El silencio de los inocentes argentinos                         20-08-01

                                                       

      Silencio, sin duda. Inocentes, ¿quién sabe? Por cierto, somos millones los callados. Si callamos, ¿somos inocentes? Si no tenemos cómo expresarnos, ¿somos culpables?

A los argentinos nos pasan cosas que no nos gustan y no tenemos cómo rebelarnos. El silencio no sirve, pero los que pueden expresarse no nos representan. Políticos, periodistas, gremialistas y aun encuestadores no transmiten lo que pensamos, aquéllos porque tienen una urna en el lugar de la cabeza; los periodistas porque no opinan salvo en los editoriales, opinión comprensiblemente personal o sectorial, y los gremialistas porque no tienen ni idea de qué pensamos o si queremos huelga: millones de argentinos estamos cansados de huelgas que no nos representan y que fracasarían por falta de apoyo si no fuera por que paran el transporte. De odontólogos gremialistas, imposible hablar: no existen. O pruébenme lo contrario con sus acciones.

Un ejemplo práctico. Va a haber elecciones, los políticos y su circunstancia piensan sólo eso y se engañan a sí mismos suponiendo que nos importa: la voluntad mayoritaria sería no votar por falta de opciones. Ningún político satisface, ninguno ofrece una propuesta nacional y humanista, no gustan las sábanas que agravan ese defecto, no gusta hoy ningún partido político. Cuando huibo elecciones odontológicas, no le interesaron a nadie que no frecuentara la institución correspondiente.

La respuesta no está en los extremos porque los argentinos no somos extremistas, y tampoco en los liberales porque no son liberales auténticos, ni en los radicales porque son una bolsa de gatos con la sola idea de ganar el poder para no saber qué hacer con él, ni en los peronistas que preguntan de qué se trata para oponerse, ni en algunas figuras recientes que están en contra (merecida) de unas cuantas cuestiones que en efecto no gustan pero no se sabe en favor de qué están. Los sindicalistas sólo tienen evidentes egoísmos e intereses personales. Ni el voto en blanco satisface, pero es la única forma de expresarme que están dejando, porque el voto es obligatorio; si no, no votaríamos. Apuesto a que si las elecciones nacionales fueran optativas, un ciudadano de cada dos no se molestaría en votar y el otro votaría por hábito, por falta de imaginación o por conveniencia. Ya se vio con elkecciones optativas en instituciones odontológicas.

Soluciones.  Cartas de lectores–bienvenidas, pero insuficientes- dan espacio para no más de diez voces diarias. Para que los inocentes odontólogos argentinos no sigan callados, una sección dedicada a ellos podría cumplir la función de vocero siempre y cuando recibiera muchísimas cartas. Dos premisas indispensables son, una, que los odontólogos recuperen la voz, que abandonen la resignación, la apatía o aun la bronca aplastada bajo presión externa y propia, y, dos, que se expresen.                                                               Horacio Martínez