte honesto de datos, está brindando una contribución mayor a la ciencia que constituye nuestra vocación.

Abundan los trabajos científicos que respaldan el uso de una droga y obtienen la aprobación de la FDA. Sin embargo, este órgano de control norteamericano está abierto a una encuesta permanente sobre los efectos del fármaco en la práctica. Y da marcha atrás cuando se prueba numéricamente el error, como ocurrió hace poco con un muy promovido antiinflamatorio.¿No es evidente la utilidad? ¿No es evidente que cuantos más encuestados respondan mejor para la salud bucal?

Cualquiera que sea el tema de una encuesta, ¿qué buena razón hay para oponerse? Si el producto de las propias simpatías es eficaz, seguramente lo será para la mayoría de los encuestados. Si no, no. Así de sencillo. Ningún motivo para la oposición a priori.

                           

                  Dr. Horacio Martínez     

                       Dr. Emilio Bruzzo

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